Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 19 de diciembre de 2016

20 de noviembre / 2016




Jorge Luis Borges: “Yo empecé, como la mayoría de jóvenes, creyendo que el verso libre era más fácil que las formas sujetas a reglas. Hoy estoy casi seguro de que es mucho más difícil que las formas medidas y clásicas”.

OuLiPo

Llamamos literatura potencial a la búsqueda de formas y estructuras que podrán ser utilizadas por los escritores
como mejor les parezca.
(Raymond Queneau)

“...qué somos, qué es cada uno de nosotros sino una combinatoria de experiencias, de informaciones de lecturas, de imaginaciones? Cada vida es una enciclopedia, una biblioteca, un muestrario de estilos donde todo se puede mezclar continuamente y reordenar de todas las formas posibles.”

(Italo Calvino)






Marcel Bénamou, secretario “definitivamente provisional” del grupo desde 1971, intenta explicar qué es el OuLiPo a los neófitos. “Una definición atribuida a Raymond Queneau nos asimilaba a ratas que construyen los laberintos de los que se proponen salir. Compararnos con ratas puede parecer injurioso, porque ese roedor no tiene buena prensa en la cultura occidental: destruye las cosechas y propaga epidemias. Y estarán de acuerdo en que nada se parece menos a un oulipiano…”, dice suscitando carcajadas.

“Queneau, que formó parte del grupo surrealista, quedó traumatizado por el autoritarismo de Breton. Nosotros funcionamos de la manera contraria: nadie puede ser expulsado y nadie puede marcharse”, aclara el actual presidente del OuLiPo, Paul Fournel. La única manera de dimitir es “suicidarse ante notario”. “Y uno puede negarse a entrar en el grupo, pero ha sucedido pocas veces. El caso más conocido es el de Julio Cortázar. Sus amigos le dijeron que no éramos lo suficientemente próximos al Partido Comunista”





Georges Perec / Notas breves sobre el arte y el modo de ordenar libros
Toda biblioteca* responde a una doble necesidad, que a menudo es también una doble manía; la de conservar ciertas cosas (libros) y la de ordenarlas según ciertos modos.

Un amigo mío concibió un día el proyecto de limitar su biblioteca a 361 obras. La idea era la siguiente: tras alcanzar, a partir de cierta cantidad n de obras, por adición o sustracción, el número K = 361, que presuntamente correspondería a una biblioteca, si no ideal, al menos suficiente, obligarse a no adquirir de modo duradero una nueva obra X, sino tras haber eliminado (por donación, eliminación, venta o cualquier otro medio apropiado) una antigua obra Z, de modo que el número total de obras K permanezca constante e igual a 361:

K + X > 361 > K – Z

*Denomino biblioteca a un conjunto de libros reunido por un lector no profesional para su placer y uso cotidianos. Ello excluye las colecciones de bibliófilos y las encuadernaciones por metro, pero también la mayoría de las bibliotecas especializadas (las universidades por ejemplo), cuyos problemas particulares se parecen a los de las bibliotecas públicas.

La evolución de este seductor proyecto tropezó con obstáculos previsibles para los cuales se hallaron soluciones del caso: ante todo se consideró que un volumen –digamos de La Pléiade– valía por un (1) libro aunque tuviera tres (3) novelas (o compilaciones de poemas, ensayos, etcétera); de ello se dedujo que tres (3) o cuatro (4) o n (n) novelas del mismo autor valían (implícitamente) por un (1) volumen de dicho autor, como fragmentos aún no compilados pero ineluctablemente compilables de sus Obras completas. A partir de eso se consideró que tal novela recientemente adquirida de tal novelista de lengua inglesa de la segunda mitad del siglo XIX no se computaría lógicamente como una nueva obra X sino como una obra Z perteneciente a una serie en vías de constitución: el conjunto T de todas las novelas escritas por dicho novelista (¡y vaya si las hay!). Ello no alteraba en nada el proyecto inicial: simplemente, en vez de hablar de 361 obras, se decidió que la biblioteca suficiente se debía componer idealmente de 361 autores, ya hubieran escrito un pequeño opúsculo o páginas como para llenar un camión. Esta modificación resultó ser eficaz durante varios años: pero pronto se reveló que ciertas obras –por ejemplo, las novelas de caballerías– no tenía autor o tenían varios, y que ciertos autores –por ejemplo los dadaístas– no se podían aislar unos de otros sin perder automáticamente del ochenta al ochenta y seis por ciento de aquello que les confería interés: se llegó así a la idea de una biblioteca limitada a 361 temas –el término es vago, pero los grupos que abarca también lo son, en ocasiones– y este límite ha funcionado rigurosamente hasta hoy.

Por ende, uno de los principales problemas que encuentra el hombre que conserva los libros que leyó o se promete leer un día es el crecimiento de su biblioteca… (…)


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Una de Durkheim: «Sólo un sujeto que incluya a todos los sujetos individuales sería capaz de abarcar semejante objeto [la sociedad como totalidad]»


ELOTRO

Tomar anfetaminas buscando la euforia química que dura lo que dura la llama de un fósforo (en la que uno se puede, sin embargo, quemar la cabeza).
(Piglia)



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