Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

01 de noviembre / 2016




“Yo tiendo a creer que, en ocasión de orar por su pan de cada día, el obispo incluye en esa petición cosas en las que el sacristán no piensa.”
(Bernard Mandeville)


Un tuit:
Cuando ya dábamos por sentado que incumplieran sus promesas electorales una vez en el gobierno, ahora también en la oposición. Aprendizaje de la sumisión.


“La política –escribe Camus- no es la religión, o entonces es la inquisición.” Me parece que Camus es un escritor que siempre arranca muy bien –arriba una muestra-, que promete, que alimenta múltiples expectativas… que lamentablemente rara vez acaban por asomar la nariz. Estoy en plena lectura de “El hombre rebelde” y, por ejemplo,  su texto sobre la violencia “terrorista” (Los criminales delicados, los llama) de los anarquistas y nihilistas rusos me parece penoso, absolutamente desacertado. Casi siempre se queda a medio camino, no culmina, o no puede o más bien –es lo que trasciende- no quiere. Confuso. Pierde fuelle, flaquea y  ya desorientado se rinde ante el primer desvío que le prometa un área de descanso, aunque luego el señuelo obligue a cambiar de sentido (remember Argelia y su poco virtuosa posición ante la represión y las torturas, o la desenfrenada “pasión por los cochazos deportivos y las fiestas y mansiones de Gallimard”). Un sinsentido (que no un sindiós) en el que, sin embargo, pareció acomodarse (hamburguesarse) con sumo deleite y gran rapidez.

Reconozco que, por el contrario, Camus gana en las frases y citas cortas, aforísticas (“¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no.”), y cuanto más descontextualizadas mejor; el historicismo le incomodaba, y con razón vista a flote y sin complejos su base argumental otrora subyacente. Ejercía de romántico tardío, también de pose y  aspecto físico, de “atractivo” idealista, era un pensador muy endeble, raquítico, pero asequible y seductor, de valores y creencias “puras” impregnadas de un mal disimulado dogma religioso (y de un “humanismo universal, pero de clase”, Sartre dixit) que, con habilidad, estibaba en migajas aquí y allá y acullá. Tiene además el vicio maquinal de la equidistancia, establecida a capricho (por ejemplo entre cristianismo y marxismo), sobre cuyos metafísicos polos opuestos él se sitúa (algo más que como fiel de la balanza) invariablemente un escalón, o dos, por encima. Y ya acomodado en esa “superior” (determinante) posición “habla desde la altura irrompible de su propio ego” que decía Onetti de Cela, salvando todas las distancias y alturas, se entiende.

La obra de Camus no ha significado en ningún aspecto de ningún “palo” –novela, teatro, ensayo…- ni el final de algo ni el comienzo de nada; su aportación de epígono no precursor y punto. En suma un escritor, pensador y dramaturgo manifiestamente sobrevalorado por la élite propagandista de la cultura burguesa, que es la suya aposta aunque sea de forma apenas perceptible, y la dominante. Esto es así no sin motivo: legitima el orden establecido- como legitimó la guerra fría- desde la supuesta barricada de enfrente: desde la distorsionada e inofensiva, pero influyente, “seudo rebeldía”.
Ahora bien, que tengan el morro de situarlo al mismo nivel, o incluso cuando se vienen arriba, por encima de Sartre resulta, en mi opinión, sencillamente insensato, y ridículo.

Y aún así, es claro que, a falta de un conocimiento más exhaustivo de su obra, es cierto que se trata de una evaluación algo parcial y peculiar,  y por lo tanto puedo, al menos en parte, estar equivocado. Aunque desde lo que conozco, lo dudo.
Sin embargo espero leer pronto sus “carnets”… veremos si con la “cartografía personal” la cosa mejora… así que ya si eso…


Hoy, un encontronazo feliz. Leo en Fredric Jamenson:
“Este libro –‘Documentos de cultura, Documentos de barbarie-afirmará la prioridad de la interpretación política de los textos literarios. Concibe la perspectiva política no como un método suplementario, no como un auxiliar optativo de otros métodos interpretativos corrientes hoy –el psicoanalítico o el mítico-crítico, el estilístico, el ético, el estructural-, sino más bien como el horizonte absoluto de toda lectura y toda interpretación.”
Y qué quieren que les diga, pues eso, que da gustito.

“Lo que es, ya sea en el texto o en la vida, no siempre tiene significado (a menudo es contingente), mientras que lo que posee significado no siempre tiene existencia real, como ocurre con la utopía o las relaciones no alienadas”
(Fredric Jameson)


Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida.
(Wittgenstein)

“Puesto que el mundo expresado por el sistema total de conceptos es el mundo tal como la sociedad se lo representa para sí misma, sólo la sociedad puede proporcionar las nociones generalizadas de acuerdo con las cuales puede representarse tal mundo... Puesto que el universo existe tan sólo en la medida que es pensado, y puesto que sólo puede ser pensado en su totalidad por la sociedad misma, toma su lugar dentro de la sociedad, se vuelve un elemento de su vida interior, y la sociedad puede verse así como ese genus total fuera del cual no existe nada. El concepto mismo de totalidad no es sino la forma abstracta del concepto de sociedad: ese todo que incluye a todas las cosas, esa clase suprema bajo la cual deben subsumirse todas las demás clases.”
(DURKHEIM)

A quién pueda interesar:

Fredric Jameson / “Documentos de cultura,documentos de barbarie”
La narrativa como acto socialmente simbólico


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Onetti: No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.


ELOTRO


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1 comentario:

  1. Leí a Camus hace muchos años, pero si de releer se tratara preferiría releer a Thomas Bernhard. A Samuel Beckett no he dejado de leerlo nunca.

    Gracias por el enlace, me interesa.

    Salud!

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