Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 15 de noviembre de 2016

27 de octubre/2016




“Mientras tengamos pasiones no dejaremos de descubrir el mundo”.
(Cesare Pavese)

El diario como artefacto terapéutico. En el diario te deshaces, (troceas a tu otro yo –el que construyes con el lenguaje- y así dispones de los ingredientes mínimos –y la posibilidad de fecundar-, los  dos polos opuestos y, consecuentemente, el conflicto, la tensión y el drama) en migajas, en un montón de pequeños fragmentos que puedes luego recolocar, reordenar a capricho, incluso añadir injertos. O sea, re-producir, reconfigurar, reinventar al otro, reinventarte o falsificarte a ti mismo. En todo o en parte, y cuantas veces se te antoje. Ya sabes, el resultado, si te quieres detener en eso, es lo de menos.

Una de Saul Bellow:
“Leyendo las cartas de Kafka nadie podría imaginar que una guerra asolaba Francia y el este de Europa. En el Ulises no se menciona la guerra para nada, y se escribió en las peores horas de la Primera Guerra Mundial. Proust sí lo hizo, pero fue porque asumió la tarea de historiador de la vida francesa. Él supo combinar el aspecto estético con el histórico. Eso no ocurre con frecuencia. Son muy pocos los escritores que logran establecer un equilibrio, porque deben crear unas condiciones estéticas especiales en las que solo cabe la cantidad precisa de actualidad que su arte es capaz de asimilar. Y nos encontramos con que el asunto Dreyfus y la guerra no acaban con Proust; es él quien los domina estéticamente. Grandioso”.

Dos tuits:
A los poderosos nuestra situación de víctimas de explotación y opresión les deja indiferentes, para ellos somos como animales (que no muerden)

Al desclasado “exquisito” se le nota, más que los postizos y las alzas, la “ideología” de prestado.
¡Le tira de la “sisa”, también al saludar!

Una de Lukács:
“Hemos inventado la productividad del espíritu, es por eso que las imágenes primigenias han perdido irrevocablemente su capacidad de servirnos como evidencia objetiva, y nuestro pensamiento sigue el camino interminable de una aproximación que nunca alcanza plenamente. Hemos inventado la creación de las formas: es por eso que todo lo que caiga de nuestras manos agobiadas y desesperadas ha de ser siempre incompleto”.


Una de Pavese:
“Cuanto más absorto está el ánimo en un humor dominante, más se enriquece y varía el paisaje interior. Hay que buscar una sola cosa para encontrar muchas en ella.”





¡No lo pienses tanto! te espetan. Como si lo habitual fuera concederse  un tiempo prudencial de reflexión antes de tomar una delicada decisión o resolver un difícil dilema, y no precisamente lo contrario, que es justamente lo que suele ocurrir, es decir, actuar a matacaballo y de manera compulsiva, elegir una opción o tomar partido a ciegas, sin detenerse previamente a dudar, tantear, titubear… antes o en el momento de evaluar mínimamente los datos y fundamentos que puedan hallarse a nuestro alcance: contexto, antecedentes, nexos causales… que permitan sustentar mínimamente la elección de una opción u otra.

Y es precisamente en el conflicto “rápido versus lento” donde posiblemente se encuentre el meollo de esta cuestión. Contaba Umberto Eco de un sobrino adolescente al que le resultaba imposible ver, soportar la visión atenta de “una determinada película de Wim Wenders” que él mismo le había recomendado… ¡demasiado lenta! exclamaba el joven tras los escasos diez primeros minutos de visionado… tardó el chaval casi una década, informa Eco, en madurar, en ajustar y, en su caso ralentizar, su capacidad receptora y así poder disfrutar de ritmos narrativos distintos, más pausados o incluso extremadamente lentos, sin entrar ahora y aquí en valoraciones de densidad y profundidad… si los comparamos con las velocidades vertiginosas del cine estadounidense y satélites o los anuncios publicitarios que saturan  la televisión o la red, y que más bien parecen hechos para no dejar pensar (una ilegibilidad mucho más camuflada que la inevitable “letra pequeña contractual”)… para impedir de hecho, haciéndolos inabordables, la aprehensión cabal de la proposición o consejo o contrato-trampa-irrevocable de que se trate…

Seamus Heaney escribe:

“Quédate quieto. Puedes escuchar
todo lo que está pasando. Cables de alta tensión
que cantan sobre el ganado, tractores, perros que ladran, desaforados que arreglan los motores a un kilómetro de distancia,
y siempre el ruido de la superficie de la tierra
que no sabías que habías escuchado hasta que una rama se quebró
y la volubilidad pasmada de un mirlo
se detuvo de repente.”

Peter Handke escribe, en su Poema a la duración:

“Una y otra vez he experimentado lo que es la duración;
al empezar la primavera, junto a la Fontaine Sainte-Marie;
en el viento nocturno junto a la Porte d’Autreuil;
en el sol de verano del Karst;
en el regreso todavía matutino a casa después del encuentro.

Esta duración, ¿qué era?
¿Era un espacio de tiempo?
¿Algo medible? ¿Una certeza?
No. La duración era un sentimiento,
el más fugaz de todos los sentimientos,
con frecuencia más rápido ante mí que un instante,
imprevisible, inmanejable,
inaprehensible, inconmensurable.”


(Hay que medir –aquilatar- las digresiones…)





“No permitiré que nadie penetre en mis cuadernos, como han hecho con Kafka o con Pavese. No me moriré. Yo elegiré con el tiempo cuál es la palabra justa y necesaria que debo decir, y el resto lo echaré al fuego. Sé que tengo madera de escritor de los grandes y mi deber consiste en no permitir que celebren como verdades mis equivocaciones, o como genialidades mis torpezas.”
(JUAN JOSÉ SAER)



ELOTRO

«Es cierto, y toda la experiencia histórica lo confirma, que lo posible no se lograría si en el mundo no se intentase una y otra vez lo imposible».
(Max Weber)


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1 comentario:

  1. "...o los anuncios publicitarios que saturan la televisión o la red, y que más bien parecen hechos para no dejar pensar..."
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    "El dispositivo instaurado para el exterminio masivo descansa menos en disposiciones disciplinarias que en la puesta en marcha de configuraciones de fascinación y anonadamiento que van ha permitir la asunción del proceso por parte de los exterminados".
    Leo Scheer, La sociedad sin amo, Pág 79. Ruedo ibérico (1980)

    Salud

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