sábado, 15 de octubre de 2016

9 de octubre/2016





9 de octubre/2016

“La fantasía humana es inmensamente
más pobre que la realidad”
(Cesare Pavese)


Un tuit:
“Cada día resulta más imperceptible la presencia del pensamiento oblongo en los debates a corta, media y larga distancia.
-Pensar cansa”.
Y otro:
“Acabo de descubrir que no es lo mismo estar “encarcelado en el conformismo” que estar “acomodado en el conformismo”.
Lo apunto.


Cuenta Piglia en su diario sobre unas lágrimas vertidas tras la lectura de las últimas cartas de Pavese y escribe: “llorar por los elegidos, a los que el mundo aplasta”.
Y también: “En Puig: el lector omnisciente (el narrador ausente). Curioso narrador que ignora lo que “sabe” el lector. Curiosa inversión.
Una anotación más: Periodismo literario: Nido de mediocres resentidos.


Una de Spinoza: “La ignorancia no es una razón suficiente”


Me paso muchas horas leyendo, así que…


Una cosa y su contraria.
“Claro está que también él mismo (el aspirante a capitalista) puede, como uno cualquiera de sus obreros, poner manos a la obra; pero entonces no será más que un ser híbrido, una cosa intermedia entre capitalista y trabajador, un pequeño patrono”
 (Carlos Marx, “El Capital”)
“La clase capitalista se ve libre, primero de un modo parcial y por último totalmente, de la necesidad de ejecutar un trabajo manual”
(Rev. Richard Jones, 1852)

Este ejemplo práctico que nos proporciona Marx de lo que podríamos considerar actualmente un autónomo con dos empleados, nos muestra cómo en la realidad social una cosa puede ser (o mejor, puede llegar a ser mediante el cumplimiento de ciertas condiciones objetivas) al mismo tiempo su contraria.
Desde otra perspectiva y salvando las distancias: Aristóteles, en su Metafísica, presenta la siguiente formulación del principio de no contradicción: «es imposible que, al mismo tiempo y bajo una misma relación, se dé y no se dé en un mismo sujeto, un mismo atributo»”. Ciertamente la negación de la contradicción viene de lejos y a algunos, como a Kant, el concepto de contradicción antagónica le hacía huir despavorido.
Por otra parte he leído que Manuel Sacristán, sospecho que bebió de estas mismas páginas, solía explicar en sus clases  la dialéctica marxiana utilizando un ejemplo similar, pero en su caso “la cosa y su contrario” se encarnaba en la figura del capataz: al mismo tiempo obrero o “intelectual” asalariado y, en su otra vertiente, leal ejecutivo con la primordial función de imponer las normas y reglas dictadas por el amo capitalista: vigilar todo y a todos, garantizar el estricto cumplimiento de la productividad estipulada por el patrón, horarios, etc… labor que está en razón directa frente y en tensión contradictoria, al polo opuesto de su “otra”, y principal, condición social subordinada, y de devota sumisión, de vulgar vendedor de fuerza de trabajo, de común generador de plusvalía (trabajo excedente) al servicio “del poder que le es ajeno, que lo domina y explota”.


Aquí (Marx en el capítulo XI está hablando de la industria gremial de la Edad Media y de las restricciones cuantitativas por ley a la contratación de obreros-aprendices por parte del maestro artesano), como en las ciencias naturales, se confirma la ley formulada por Hegel en su ‘Lógica’, según la cual simples cambios cuantitativos producen, al llegar a cierto grado, diferencias cualitativas”.

(Karl Marx, Tomo I, El Capital)

Anoto aquí esta breve cita de “El Capital” para señalar algunos aspectos controvertidos que han surgido a partir de ella o, mejor dicho a la vista del original, a partir de las “traducciones” interesadas que han perpetrado los más variopintos y sucesivos epígonos.
Para empezar observo que Marx concreta con un “aquí” su referencia a una “ley formulada por Hegel en su ‘Lógica’ y, además, matiza: “como en las ciencias naturales”.
De tal modo que queda claro, es mi opinión a pie de página, que Marx no está formulando o estableciendo ninguna ley universal de obligado cumplimiento (simplemente está citando la coincidencia de una legislación medieval con una ley formulada por Hegel), factible   en cualquier tiempo y circunstancia, ¡y mucho menos en el campo de las ciencias sociales! Lo que de ser cierto, convertiría a Marx en un charlatán acientífico desconocedor además de la más elemental dialéctica materialista ¡aquella que él mismo concibió y cimentó!

Cierto que los manuales escolásticos soviéticos, y satélites, han  divulgado tesis supuestamente marxianas (por ejemplo sobre y separadamente  los conceptos de cantidad y calidad y los consiguientes e ‘ineluctables’ saltos cualitativos debidos al mero hecho de la oportuna acumulación cuantitativa) que se demuestran fruto de lo que fue y sigue siendo, una burda manipulación o, cuando menos, de una vulgarización con pretendida intención “didáctica” tan empobrecedora como distorsionada de los auténticos postulados originales de Marx. Pero gente tan inteligente y preparada como, por poner un ejemplo, el “Premio Príncipe de Asturias” Mario Bunge, no debería comportarse como un vulgar oportunista de derechas para, en fetiche fabricado por mano ajena, ridiculizar el carácter científico de “toda la obra” de Marx.
En cualquier caso, los marxistas no debemos responder cayendo en la tentación de devolver el golpe con la misma medicina e idéntica dosis  y despreciar, también, “toda la obra” de Bunge. Es preferible  saber distinguir la parte sana y veraz… que me consta que existe.

ELOTRO

“Cuando quieres desacreditar un principio dices que es una astucia. Este considerar aceptable sólo la ingenuidad, el entusiasmo desinteresado, es romanticismo”.
(Cesare Pavese)


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