lunes, 24 de octubre de 2016

15 de octubre/2016



“No bastan las desgracias para hacer de un tonto una persona inteligente”.
(Pavese)

“Yo: el peso de lo real que lleva a resignarse, a vivir la vida trivial, a integrarse”
(Piglia)






La libra tornesa (de Tours) Consultando algunos datos en un librito de Norman Hampson titulado “Historia social de la Revolución Francesa, en una vieja edición de Alianza Editorial de 1970, y por cierto traducido por el ínclito Javier Pradera, he conocido la existencia de la “libra tornesa”:  

libra tornesa, llamada así porque se empezó a acuñar en la ciudad de Tours  en la Edad Media, fue la unidad monetaria oficial del reino de Francia hasta 1795, cuando se creó el franco”.

Todo esto viene a cuento de unos datos que Hampson ofrece sobre la nobleza de la época. En concreto nos informa de que el duque de Orléans, uno de los nobles franceses más ricos de la época, obtenía de renta por sus dominios un ingreso anual de unos 8 millones de las susodichas libras (tornesas). Y a continuación puntualiza que en la Francia del siglo XVIII algunas “ocupaciones” estaban reservadas en exclusiva para la nobleza (opulenta): puestos de mando militar, embajadas y altas dignidades de la iglesia (Estado, Ejército e Iglesia). El mando de un regimiento ordinario, por ejemplo, podía costar 40.000 libras (tornesas), y un grado importante en regimientos de la Casa Real, se nos dice, costaba muchísimo más. Añade Hampson que sólo la élite de la nobleza podía permitirse “esos precios” en la compra de tales “empleos”. En esta muy restringida, clasista, subasta de puestos de poder digamos intermedios (bonita y muy meritoria manera de repartirse el pastel económico y político-social), ya comprenderán que el plebeyo ni está (ni tan siquiera se ha podido enterar) ni se le espera… llegó mucho más tarde, enceguecido por la furia y la rabia larga, y en compañía y desgraciadamente al servicio de otros, allá por el año 1789… pero esa es otra historia.


¿Retrato o caricatura? No sabría decirlo, pero resulta reconocible:
“-Sucede que ves las cosas desde tu punto de vista, y cuando crees que algo es de una manera determinada no puedes admitir que, en la realidad, pueda ser de otro modo.”
(Mario Levrero, “La ciudad”)





Rem Koolhaas, arquitecto, 71 años, holandés, premio Pritzker:

Observar y analizar para poder innovar.

Saber mirar sin prejuicios.

La belleza del viaje está en el descubrimiento, en la falta de familiaridad con lo que ves y con las situaciones a las que te enfrentas.

Dos lugares opuestos espacialmente (no sólo) no miran al mundo desde el mismo punto de vista.

Te descoloca y a la vez te orienta.

Estamos mal relacionados con el mundo.

Vivimos en una sociedad de “libre mercado” y mucha arquitectura responde sólo a eso.

Se centran en lo que cambia más que en lo que permanece. 

Paradójicamente, he diseñado siempre para clientes a la antigua, encargos estatales que aíslan los edificios de las presiones de la economía de mercado.

¿Qué es radical hoy en arquitectura? No somos tan banales como para considerar radical todo lo que hacemos. Nuestro mejor trabajo es imaginativo, se centra en posibilidades inesperadas y en no desperdiciar nada material o conceptual.

Me obsesiona la capacidad del mundo para fomentar y absorber el cambio.

No creo que se puedan tener creencias fijas, inquebrantables. La vida se encarga de cuestionarlas.

Tenemos una reputación enfermiza.

Nunca he conocido a un arquitecto estrella. Este es un trabajo extenuante.

¿Le hizo cuestionarse su trabajo? 
Bueno…, añade interpretaciones.

Luchamos de la manera menos glamurosa en muchos frentes.


Construir es una ducha fría que vacuna ante cualquier vanidad. 

Habla de su voluntad de entender el mundo por encima de hacer carrera. ¿Alguien con ese anhelo es necesariamente un solitario? 
No lo soy para nada.

He defendido siempre la necesidad de tener una vida privada. Pero mis mejores amigos operan en ambas esferas, la pública y la privada.

Hice un gran esfuerzo, sobrehumano diría, para llegar a Bilbao vía Bolonia y Múnich. Llegué tarde, pero llegué. Resultado: me porto como una diva.

Uno podía ver ya los efectos de la globalización. Cada vez había menos occidentales entre los alumnos. Era absurdo desperdiciar esa información para continuar con lo de siempre, imponiendo la tradición y la mentalidad occidentales.

Pensé que la escuela podía transformarse en algo más creativo capaz de generar conocimiento colectivo en lugar de impartir unidireccionalmente el del profesor.

¿Su arquitectura le representa más a usted o a sus clientes?
Todo empieza con lo que ellos piden. Rehacemos ese rompecabezas dándoles más de lo que se les había ocurrido pedir.

Hay un divorcio radical entre la vivienda de los necesitados y el mundo de la arquitectura.

Mucho de lo que decimos busca impactar. Las provocaciones son importantes para obligar a pensar, pero no me siento en un trono y me pongo a pontificar. Con todo, necesitamos una relación más activa y directa con la realidad. Volver a tocar el mundo.

¿Por qué es tan importante nadar para usted? Es algo físico. Moverse es fundamental.

Solo hay un arma: los argumentos.

Hay una generación capaz de saber lo que prefiere y lo que le importa, pero incapaz de hacer el más mínimo esfuerzo por conseguirlo. Eso me parece un crimen.

¿Ha cambiado de valores a lo largo de su vida? Seguro. Sería de muy mala educación no hacerlo.

Nunca sería tan ridículo como para defender la frugalidad como mi fuerza vital. Me interesa vivir con poco, pero no hago ningún sacrificio. Soy un consumidor más. No soy una persona ascética. Ni me opongo a la riqueza de otros. Pero es cierto que la frugalidad es una cuestión intelectual para mí. Y supongo que crecer en Indonesia me ayudó a concederle esa importancia a las cosas: valoro más saber vivir con poco que tener mucho.

¿La frescura no es un atributo superficial? 
Es sustancial. Cualquier edificio que cuestione lo que se espera puede ser relevante.

¿Por qué es importante que la arquitectura haga pensar?
También me gusta la que no hace pensar. 

La ciudad no tiene ningún edificio bonito. Pero el conjunto es irresistible.

Se suele decir que arquitectura es solo el 4% de lo construido. A mí me encanta que sea tan poco porque es eso, que sea algo escaso, lo que la lleva a ser ambiciosa…


Por si eso:
“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”
(Italo Calvino, “Las ciudades invisibles”)


ELOTRO

“La literatura es una defensa contra las ofensas de la vida”
(Pavese)


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