Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 9 de diciembre de 2016

09 de noviembre / 2016





“El concepto de un presente que no es tránsito.”
(Walter Benjamin)


Una de Batania:
Señala Harold Bloom que en El Aleph de Borges el personaje-pelmazo de Daneri es Neruda. Pero se equivoca. El personaje de Daneri en todo caso es Girondo y Beatriz Viterbo es Norah Lange. Hasta aparece en el cuento la fecha exacta en que Norah Lange dejó a Borges por Girondo (la mañana en que Beatriz Viterbo murió está fechada en febrero de 1929, justo el mes y año en que Lange lo abandonó por el poeta surrealista). Suelen decir quizá con alguna razón que Borges es frío, pero a veces asusta hasta qué punto deja a la vista sus heridas.

Una de Fredric Jameson:
“Tenemos que volver por consiguiente a la forma «fuerte» del problema, y los términos de clase en los que lo planteamos al principio. Su formulación marxista tradicional sería entonces como sigue: ¿cómo es posible que un texto cultural que cumple una función demostrablemente ideológica, como obra hegemónica cuyas categorías formales así como su contenido aseguran la legitimación de tal o cual forma de dominación de clase —cómo es posible que tal texto encarne un impulso propiamente utópico, o haga eco a un valor universal incongruente con los límites estrechos del privilegio de clase que informa su vocación ideológica
más inmediata? El dilema queda intensificado cuando renunciamos, como acabamos de hacerlo, a la solución de un coexistencia de diferentes funciones, como cuando por ejemplo se sugiere que la grandeza de un escritor dado puede separarse de sus
opiniones deplorables y se realiza a pesar de ellas o incluso contra ellas. Semejante separación sólo es posible para una visión del mundo —el liberalismo— en la que lo político y lo ideológico son meros anexos secundarios o «públicos» del contenido de una vida real “privada”, que es la única que es auténtica y genuina.
No es posible para ninguna visión del mundo —ya sea conservadora, o radical y revolucionaria— que tome en serio la política.”

(Cuando leo opiniones como esta que, más o menos y por supuesto mucho más torpemente formuladas en mi caso, reproducen lo que servidora escribía hace unos años en “Escomberoides” -sobre Borges, Vargas Llosa, Steiner, Nabokov…-, me viene a la memoria aquella panda de ‘soberbios gilipollas’ que me vomitaban  epítetos a cada cuál más despectivo e insultante.
Que una lumbrera como Jameson, norteamericano además y que ha sido miembro destacado de una de las universidades más prestigiosa de USA, venga a decir lo mismo que cualquier persona mínimamente leída y que piense por cuenta propia –‘conservadora o radical revolucionaria’- es algo que, a este patán iletrado –eso sí, con el título de Graduado escolar, no se ofendan- le da, que quieren que les diga, mucho gustito. En fin, cosas, cierto que algo pueriles, que amenizan la vida.)

Una de Sergio Pitol:
“Uno, me aventuro a creer, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas”.





Relatos cortos y no tan cortos / 03
Toda la noche me la he pasado soñando con Tarzán. Estoy agotado. Creo que he visto, y vivido intensamente, miles de veces la misma escena repetida una y otra vez. Pero he de reconocer que a fuerza de “repeticiones de la jugada”, la misma secuencia, he podido, eso creo ahora ante estas anotaciones, registrar, captar algún significado implícito depositado, ¿escondido? ¿por quién? ¿para qué?, en alguna capa subyacente digamos de los fotogramas. Quizás todo se reduzca a otro modo de mirar (¿o proyectar?), si es que resulta factible mirar los propios sueños, ¿estamos dentro o fuera, somos actores, guionistas, coguionistas  o espectadores, o todas esas cosas a la vez?
Quizá recuerden a Tarzán en plena selva desplazándose ágilmente por las alturas de liana en liana. Cada liana estratégicamente situada le permite cubrir un tramo, al final de cada tramo, una mano suelta y la otra agarra, siempre encuentra una nueva liana y así sucesivamente… es un viaje fluido ¡sin obstáculos ni atascos!, sin cambios de sentido, sin saltos “del tigre”, sin abruptas interrupciones, obediente a una lógica espacial y temporal que cautiva y arrastra nuestra mirada, y la acuna y la mece… la duerme, la echa a  soñar…una palabra que lleva a una palabra que lleva a una palabra que lleva a una frase, que lleva a otra frase, que lleva a otra frase, que lleva a… soñar… ¿soñar? (hasta aquí: la forma)
El caso es que no podemos (¿se nos escamotea?) ver lo que pulula, lo que ocurre “abajo” (¿del sueño?). Queda fuera de “cuadro” (intrínseco al lenguaje cinematográfico), del fotograma, el barro, la mullida y superpoblada alfombra selvática, el terreno empedrado, sus plantas, sus arroyos, sus grietas, sus abismos, sus trochas a ninguna parte, sus habitantes con sus relaciones y conflictos (¿el significado?)… lo subyacente, no digo al fotograma, sino al viaje, a la odisea de nuestro héroe, Tarzán, el Rey de la Selva, por las alturas de no sabemos “qué”…
En fin, basta de explicitar… las paredes oyen


ELOTRO

“El realismo también se inventa”
(Jesús López Pacheco)


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