Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 27 de septiembre de 2016

Pensar es producir





21 de septiembre/2016
(El otoño ha venido pero, al menos en Madrid, el verano no se ha ido. Ni los buenos melones…)


Hacer del límite materia.
(Pavese)


Notas de lecturas: Sacristán prologa a Labriola.

El Sacristán prologuista goza con toda justicia de un gran prestigio, aunque se suele destacar sobre todos, y de camino voluntaria o involuntariamente se ensombrece al resto, su magistral prólogo al Anti-Dühring de Engels. Pues bien, traigo aquí unas notas de su “Por qué leer a Labriola”, pequeño ensayo que me parece un espléndido ejemplo de la capacidad de Sacristán  para no sólo sintetizar su muy peculiar pero precisa y creativa “lectura” del texto “clásico”  que sigue al  introito sino, al mismo tiempo, su aguda y clarividente manera de argumentar, analizar y evaluar, siempre desde el pensamiento crítico y la perspectiva histórica debida y centrada ésta en el que fue el determinante contexto histórico que le dio origen y, tras el tiempo transcurrido desde entonces, el que es asimismo el contexto social, político y cultural contemporáneo a la propia  edición (Barcelona 1968) que prologa.
Las cosas en su sitio, la abstracción teórica en su situación (espacial y temporal) concreta.
Y nuestra lectura, aquí y ahora… sólo queda internarse en el texto y… ver qué pasó y qué está pasando… sí, pero por cuenta propia.

ELOTRO





Del prólogo de Manuel Sacristán al libro de Antonio Labriola: “Socialismo y filosofía”.

En el marxismo no tiene sentido distinguir, a la manera de los escolásticos, entre materialismo dialéctico y materialismo histórico como cuerpos de doctrina, o entre economía y sociología marxistas. Pues esas divisiones sólo son válidas en cuanto se aplican a las disciplinas instrumentales (instrumentales desde el punto de vista de la noción marxista de conocimiento, que es conocimiento de lo concreto para la fundamentación de la práctica revolucionaria). Desde luego que la matemática no es física, ni economía, etc. Pero desde el punto de vista marxista ninguna de esas disciplinas es conocimiento sustantivo, sino sólo instrumental. Sustantivo es exclusivamente el conocimiento de lo concreto, el cual es un conocimiento global o totalizador que no reconoce alcance cognoscitivo material (sino sólo metódico-formal) a las divisiones académicas.

Para Marx, la fuente de conocimiento es la realidad en toda su integridad y complejidad... (no ningún tipo o especie de “Biblia” teórica preexistente, a la manera escolástica). El punto de vista marxista del pensamiento de lo concreto se sitúa frente a la función mistificadora del pensamiento especulativo abstracto, de su ideal del conocer. El marxismo es conocimiento de la complejidad real y excluye todo reductivismo a la sociología, a la economía, o a cualquier otra teorización parcial o abstracta, sólo justificable desde el punto de vista del conocimiento de la realidad plena: “Porque el verdadero problema –escribe Labriola- es éste, que no se trata de sustituir la historia por la sociología, como si la historia hubiera sido una apariencia que celara una realidad más básica; se trata de entender integralmente la historia en todas sus manifestaciones intuitivas, y de entenderla por medio de la sociología económica. No se trata ya de separar el accidente de la sustancia, la apariencia de la realidad, el fenómeno del núcleo intrínseco, o como quieran decirlo los secuaces de cualquier escolástica; sino de explicar el entrelazamiento y el complejo precisamente en cuanto que entrelazamiento y complejo”

(¡Y los posmodernos estructuralistas estaban por llegar! Recuerdo el lamento de Sacristán por el tiempo que había perdido leyendo a los “nuevos filósofos franceses”…)

El adverbio “precisamente” no es, esta vez, ortopedia, sino oportuna indicación de la diferencia entre conocimiento dialéctico y conocimiento genéricamente abstracto. (…)



