sábado, 17 de diciembre de 2016

19 de noviembre / 2016




Párrafos de “Documentos de cultura, documentos de barbarie” de Fredric Jameson

“Como cuestión de crítica práctica, debe ser claro para todo el que haya experimentado con varios enfoques sobre un texto dado que el espíritu no queda contento mientras no ponga algún orden en esos hallazgos e invente una relación jerárquica entre sus diversas interpretaciones. Sospecho en realidad que hay sólo un número finito de posibilidades interpretativas en un situación textual dada, y
que el programa al que se apegan más apasionadamente las diversas ideologías contemporáneas del pluralismo es profundamente negativo: a saber, impedir esa articulación y totalización sistemáticas de los resultados interpretativos que no puede llevar sino a embarazosas preguntas sobre la relación entre ellos y en particular sobre el lugar de la historia y el fundamento último de la producción narrativa y textual.”
(pág. 27- cultura-barbarie/ Jameson)

“…la historia no es un texto, una narración, maestra o de otra especie, sino que, como causa ausente, nos es inaccesible salvo en forma textual, y que nuestro abordamiento de ella y de lo Real mismo pasa necesariamente por su previa textualización, su narrativización en el inconsciente político.”
(pág. 30- cultura-barbarie/ Jameson)

“Se encontrará un comentario de las consecuencias ideológicas de la «causalidad expresiva» en el periodo staliniano en Charles Bettelheim, Class struggles in the URSS, vol. II, trad. Brian Pearce (Nueva York: Monthly Review, 1978), especialmente pp. 500-566. Comentando «la afirmación hecha en Dialéctica y materialismo histórico [de Stalin] de que los cambios en la producción 'empiezan siempre con cambios y desarrollos de las fuerzas de producción, y en primer lugar, con cambios y desarrollos de los instrumentos de producción'», Bettelheim observa que tales formulaciones «hacen de la totalidad de las relaciones y prácticas sociales la 'expresión' de las 'fuerzas de producción'. La 'sociedad' se presenta aquí como una 'totalidad expresiva' que no es contradictoria, y cuyos cambios parecen depender del 'desarrollo de la producción'. El papel central que desempeña la lucha revolucionaria de las masas en el proceso de cambio social no aparece aquí» / Bettelheim, pp. 516, 514
(pág. 31- cultura-barbarie/ Jameson)





“¿es el texto un objeto que flota libremente por derecho propio, o «refleja» algún contexto o trasfondo, y en ese caso, es la simple réplica ideológica de este último, o posee alguna fuerza autónoma en la que podría mirársele también como negador de ese contexto? Sólo porque estamos todos tan irremediablemente encerrados en nuestras especializaciones disciplinarias nos resulta imposible ver la similaridad de estas cuestiones; y el lugar donde el marxismo ha de reafirmar su pretensión de ser una ciencia interdisciplinaria y universal se encuentra obviamente dentro de esta problemática particular.” 
(pág. 32- cultura-barbarie/ Jameson)

“Podemos, sin embargo, localizar la fuente de esta ambigüedad. Se la encuentra en un área que es estratégica para todo análisis literario o cultural, a saber en el concepto de mediación: o sea la relación entre los niveles o instancias, y la posibilidad de adaptar análisis y hallazgos de un nivel a otro. La mediación es el término dialéctico clásico para designar el establecimiento de relaciones entre, digamos, el análisis formal de una obra de arte y su base social, o entre la dinámica interna del estado político y su base económica. Debe entenderse desde el principio que el propio Althusser asimila el concepto de «mediación» a la causalidad expresiva en el sentido hegeliano; es decir que aprehende el proceso de la mediación exclusivamente como el establecimiento de identidades simbólicas entre varios niveles, como proceso por el cual cada nivel se repliega en el siguiente, perdiendo con ello su autonomía constitutiva y funcionando como expresión de sus homólogos. Así, el poder estatal se ve como mera expresión del sistema económico que lo subtiende, como también el aparato jurídico de una manera ligeramente diferente; la cultura se ve como expresión de las instancias política, jurídica y económica subyacentes, y así sucesivamente. Partiendo de este punto, el análisis de las mediaciones apunta a demostrar lo que no es evidente en la apariencia de las cosas, sino más bien en su realidad subyacente, a saber que en los lenguajes específicos de la cultura opera la misma esencia que en la organización de las relaciones de producción. Este ataque althusseriano contra la mediación es fundamental, en la medida en que sus blancos no se limitan ya a Hegel y a la tradición lukácsiana, sino que incluyen también a pensadores tales como Sartre o (más precavidamente) Gramsci.
Pero el concepto de mediación ha sido tradicionalmente la manera en que la filosofía dialéctica y el marxismo mismo han formulado su vocación de romper los compartimentos especializados de las disciplinas (burguesas) y establecer conexiones entre los fenómenos aparentemente dispares de la vida social en general.”
(pág. 33- cultura-barbarie/ Jameson)




“Estas posibilidades interpretativas explican por qué la práctica de la mediación es particularmente decisiva para toda crítica literaria o cultural que trate de evitar el amurallamiento en la clausura sin vientos de los formalismos…” (…) “Pero incluso si nuestra meta, como analistas literarios, es más bien demostrar las maneras en que el modernismo —lejos de ser un mero reflejo de la cosificación de la vida social a fines del siglo XIX— es también una rebeldía contra esa cosificación y un acto simbólico que implica toda una compensación utópica de la creciente deshumanización en el nivel de la vida cotidiana”
(pág. 35- cultura-barbarie/ Jameson)

“No se puede sin deshonestidad intelectual asimilar la «producción» de textos (o en la versión althusseriana de esta homología, la «producción» de conceptos nuevos y más científicos) a la producción de bienes por los obreros industriales: escribir y pensar no son trabajo enajenado en ese sentido, y es indudablemente fatuo que los intelectuales traten de embellecer sus tareas —que pueden en su mayoría subsumirse bajo la rúbrica de elaboración, reproducción o crítica de la ideología— asimilándolas al trabajo real en la línea de montaje y a la experiencia de la resistencia de la materia en el genuino trabajo manual.”
(pág. 37- cultura-barbarie/ Jameson)



“ La posición defendida aquí —sobre la distinción así como sobre la posible coordinación entre un método estático o semiótico y uno dialéctico— es congruente con la interesante crítica de Sartre al estructuralismo en general:
«Althusser, como Foucault, se limita al análisis de la estructura. Desde el punto de vista epistemológico, esto equivale a privilegiar el concepto frente a la noción [Sartre alude aquí a la oposición hegeliana, diversamente traducida, entre Begriff e Idee, respectivamente]. El concepto es atemporal. Se puede estudiar cómo los conceptos se engendran uno tras otro dentro de determinadas categorías. Pero ni el tiempo mismo, ni, por consiguiente, la historia, puede ser objeto de un concepto. Hay una
contradicción en los términos. Cuando introducimos la temporalidad, vemos que dentro de un desarrollo temporal el concepto se modifica. La noción, por el contrario, puede definirse como el esfuerzo sintético por producir una idea que se desarrolla por contradicción y su sucesiva superación, y por consiguiente es homogénea con el desarrollo de las cosas»
(pág. 39- cultura-barbarie/ Jameson)

(…)

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