Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 31 de diciembre de 2016

02 de diciembre / 2016




“El pedestal son los zapatos”
(Joan Brossa)



Brossa tenía pinta de pordiosero, usaba ropas feas, viejas y gastadas (me consta). Se afeitaba poco y se lavaba menos (según sus íntimos). En una entrevista en televisión, en blanco y negro, se puede apreciar la mugre que atesora en sus uñas aunque no el tufo que desprendían sus sobacos (según su galerista). Brossa era un tipo, sobre todo consigo mismo, enormemente crítico y exigente, y de una coherencia ética extraordinaria, austero para sí y muy generoso con su arte para los demás. Tenía un estudio mucho más caótico y lleno de polvo, pringue y porquerías que el de Bacon o el de Giacometti. Murió ya mayor en su cochambroso estudio de toda la vida, cuentan que cayó de una escalera -y se golpeó la cabeza con un objeto contundente- desde la que trataba de alcanzar un libro de su atiborrada y atrofiada estantería. No era amigo de premios ni homenajes. En una ocasión devolvió la medalla que le habían concedido al conocer que también se la habían otorgado a una institución usurera, un banco, La Caixa.
Brossa es uno de los poquísimos artistas de este país de auténtica talla internacional. El incrédulo no tiene más que conocer su vasta y formidable obra: poesía, instalaciones, esculturas, teatro, cine…

Una de Calvino:
” …es el anonimato lo que me atrae:  esa muchedumbre en la que puedo observar a todos uno a uno y, al mismo tiempo, desaparecer por completo … El sueño de ser invisible … Cuando me encuentro en un ambiente en que puedo hacerme la ilusión de ser invisible, me siento muy bien “.
(Italo Calvino)

Tengo entendido que se acaba de publicar (estamos en vísperas de  esas entrañables fechas en que la gente se ve coaccionada a regalar lo que sea pero regalar, regalar, regalar…) una nueva biografía de Kafka, aquél “santo que vivía en un mundo equivocado”, según una de sus novias que probablemente desconocía que nuestro escriba se convirtió en un asiduo a los prostíbulos quizás porque de santo no se jalaba un saci....
Se trata, se nos publicita, de una obra definitiva,  monumental, por supuesto. Y se nos vuelve a poner delante de las narices aquella entrada de su famoso y poco leído diario: 2 de agosto de 1914: “Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”. Eso sí, el nuevo biógrafo nos ofrece una nueva interpretación, otra más, de la tan sobada anotación.
Apunte este del que por cierto no comentaré nada porque no quiero cooperar al cretinismo de reducir a cuatro citas un diario que cubre un periodo de trece años, precisamente los más intensos desde el punto de vista vital y cultural y también productivo, de la vida del autor checo. La “cultureta”, de los reseñitas “guía” y los lectores de las mismas, que se alimenta en exclusiva o fundamentalmente de la solapa, la contra o la fajilla que acompaña a la obra, hay que combatirla con su absoluto descarte, recusarla con su inapelable  exclusión. Con un desprecio “kafkiano” por el pegote, el churro, la chapuza…





Relatos cortos y no tan cortos / 09

El “taco”, se atasca. Se me había convertido en obsesión. “El que os guarda os mata”, escribió Cervantes. Lo acabo de leer, ya lo conocía pero no lo recordaba. Otra casualidad, supongo. «Todo hombre tiene ante sí una imagen de lo que debe llegar a ser.» escribió el orientalista Rückert. Yo tengo dos, le diría al amigo Friedrich. Y no por gusto. Están ahí siempre, son inamovibles. Una a medio construir, la otra medio destruida. Pero ni así se complementan. Cierto que se construyen y se destruyen, es como un rito sagrado, una a la otra ininterrumpidamente (¿lógica energúmena?), pero siempre lo hacen, no sé si voluntaria o involuntariamente, respetando la asimetría individual que les vincula, de ese modo se garantiza, paradójicamente, el equilibrio como pareja (en guerra y sin tregua). Imágenes individuales sí, pero no sólo individuales. Una especie de simetría como condena. “Sin duda que la vida entera es un proceso de quebrantamiento” o de derrumbe, según otras traducciones, escribió Scott Fitzgerald en un relato titulado precisamente “Derrumbe” del año 1936. Otra casualidad, supongo. Construir, derruir, y tornar a construir para volver a destruir. Me obsesiona esta página que escribo y reescribo, en la que ora añado, ora borro lo añadido y alguna cosa más. Un hacer estéril. Esta página en construcción (propositiva) que habla sobre otra página medio destruida (receptiva). Página en la que por casualidad, supongo, unas veces se muestra  “La Irrupción de la Realidad en la Imaginación y otras es la Imaginación la que no deja piedra sobre piedra e Inventa la Realidad. Se me había convertido en obsesión, cierto, pero acabo de recordar (La Irrupción de la Realidad en la Imaginación”) que soy yo, aquí y ahora, el que ve sin ser visto. El que decide y domina. Otra casualidad, supongo. Pero aún así, ¿cómo pude olvidar (dejar de ver) algo tan incuestionablemente real? ¿Serán, de nuevo, los imaginarios inhibidores irrumpiendo en mi caletre sin el preceptivo aviso? Pues vaya un mandamás que estoy hecho… como dice un refrán romano, “ellos tenían que saberlo, el hombre es siempre un recluta.”
Hay que continuar, nada de desplomarse…
Paso página.

ELOTRO



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