Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 30 de octubre de 2016

19 de octubre/2016





“Sólo si uno tiene una mirada cándida y optimista (conservadora) puede pensar que las cosas son como son”
(Piglia)


Citas de Mario Levrero:

“Lo que uno ha sembrado fue creciendo subrepticiamente y de pronto estalla en una especie de selva que lo rodea por todas partes, y los días se van nada más que en abrirse paso a golpes de machete, y nada más que para no ser asfixiado por la selva; pronto se descubre que la idea de practicar una salida es totalmente ilusoria, porque la selva se extiende con mayor rapidez que nuestro trabajo de desbrozamiento y sobre todo porque la idea misma de «salida» es incorrecta: no podemos salir porque al mismo tiempo no queremos salir, y no queremos salir porque sabemos que no hay hacia dónde ir, porque la selva es uno mismo, y una salida implicaría alguna clase de muerte, o simplemente la muerte. Y si bien hubo un tiempo en que se podía morir cierta clase de apariencia inofensiva, hoy sabemos de aquellas muertes eran las semillas que sembramos de esta selva que somos. Cuando se llega a cierta edad, uno deja de ser el protagonista de sus acciones: todo se ha transformado en puras consecuencias de acciones anteriores.”


“¿Podríamos decir que «lo que no escribís, no lo vivís?
Algo así; tal vez no tan extremo, pero algo así. Por lo menos, «lo que no pienso, no lo vivo». Pero me consuelo pensando que podré pensarlo después, rescatarlo”.

“No hay, como decía Lao-Tse, más que llegar a lo más alto para empezar a caer”.


(decir lo indecible, aprehender lo inaprensible, pensar lo impensable)
A propósito de las vías institucionales y su “imperativa” idoneidad como espacio e instrumento representativo, democrático y civilizado para proponer, debatir y, en su caso, reformar o cambiar, “como está mandado”, las leyes que rigen el funcionamiento del Estado, quizá convenga recordar lo acontecido a este tenor en la Francia del “gran siglo XVII”. 
Fue por entonces que se consolidó el Estado centralizado. La nobleza, el clero y el estado llano cumplían cada una en su esfera con su papel social: la guerra y los placeres, el saber y el conocimiento y la producción y comercio respectivamente.
El caso es que ciertos nuevos conocimientos críticos (Desde Rabelais a Kepler, Galileo o Descartes…) que surgieron con el crecimiento del saber durante la época, complicó las cosas a la Iglesia y sus instituciones que manejaban con mano de hierro, y fuego, este “estamento” del Estado.
No se podía poseer, transmitir ni acrecentar el saber crítico, siempre incómodo, hereje o apostata, que buscaba socavar las bases de la sociedad existente. Y ante la marginalidad autogestionada y casi clandestina o los exilios a los que fueron desplazados estos cabezotas “sabios subversivos”, la iglesia contraatacó “institucionalizando”, atando en corto, el conocimiento mediante las academias y el academicismo. Y a estas alturas conocemos de sobra la extraordinaria eficacia del diagnóstico y la terapia prescrita y aplicada. La potencial rebelión contra los poderes y el estamento fue sofocada.
En las vías institucionales sus “absolutistas” administradores criban, detienen, estancan o bloquean cualquier atisbo de cuestionamiento “sustancial” del orden establecido. Tres siglos después, el ardid, con adecuadas actualizaciones pecuniarias, de seguridad y confort que garantizan la sumisión intelectual y el “hamburguesamiento” social, sigue en pleno y más que satisfactorio funcionamiento.


¿Qué han hecho sino poner en circulación la calderilla de Marx junto a algunas monedas falsas?
(Henri Lefebvre)

“La conciencia política de clase no se le puede aportar al obrero más que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera en que se pueden encontrar estos conocimientos es la esfera de las relaciones de todas las clases y capas con el Estado y el Gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre sí”.
Lenin, febrero de 1902, “Qué hacer” 


“Me sucede a veces, y siempre que sucede es casi de repente, que surge en medio de mis sensaciones un cansancio tan terrible de la vida que ni siquiera se da la hipótesis de un acto con el que dominarlo. Para remediarlo, el suicidio parece inseguro; la muerte, incluso supuesta la inconsciencia, todavía poco. Es un cansancio que ambiciona, no el dejar de existir —lo que puede ser o puede no ser posible—, sino algo mucho más horroroso y profundo, el dejar de siquiera haber existido, lo que no hay manera de que pueda ser”.


“Escribo como quien duerme, y toda mi vida es un recibo por firmar”.

(Fernando Pessoa)


ELOTRO

“Invertir el mecanismo del seudónimo”
(Piglia)


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