Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 15 de diciembre de 2016

17 de noviembre / 2016



Juzgar personajes quiere decir hacer sus caricaturas
(Pavese)


Una de Jameson:
“Quisiera argumentar que la categoría de efectividad mecánica conserva una validez puramente local en los análisis culturales en los que pueda mostrarse que la causalidad de bola de billar sigue siendo una de las leyes (no sincrónicas) de nuestra particular realidad social decaída. No sirve de mucho, en otras palabras, desterrar de nuestro pensamiento las categorías «extrínsecas» cuando éstas siguen siendo aplicables a las realidades objetivas sobre las que queremos pensar. Parece, por ejemplo, que hubo una relación causal innegable entre el hecho confesadamente extrínseco de la crisis editorial de fines del siglo XIX, durante la cual la novela en tres tomos que dominaba en la bibliotecas de préstamo fue sustituida por un formato más barato en un volumen, y la modificación de la «forma interna» de la novela misma.


La cosificación en lenguaje exotérico. Cuántas cosas no haremos sin pensar, ni pensarlas. Las hacemos automáticamente, tengo entendido que vía cerebelo. Como son tareas o gestos habituales suponemos, me digo ahora que pienso sobre ello y disculpen la petulancia, que ya están pensadas en su momento, o sea, que vienen pensadas de fábrica (sin saber sabiendo), de cuando comenzó lo que fuera que  acabaría, que precisamente ha acabado, en monótona acción rutinaria. Es pues, evidentemente, la conducta o el funcionamiento propio de una cosa. Una cosa, en tal que cosa, no actúa autónomamente sino en función, entre otras variables, de un código predeterminado. ¿Por qué o quién? Claramente por mediación de un sujeto exento, pero esa ahora no es la cuestión. El caso es que, como podemos comprobar, nuestra conducta, como cosa, está reglada, o sea limitada a un menú previo, preestablecido (en la fábrica), que sólo posee ciertas respuestas para sólo ciertas preguntas seleccionadas y fijadas de antemano (sin siquiera necesidad de consenso entre las partes) y de ahí, de ese pensamiento único que genera y guía una acción práctica única e invariable,  no hay quien lo saque, en el improbable caso de que alguien, con poder y voluntad para recodificar, se lo propusiera. Hacer las cosas de la misma manera lleva a obtener los mismos resultados, y de eso se trata sin ninguna duda como es fácilmente comprobable. Pues no otra cosa se espera de una máquina, de una cosa, de algo que esta sometido, que carece de capacidad de acción y elección propia, que esta ahí programada para obedecer, no para tocar los cojones (saboteando la producción)  cuestionando (como si se tratara de un sujeto autónomo dotado con criterio propio y disfrute de libre albedrío), de tal o cual actividad, el porqué, el para qué o el cómo.
El Selector automático (de una máquina de café, expendedora de refrescos o alimentos, tickets de lo que sea…), vulgo monedero, en este caso electrónico, está programado para pesar, medir y calibrar unas piezas de metal redondas que recibe en su regazo a través de una ranura que da al exterior de su caparazón. Una vez otorgado el visto bueno al dinero recibido, se completa la transacción: se entrega la mercancía y, en su caso, se devuelve el cambio.
Por parte de la cosa, no hay más preguntas ni respuestas, señoría.

(Pero puede ocurrir que un día, vaya usted a saber por qué, si aprovechamos un despiste del cerebelo o por cualquier imprevisto y milagroso suceso hemos recuperado accidentalmente la perdida función diacrítica y, sin pensarlo dos veces, disculpen la involuntaria coña, nos paramos a reflexionar sobre qué estamos haciendo, y el porqué y el cómo lo hacemos… quizás entonces sí recibiríamos noticias (amenazas, coacciones, advertencias…) de y de la fábrica. Y nadie escribe o telefonea o establece videollamadas con una cosa, ¿no es cierto?)





Relatos cortos y no tan cortos / 05

Admitamos que, en el fondo, todo es risible. Es ella, y ha venido en pijama (¿En pleno trasiego entre el sueño y la realidad?). Digo la enfermera de noche. Da la sensación de que ha dejado de usar la cabeza. Digo su cabeza, la que conozco desde hace años, la que utiliza en el turno de noche. Hasta sus movimientos, desmañados, me parecen los de una extraña. Aunque curdela no parece. Pero no cabe duda de que es ella… ¿naturaleza dual en su versión nocturna? En cualquier caso, giro copernicano, con sus discontinuidades. Al fin y al cabo sólo conocía hasta ahora una pequeña parte de sus actividades, de su personalidad. Esa que nunca vino a trabajar en pijama. Y tampoco en turno de mañana. ¿Encontrará ella, la del turno de noche, en mi a “otro” donante de sangre y orina? Menos certezas y más dudas. Hay cosas que pensamos sabidas y no lo son. Por la mañana habla hasta por los codos. Pero no conmigo, está como ausente, hosca, inabordable, me ignora. Habla consigo misma, en voz alta, como si no se percatara, o sí pero no, de mi presencia. O sí sin más. He tratado de meter baza, de entablar conversación pero su indiferencia, no se ha dado por aludida (¡no escuchan los dioses!), y tanto su hiperproducción oracional como  su ininterrumpido perorar me ha hecho ver que la importunaba inútilmente. A ratos me mira oblicuamente. Cuando ha terminado la faena ha entrado en modo silencio, se me ha acercado y, sin mediar palabra, me ha pellizcado con gran violencia ambos muslos clavándome las uñas. Lo inesperado de la agresión me ha impedido reaccionar. Una chifladura inexplicable que la enfermera empijamada ha coronado a continuación con un cariñoso beso en mi frente. Y la demente fuese… con su botín 


ELOTRO

Una idea se vuelve fecunda cuando es la combinación de dos hallazgos
(Pavese)


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