Labriola deja ya en claro, con más precisión que cualquier otro escritor marxista antes que él (y que muchos a él posteriores), la novedad e independencia del marxismo como totalidad concreta, el hecho de que este pensamiento no pertenece a ninguna “especialidad”, a ningún “género literario” preexistente. También Labriola distingue, como más tarde Lenin, tres elementos constitutivos del marxismo, aunque es evidente que ninguno de los dos conoció el paso del joven Marx en que se podría fundar (algo superficialmente) esa distinción. Y hasta se podría decir que se trata de los mismos tres elementos, aunque diversamente descritos: filosofía, crítica de la economía y política proletaria, los tres aspectos indicados por Labriola, se corresponden obviamente con los tres distingos de Lenin (filosofía alemana, economía clásica británica y socialismo francés). (…)

El siguiente paso de la IIª Carta a Sorel es probablemente de los mejores al respecto: “Todos los  escritos de nuestros autores (Marx y Engels) tienen un fondo común, que es el materialismo histórico entendido en el tríplice aspecto de tendencia filosófica en cuanto a la visión general de la vida y del mundo, crítica de la economía que tiene modos de procedimiento reducibles a leyes sólo porque representa una determinada fase histórica, e interpretación de la política y, sobre todo, de la que se necesita y es adecuada para dirigir el movimiento obrero hacia el socialismo. Esos tres aspectos, que aquí enumero abstractamente como siempre ocurre por comodidad del análisis, eran misma cosa en la mente de los autores”. (…) “Es verdad que aquellos tres órdenes de estudio y de consideraciones componían una sola cosa en la mente de Marx y que, aparte de eso, fueron una sola cosa en su obra y su hacer. Su política fue como inherente a su crítica de la economía, que era a su vez su modo de tratar la historia”. (…)



Era además una caracterización del marxismo como pensamiento ajeno (salvo por la relación instrumental) a la actividad intelectual compartimentada, y en ruptura con una tradición milenaria en la teoría del conocimiento y de la ciencia, la tradición clasista, mistificadora y fetichista que glorifica la especulación abstracta sustantivada en conocimiento real, afirmada como supremo ejercicio de humanidad libre y contrapuesta más o menos abiertamente al servil esfuerzo de la práctica.

“…el marxismo es uno de los modos según los cuales el espíritu científico se ha liberado de la filosofía sustantiva” (…) Labriola conceptúa el marxismo como unidad de una crítica, una teoría y una práctica lo que le basta para no reducirlo nunca a teoría pura o en sentido formal”. En “Discorrendo di socialismo e di filosofía” Labriola indica una importante consecuencia de la falacia naturalista, y redondea su exposición con una humorística profecía hoy absolutamente cumplida por la escolástica de los manuales de “materialismo dialéctico”. Habla Labriola de “un grave peligro, a saber, que muchos de esos intelectuales olviden que el socialismo no tiene fundamento real sino en las presentes condiciones de la sociedad capitalista, en lo que puede querer y hacer el proletariado y el resto del pueblo dominado; el peligro, esto es, de que por obra de los intelectuales, Marx se convierta en un mito, y que mientras ellos discurren de arriba abajo y de abajo a arriba por toda la escala de la evolución, al final, se ponga a votación el filosofema: el fundamento del socialismo se encuentra en las vibraciones del éter”.

(…) Labriola entiende el principio de la práctica con una coherencia que ha faltado alguna vez a los mismos grandes clásicos del marxismo, a Engels, por ejemplo, en determinadas consideraciones epistemológicas en el Anti-Dühring. Labriola enseña explícitamente que “todo acto de pensamiento es un esfuerzo, o sea, un trabajo nuevo” y, más lapidariamente, que “pensar es producir”. Bastante pronto, por otra parte, había apuntado la inseparabilidad del principio del materialismo y el principio de la práctica (inseparabilidad postulada por Marx en las Tesis sobre Feuerbach).

Manuel Sacristán / Barcelona, 1º de mayo de 1968


“Pero se olvidan de añadir que a esas frases por ellos combatidas no saben oponer más que otras frases y que al combatir solamente las frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real existente”.
(Marx/Engels, La ideología alemana)


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