martes, 1 de noviembre de 2016

20 de octubre/2016



El Inconsciente sabe que puede hacer muchas cosas que nuestro pobre yo consciente ni imagina posibles.
(Mario Levrero)


Negar la contradicción, el conflicto antagónico,  es una manera de  mutilar o expropiar la realidad, e impedir su ocasional aprehensión. Porque precisamente es a través de las contradicciones (y no ignorándolas, desdeñándolas  o eludiéndolas o, en el peor de los  casos, confundiendo,tergiversando a sabiendas, el síntoma con la causa –saber única y aisladamente del síntoma es mera información, o por mejor decir desinformación, mientras que acompañado de la causa es conocimiento-), como el pensamiento científico, materialista, crítico y dialéctico aborda la pugna de los contrarios, el antagonismo: tesis, antítesis, síntesis. Unidad y lucha entre los dos términos (tesis y antítesis), y en su caso victoria del tercer término surgido de la lucha (síntesis), para continuar el proceso, desde esa misma síntesis, y su ya acumulada carga histórica (es ley de vida, de movimiento) y, sin solución de continuidad, vuelta a empezar, dicho así para mejor entendernos. Pero, si somos dialécticos, nada que ver con una sistematización maquinal.

El sujeto pensante cartesiano, antidialéctico, y con su saber aislado, su intelectualismo subjetivo y abstracto que fue hace siglos un individualismo ofensivo y a la ofensiva, crítico y volcado a la comprensión de la práctica social y política, hoy en día no pasa de ser una cómoda escapatoria, apunta, con otras palabras, Lefebvre.

La censura carcelaria que le impedía escribir en sus “cuadernos” la palabra “marxismo” hizo que Gramsci utilizara la elocuente expresión de “filosofía de la práctica”. La filosofía separada de la práctica queda en verbalismo patológico, en filosofar infecundo, tullido. Es una filosofía de “pose” que se falsifica a sí misma, un pensar exquisito y cobarde al que repugna comprometerse, confrontarse, con la realidad práctica. Una filosofía muerta que sólo se atreve con lo ya pensado y transmutado en ideología. El 21 de enero de 1940, Cesare Pavese escribió en su diario: “Antes, el poder servía a las ideologías, ahora las ideologías sirven al poder”.

(Cautivos de adoctrinados… escribió el poeta)

El 28 de octubre de 1919, escribe André Gide en su diario:
“Anoche saqué todos mis ‘diarios´ de juventud. No los releo sin exasperación, y si no fuera por la ‘humillación’ saludable que encuentro en su lectura, los haría trizas.
Cada progreso en el arte de escribir se compra al precio de abandonar una complacencia. En esa época las tenía todas, y me inclinaba sobre la página en blanco como quien se mira al espejo”.

Cesare Pavese:
“La autocrítica es un medio de superarse a sí mismo. Todo artista trata de desmontar el mecanismo de su técnica para ver cómo está hecha, y para servirse de ella, si viene al caso… el artista que no analiza y no destruye continuamente su técnica es un pobre hombre”.
“El profesionalismo del entusiasmo es la más nauseabunda de las insinceridades”

Chejov nos cuenta “su” (o de la) vida:
“El jefe de la oficina me dijo:
-A no ser por lo mucho que estimo a su honorable padre, le habría hecho emprender el vuelo hace tiempo.
Y yo le contesté:
-Me lisonjea en extremo su excelencia al atribuirme la facultad de volar.
Su excelencia gritó, dirigiéndose al secretario:
-¡Llévese usted a ese señor, que me ataca los nervios!
A los dos días me pusieron de patitas en la calle.
Desde que era mozo había cambiado ocho veces de empleo. Mi padre, arquitecto del Ayuntamiento estaba desolado. A pesar de que todas las veces que había servido al Estado lo había hecho en distintos ministerios, mis empleos se parecían unos con otros como gotas de agua: mi obligación era permanecer sentado horas y horas ante la mesa-escritorio, escribir, oír observaciones estúpidas o groseras y esperar la cesantía”.


ELOTRO


“Los griegos decían de la filosofía que es contemplación desinteresada”
(Pavese)


***

2 comentarios:

  1. "Al contrario de lo que suelen preceptuar los diccionarios, incoherencia y contradicción no son sinónimos. Es en el interior de su propia coherencia donde una persona o un personaje se van contradiciendo, mientras que la incoherencia, por ser, más que la contradicción, una constante del comportamiento, repele de sí a la contradicción, la elimina, no se entiende viviendo con ella. Desde este punto de vista, aunque arriesgándonos a caer en las telas paralizadoras de la paradoja, no debería ser excluida la hipótesis de que la contradicción sea, al final, y precisamente, uno de los más coherentes contrarios de la incoherencia."
    José Saramago

    Magnifica la anécdota de Chejov.

    Salud

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  2. Completamente de acuerdo y completamente en desacuerdo con esa admirable cita de Saramago. Me parece muy contradictoria y muy coherente su paradójica concepción de la incoherencia. Como decía Whitman, "Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué?" ciertamente somos inmensos y contenemos multitudes...

    Salud

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