sábado, 3 de diciembre de 2016

06 de noviembre / 2016







El esfuerzo de los adultos consiste en desbaratar todas las costumbres de los niños, porque sospechan en ellas un núcleo de resistencia y anarquía.
(Pavese)


Escribo todos los días alguna cosa y sobre cualquier cosa con destino a este diario. Lo bueno del caso es que empiezo a no estar demasiado insatisfecho de esta última intentona diarística porque, en realidad, es la fecha que encabeza las anotaciones lo único que se ajusta, digo en parte, a un requerimiento, norma, método o regla de este sufrido género calificado como singular. Dentro de los límites de este marco regular y cotidiano y que está dotado a su vez de una estructura dúctil, maleable, descoyuntada, cabe todo y, puesto que lo admite de buena gana, ahí se integran en caótico revoltijo todo tipo de disertaciones, discursos, críticas, homilías, diatribas, peroratas, cavilaciones y demás chifladuras o corduras demenciales, también en forma implícita, en busca del error. Se trata, ya lo hemos dicho en repetidas ocasiones, de que nada se escape. Luego, con toda esa variedad de materiales ya fijados, ya veremos que se quiere y se puede hacer. Además, aquí fechados y agrupados, no piden pan.


Una “por alegrías” de Thomas Bernhard:
“Hablamos, mientras nos acercábamos al extremo del barranco, del molino Fochler. Mi padre describió al molinero como un pesado sexagenario que se estaba pudriendo bajo su piel, echado siempre en un viejo sofá y sin poder andar ya; su mujer, cuya halitosis indicaba un avanzado proceso de descomposición de los lóbulos pulmonares, tenía hidropesía en los pies. Un perro lobo viejo y gordo iba del uno al otro: del sofá de él al sofá de ella y de nuevo al de él. Si no hubieran esparcido por todos los cuartos manzanas frescas, dijo mi padre, no se hubiera podido aguantar el olor de los dos viejos y el perro lobo. La pierna derecha del molinero, dijo, se estaba pudriendo más rápidamente que la izquierda; el molinero no podría levantarse ya…”
(Thomas Bernhard, “Trastorno”)


“Nada de lo que está escrito ahí (el diario) sucedió de esa manera”
(Piglia)


Anarquismo, comunismo…
Recordaba Sacristán que la redacción por Marx y Engels  del Manifiesto Comunista fue un trabajo de encargo, y realizado en un contexto histórico en el que la clase obrera estaba dividida –nada nuevo bajo el sol- ideológica, política y organizativamente en diversas corrientes: anarquistas, comunistas, socialistas… que sin embargo fueron tenidas muy en cuenta por los autores, ya que eran conscientes de la necesidad de integrar, de unir fuerzas en el lado revolucionario para derrocar a la burguesía y construir a continuación una sociedad sin clases, sin explotadores y explotados. Claro que sobre el objetivo final pocas diferencias suelen darse (Marx dejó muy claro cuál era su posición sobre el Estado –en su crítica a Hegel, en sus textos sobre la Comuna…- y su carácter de clase y, por consiguiente, su necesaria destrucción. Lenin, Luxemburgo, Gramsci tres cuartos de lo mismo. Son los autoproclamados “marxistas” que persiguen apropiarse el pensamiento de Marx vulgarizándolo y mistificándolo, los que pretenden desnaturalizar su pensamiento, desactivarlo. Ya en vida tuvo Marx que advertir a algunos oportunistas de esta infame calaña que, si ellos se proclamaban “marxista” él, en consecuencia, afirmaba no ser “marxista”), otra cosa es el camino para llegar a esa meta y los objetivos intermedios a conquistar.

Y es aquí en la práctica política, digo en la actualidad, 160 años después, donde se desvela quién tiene en cuenta los antagonismos de clase (hay quien admite matizadamente su existencia y quien ni eso), como siempre hace –han leído con atención a Marx y Lenin- el Capital, y quién por el contrario pretende vendernos la milonga que, de facto, la niega: “la ciudadanía” “la gente” “el común” y demás simbolismos “humanistas universales” ( a lo Camus)  cargados de significados que enmascaran su verdadera y venenosa naturaleza de clase… (como señaló Sartre)

Feminismo, ecologismo… perfecto, pero nada por encima de la lucha de clases, nada ajeno a lo real, a la práctica política, social, cultural... Y no estoy hablando de subordinación jerárquica -eso es cosa de ellos, eficacísimos burócratas de lo que sea- sino de relación dialéctica.

Para terminar sólo una cosa, el “marxismo” y, supongo que el anarquismo igual, no es, no puede ser, una doctrina acabada, cerrada, perfecta, como pretenden los enemigos de dentro y de fuera. Si así fuera no pasaría de ser un catecismo, un conglomerado de supersticiones para amantes de la homeopatía social y política. ¿Placebos comunistas versus placebos anarquistas? A eso quieren reducir la lucha ideológica, y son demasiados los que pican el anzuelo.
¿De qué Marx me habla usted, del Marx de los Manuscritos… que todavía no sabía ni papa de economía o del Marx del Manifiesto… o del Marx de los Grundrisse o la Ideología alemana o El Capital… o del viejo Marx de la Crítica del programa de Gotha… o de las cartas a V. I. Zasulich…?
Seamos serios, seamos dialécticos… concretemos.



ELOTRO

Se adopta una pose, es decir, se falsifica uno a sí mismo.
(Pavese)



***

3 comentarios:

  1. Hay momentos inmisericordes que nos apremian a tomar decisiones. Momentos que no admiten la saludable duda ni el humano titubeo. Son esas decisiones las que, más allá de nuestro bagaje teórico y de nuestras manifestaciones, reflejan nuestra coherencia o acusan nuestra "pose". Concatenadas, acaso sean esas decisiones las que mejor puedan reflejar la cercanía o la distancia con que nos situamos respecto a la teoría y la praxis.

    Gracias por los enlaces. Releeré "Trastorno".

    Salud!

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  2. Gracias a ti por tus aportaciones y comentarios.

    Salud.

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  3. http://almomento.net/opinion-fidel-vs-el-imperio/267917

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