miércoles, 26 de octubre de 2016

16 de octubre/2016




Episodios de lecturas…salta a la vista que los que más… y entretanto mis congéneres coetáneos, “viven”… y a ratos yo les observo –ojo avizor- y luego, o si se tercia en el mismo momento, hago anotaciones breves… en las que, al menos eso pretendo,  analizo, critico, califico, juzgo… o descarto por falta o exceso de lo que el menda entiende en cada ocasión por sustancia… y entonces me limito a constatar, y fijar sobre el papel o en la grabadora lo mío, mis más o menos intencionadas, caprichosas o interesadas percepciones. Pero la mayoría de estos garabatos (literatura bastarda y propagandística en el mejor de los casos) no los traigo aquí… son, de momento, sólo aptos para consumo propio…¡ya se pueden imaginar!

¿Cómo pueden pasarse sin nosotros?
(Pavese)





Ha caído en mis manos un librito de Karl R. Popper, titulado “La miseria del historicismo”. Me llamó la atención el título y lo compré, total pensé, por un euro… a sabiendas de que el autor era un tipejo, digo intelectualmente, de lo más despreciable: clasista, reaccionario y pro imperialista de los más babosamente fanáticos… además de ser y haber sido, no podía ser de otra manera, el ídolo y gurú ideológico de otro ser, y van tres, tan abyecto como él mismo: Mario Vargas Llosa, el que fuera “más fidelista que nadie”, y posteriormente pelele electoral de la CIA en su Perú natal y amigo del alma y negocietes de Felipe, el campechano y demás escoria de buen nombre.

Popper es el arquetipo supremo del filósofo judío (estatus y condición y paripé victimista que se piensan -seis millones asesinados por los nazis frente a veinte millones de rusos- les convierte, del primero al último, en intocables moral, política y socialmente)  y por encima de todo, anticomunista venenoso… los nazis ciertamente no eran buenos, reconoce, pero lo de los comunistas, él sabrá el porqué, es de traca… y además:  

“Pensaba que los judíos debían integrarse a las sociedades en las que vivían, como había hecho su familia (en la Gran Bretaña ya subordinada al nuevo poder imperial), porque la idea del "pueblo elegido" le parecía peligrosa. Presagiaba, según él, las visiones modernas de la "clase elegida" del marxismo (de dónde sacaría esta expresión, de los clásicos del pensamiento marxista desde luego que no) o de la "raza elegida" del nazismo”.

Como Nabokov, el tal Popper (1902-1994) procedía de una próspera familia de origen judío que para entonces profesaba el protestantismo, digo con pasta y, cómo no, formidable  biblioteca casera, bien comida, vestida y servida, que lamentablemente no pudo evitar que se desplomaran sus finanzas –cositas del capitalismo, pero seguro que a ojos del susodicho la culpa en última instancia sería de la chusma marxista que se empeñaba en desestabilizar “el mejor de los mundos posibles”… para el bando explotador,¿no es cierto Sir?- en los convulsos años de principios de siglo: huelgas obreras, rebeliones campesinas, guerras colonialistas e imperialistas, revoluciones... que no dejan a las gentes de bien disfrutar del botín…
Y el caso es que en los años veinte nuestro pensador capitalista-anticomunista “liberal” (luego Sir Karl Popper), coleguilla y colaborador tiempo después del  famoso sociólogo y economista liberal Friedrich August von Hayek, este sujeto tiene también curriculum  para echarle de comer aparte pero hoy no toca, ingresó –idioteces de chiquillo insensato- en las juventudes socialistas en aquella agitada “Viena Roja” tras la debacle del Imperio austrohúngaro.    

Sigamos con la dedicatoria que alfombra la entrada del citado libelo y que ya despeja algunas dudas:

“En memoria de los incontables hombres y mujeres de todos los credos, naciones o razas que cayeron víctimas de la creencia fascista y comunista en las Leyes Inexorables del Destino Histórico”.




Así que según nuestro supuesto y brillante filósofo y teórico de la ciencia, los racistas criminales sionistas (ver muescas de palestinos y demás…) autoproclamados como “pueblo elegido” y los racistas criminales nacional-socialistas (ver sobre todo rusos “bolcheviques” y rojos de cualquier nacionalidad, judíos –salvo  potentados y capos religiosos colaboracionistas, Hannah Arent, también anticomunista y judía dixit-, comunistas, socialistas, anarquistas, gitanos…) autoproclamados miembros y garantes de la “raza elegida”, resultan ser directamente equiparables a una clase social, la clase trabajadora –no precisamente esa masa inofensiva, sometida en la ignorancia, atomizada y sin rastro de conciencia de clase, sino la más preparada, consciente y avanzada sindical y políticamente que se agrupa, en la clandestinidad la mayoría de las veces, en organizaciones revolucionarias marxistas, según especifica el meticuloso escriba- despojada y explotada por el capitalismo y consecuentemente llamada “objetivamente” –lo que se deduce no de su pureza de sangre ni de la autenticidad divina de su fetiche religioso preferido  sino de su posición y función en el modo de producción capitalista- a sacudirse tal yugo -que por cierto somete también de igual forma aunque en menor medida y con cierto escalonamiento de privilegios a la funcionarial y medio parasitaria clase media y al resto de profesionales e intelectuales de más alto nivel pero igualmente asalariados (sin propiedad de “importantes” medios de producción) vendedores de su fuerza de trabajo, de sus conocimientos, etc.- y a rebelarse contra ese sistema criminal de producción y propiedad.  La clase social que, siendo la más importante generadora de (valor) riqueza (dentro y no por propia voluntad del modo de producción), resulta que según la normativa del Sistema del reparto de la tarta: no la cata (o para ser precisos, lo justo para sobrevivir y reponer fuerzas físicas y psíquicas y mientras esté en disposición de ofrecer en alquiler una fuerza de trabajo en cantidad y calidad competitiva en el sacrosanto mercado capitalista).  
Nada nuevo en la historia, pues salvando las distancias, así ocurrió  en su momento “histórico”, como bien sabe y calla Popper, cuando emergió la propia clase burguesa, por entonces revolucionaria, frente al ya por aquella época, caduco, obsoleto y “objetivamente” contrarrevolucionario,  “Estado absolutista” al servicio de la aristocracia feudal. Claro que como su eminencia sostiene que la historia no tiene nada que enseñar… ("...aplicar la inteligencia del pasado a la crítica del presente", afirma por su parte Franco Moretti) al materialismo histórico hay que demonizarlo…o desacreditarlo enlazándolo ni más ni menos que con el espantajo nazi-fascista que fabrica y potencia  el capitalismo cuando las circunstancias prerrevolucionarias lo aconsejan…

En fin, ya para terminar dejo un apunte que se me antoja una pequeña muestra, y no por ello menos  patética, de la esplendorosa y torticera “imaginación” de Sir Karl R. Popper:

“Con el título de “La miseria del historicismo” quise aludir al título del libro de Marx “La miseria de la filosofía”, a su vez una referencia a “Filosofía de la Miseria”, de Proudhon”.

No hay más preguntas, señoría.

ELOTRO

“Siempre pensamos que vemos por primera vez hechos y cosas que hemos ido aprendiendo a descubrir sin saberlo”.
(Piglia)


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