Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 17 de noviembre de 2016

28 de octubre/2016



“La poesía nace de los instantes en que levantamos la cabeza y descubrimos con estupor la vida.”
(Cesare Pavese)

Anota Piglia en su diario:
“La literatura muestra la opacidad del mundo. Yo conozco mejor a Anna Karénina que a la mujer con la que vivo hace años.”
Cierto, menudo “poder” el de la literatura, aunque, puestos a decirlo todo, sobre todo abunda la literatura que contribuye generosamente a esa “conveniente” opacidad del mundo. Claro que es un poder que, en principio, se limita a los lectores más o menos asiduos de literatura. Que muchos ciertamente no son, no hay más que ver las tiradas y el número de ejemplares vendidos, incluso si consideramos literatura a la basurilla que fabrican los millonarios autores (y sus “negros”) de best-sellers.
En cualquier caso y aún sin cribar y descartar, no resisten la comparación digamos sobre todo “cuantitativa” con, por ejemplo, las audiencias televisivas de un solo día. En resumen, no nos llamemos a engaño, la relevancia de la literatura a la hora de evaluar el poder de opacar o revelar la opacidad del mundo y sus significados, es decir, su determinada “función social” es, hoy por hoy y en el mejor de los casos, insignificante. Para el bando crítico, digo.


Una de Deleuze:
“Para Proust escribir es leer ese libro interior de signos desconocidos. No hay logos, hay jeroglíficos. Escribir es interpretar lo que ya está escrito y es ilegible”.

Reflexiones sobre el “oficio”, Pavese:

“El protagonista, si es él quien narra, debe de ser más que nada un espectador (Dostoievski: “en nuestro distrito”. Moby Dick: “Llamadme Ismael”. (…) Si se narra en primera persona, es evidente que el protagonista debe saber desde el principio cómo va a acabar su aventura a menos de hacerle hablar en presente.”

“Las imágenes de Faulkner son imágenes narrativas, no contemplativas, que sustituyen al objeto con una evidencia expresiva, las imágenes que crean lengua: Por ejemplo, los ojos del viejo sordo de ‘Santuario’: ‘como vueltos hacia dentro y enseñando el trasero de los globos’.”

“…también puede ser dramático un relato con un solo protagonista aparente (Defoe), pero en este caso hay un hombre y un ambiente que se enfrentan.”

Piglia sobre Pavese:
“Para la gloria, se ha dicho, no es indispensable que un escritor se muestre sentimental, pero es indispensable que su obra, o alguna circunstancia biográfica, estimulen el patetismo. Este epigrama sirve, sin duda, para explicar la presencia de Cesare Pavese en la literatura contemporánea. Ninguno de sus libros ha favorecido más su ambigua gloria que los acontecimientos de aquel 25 de agosto de 1950 en que un hombre de rostro distante y de lentes alquila una pieza anónima en un anónimo hotel de Turín (el Albergo Roma, en la Piazza Carlo Felice). Pide un cuarto con teléfono –narra su biógrafo Davide Lajolo en Il vizio assurdo– y lo instalan en el tercer piso. Pavese se encierra en su cuarto. Durante el día hace varias llamadas telefónicas. Habla con tres, cuatro mujeres. Las invita a salir, a cenar. Todas se niegan. Por último llama a una muchacha que ha conocido unos días antes, una bailarina de cabaret. De este diálogo de un escritor de cuarenta y dos años, recién consagrado con la máxima distinción de la literatura italiana (el Premio Strega), y una mujer que se gana la vida divirtiendo a los hombres se sabe poco: es el último diálogo que Pavese mantiene en su vida y la telefonista del hotel recuerda el final: «No quiero salir con vos, porque sos un viejo y me aburrís», dice la bailarina. Pavese desconecta el teléfono. No baja a cenar. Al día siguiente (el domingo 27 de agosto), al anochecer, un camarero, preocupado por ese cliente que no se ha dejado ver en todo el día, llama a la puerta. Como nadie responde decide forzar la entrada. Pavese está tendido en la cama, muerto, vestido pulcramente, sólo se ha quitado los zapatos. Sobre la mesa de luz hay varios tubos de somníferos, vacíos, y un ejemplar de su libro más entrañable: Diálogos con Leucó. Con su letra de araña Pavese ha escrito en la primera página su última frase: «Los perdono a todos y a todos les pido perdón. ¿Está bien? No se hagan demasiado problema».

(RICARDO PIGLIA, Los diarios de Emilio Renzi: Años de formación)






Más de Piglia:

“El diario es como un sueño, todo lo que sucede es verdadero pero pasa en un registro tan condensado, tan cargado de sobreentendidos que sólo lo puede entender el que lo escribe.”

“La confirmación de que ellos (Beckett, Hemingway…) también han tenido dudas y han estado a punto de fracasar…”

“Debemos creer que pasa una cosa y no otra por razones que la narración no dice pero muestra, esto es, hace ver.”

“Joyce construye su técnica usando el saber contemporáneo: el psicoanálisis.”

“Beckett (o Kafka) narra una sucesión continua e inconexa de acontecimientos mínimos. Acción más acción más acción, desarticulada, sin conexión causal (causa-efecto)”.

“La obra de Borges es una cuidadosa elisión de la sexualidad y el cuerpo. Un sueño casto.”

“La inspiración es el modo de nombrar la capacidad que tiene un escritor para olvidarse de sí mismo y pasar al otro lado (del lenguaje) al escribir (diferencia entre escribir y redactar).

“Escribe en el diario lo que no puede pensar, lo que no se anima a decir o a enfrentar, esos apuntes son el revés de su voluntad.”

“Mi torpe relación con lo imprevisto que, sin embargo, es siempre igual a lo que ya conozco”
(Piglia)


ELOTRO



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