jueves, 29 de diciembre de 2016

01 de diciembre / 2016



"La pesadilla de la vida es este raíl que nuestras decisiones nos ponen bajo las ruedas"
(Cesare Pavese)

Una de Jameson:
“El análisis de Nietzsche, que desenmascara los conceptos de ética como el rastro sedimentado o fosilizado de la praxis concreta de unas situaciones de dominación, nos da un precedente metodológico significativo. Él demostró, en efecto, que lo que quiere decirse en realidad con «el bien» es simplemente mi propia posición como centro de poder inexpugnable, en cuyos términos la posición del Otro, o del débil, queda repudiada y marginalizada en prácticas que después son ellas mismas formalizadas en último término en el concepto de mal.”

Dos de Calvino:
“Lo que cuenta es lo que somos, es profundizar nuestra propia relación con el mundo y con el prójimo, una relación que puede ser a la vez de amor por lo que existe y de voluntad de transformarlo”.

” La escritora Nancy Mitford es la tercera de tres famosas hermanas inglesas muy guapas en su época. Una fué amante de Hitler, otra es la mujer de sir Oswald Mosley, el jefe de los fascistas ingleses. Ella (nombre de la tercera), comunista, fue la mujer del hijo de Neville Chamberlain, muerto combatiendo al lado de los republicanos españoles. Luego se vino a Norteamérica, donde es muy activa en todos los comités democráticos y antirracistas “.




Una de Marx en homenaje a Fidel:
“Los seres humanos hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran inmediatamente, que existen ya y que transmite el pasado”.
(Karl Marx, “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”)





Relatos cortos y no tan cortos / 08

No sé si un sueño o una alucinación: Yo era un árbol. En un oscuro bosque rodeado de árboles. Cada día mi tronco crecía hacia arriba y mis ramas hacia todos los lados. Poco a poco las ramas fueron rozándose y entrelazándose con sus iguales de los demás árboles que me rodeaban, y que también crecían. Llegó un momento en que me sentí invadido, pero no invasor y cautivo de los árboles que, así lo creía, crecían alrededor contra mí. Decidí liberarme, desenredarme, crear espacio en el que poder ser sólo yo, aunque fuera a costa de automutilarme. Corté pues el suministro de la nutriente savia a cada una de las ramas anudadas o ligadas con las ramas de los árboles vecinos asaltantes. En dos días (especie de rápida defoliación)  las dejé secas, me había desecho de todas, quedé entonces pelado, mondo y lirondo. Gané así distancia respecto a los avasalladores árboles vecinos. Acabé con los abusivos tocamientos y roces y golpes. De momento me sentí más tranquilo, y más solo (¿quizá demasiado?), más yo y menos bosque (¿cómo vivir juntos?), y mucho más protegido. Duró poquito la cosa, al rato comenzó el segundo acto: pude percibir que aquellas agresivas ramas, tal como afiladas lanzas, seguían avanzando en todo el perímetro en derredor de mi espacio, y lo hacen de forma impasible y amenazadora, también  sobre mi cuerpo.
¿Qué persiguen las hordas atacantes, qué quieren de mí, obligarme a compartir, integrarme a la fuerza en su totalitaria conciencia colectiva, anularme? No hay vínculo, no hay contacto (ni por representación o mediación) físico (¿se puede elegir vivir -¿en lo invivible?-  juntos, colaborar a la suma o no?), no hay posibilidad de diálogo (ni de interrogatorio), no hay respuesta (¿Cómo que no, será pues que es la no esperada ni deseada?). Sea entonces, un palo seco (¿soy mi cuerpo?) es lo más que van a conseguir. Más tarde (¿hay continuidad?), me cuentan, acabé (como objeto sin cualidad semoviente) disperso: por un lado de puente levadizo (homogeneizado con otros objetos), por otro de tabla de salvación (claro que para otro sujeto).
Alivio indescriptible al despertar.


ELOTRO



***

No hay comentarios:

Publicar un comentario