Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 1 de septiembre de 2016

La tarea de Sísifo





“La conciencia no es más que un husmeo,
un color conocido al tacto”
(Cesare Pavese)

Se ha dicho, yo lo he leído, que en el lenguaje se encuentra aquello que nos hace más distintivamente ser lo que somos. Digo yo que será entre otras cosas: incluidas aquellas que hablan de lo que no somos, de lo que aún no hemos llegado a ser, de lo que hemos dejado de ser, de la no identidad, de la diferencia, de la negación… ya lo dijo Whitman: ¿Me contradigo? Pues bien, me contradigo. Soy inmenso, contengo multitudes”, lejos de la grosera bidimensionalidad de pretensiones totalizadoras.

Adorno, el apologista de la diferencia y la heterogeneidad, escribe: “Lo distinto aparecerá divergente, disonante, negativo, mientras la estructura de nuestra conciencia nos obligue a aspirar a la unidad, esto es, mientras mida lo que no es idéntico con su pretensión de totalidad”.





La mercantilización (la fetichización de la mercancia) supone, entre otras cosas, la ruina de toda identidad distintiva, y eso aún conservando la diferencia del valor de uso. Los dominios del lenguaje no están libres, más bien lo contrario, de tales influencias distorsionadoras. El lenguaje del poder, el dominante, actualmente digamos su versión posmoderna, fomenta el culto a lo homogéneo, digo más allá del catálogo de multiformas, y se afana en nivelar y homogeneizar, o lo que es lo mismo, en laminar cualquier manifestación diferenciada tanto subjetiva como, en mayor medida, colectiva. Ese lenguaje “generalizador y allanador” es sólo charlatanería metafísica que arruina toda identidad distintiva, o sea y en su caso, el carácter concreto de la verdad: siempre revolucionaria. En definitiva uniformar lo diverso, igualar falazmente identidades opuestas  para así, una vez moldeadas y ya desposeídas de cualquier forma o nivel de autonomía, poder permutarlas cuándo y como interese. De tal modo que se deshace de los contenidos y queda en pie unícamente un abanico de formas, atractivos envoltorios, que aparentan mostrar “diversas” promesas de felicidad “individual”. Para bajar de las alturas abstractas y poner pie en tierra ( "elevarse de lo abstracto a lo concreto", Marx dixit) digamos que en las ofertas políticas electorales, como en muchos otros “campos” de la sociedad, se aprecia perfectamente este fenómeno que pretendemos subrayar. Y llegados a este punto debo confesar que emboscados en el texto se encuentran diversas citas sin entrecomillar, siguiendo el consejo de Benjamin, y procurando no pecar excesivamente de pedantería, a pesar de que: “Se confirma que el uso de palabras no habituales en tv. o en el Marca, puede provocar dolorosos esquinces cerebrales en los militantes del sentido común”.





Lo visible es sólo un ejemplo de lo real.
Paul Klee

Pero hoy en día, como también se aprecia en el llamado, y dramáticamente abaratado, arte contemporáneo, los medios de (des)información ocultan lo real por medio de la incesante y apabullante multidifusión de imágenes y ruídos, ¡millones de ejemplos en toda la inmensa gama de soportes!, fabricadas ex profeso para, además de ocupar la casi totalidad del escenario y de la emisión de mensajes propagandísticos y autopublicitarios, invisibilizar, literalmente enterrar, la zona o cara inconveniente, embarazosa, perturbadora, de la auténtica realidad. Hacer chatarra de la razón, he ahí el producto que oferta mediante su estilizado y camandulero lenguaje, la barbarie irracional del capitalismo neoliberal.

Ya sabemos, todo orden social se estetitiza. Decía Foucault que prefería un poder evidente a uno encubierto. Yo también “Ocúpate del capitalismo salvaje que del capitalismo con rostro humano ya me encargo yo”, pero mucho me temo que ellos, tan fanáticos de la eficacia, no. La estetización atempera, por lo tanto no es tan ajena como se nos dice habitualmente  al “utilitarismo”, siendo ese pues, su colorista “colaboracionismo” con la barbarie. Los españolitos que hemos vivido bajo el franquismo algo sabemos del miserable y falaz disfraz “estético” del fascismo, que, por otra parte no conviene dejar de reseñar, para los entusiastas adeptos al Régimen que acabaron por integrar la “mayoría sociológica” del país, resultaba visiblemente gratificante. Y ahora, 2016, incluso de su pervivencia nostálgica entre aquellos que, cómo no, se declaran demócratas de toda la vida. Esa es una muestra de su, por así llamarla, oportunista y triunfante “ética”. Otra cosa es ignorar la capacidad del Sistema para desarmar y desmoralizar a sus rivales.




Esa estética tan desconectada de la vida real, tan a contrapelo de lo auténtico, aunque aparentemente se muestre radicalmente crítica con las “viejas” formas, modernistas, del Sistema, resulta siempre harto complaciente con los contenidos que legitiman el orden establecido (moderno y posmoderno), comparte los mismos valores reducidos a banalidades (ni de izquierdas ni de derechas, negacionismo de los conflictos y contradicciones de carácter antagónico: económicos, políticos, sociales, ideológicos…) que fundamentan el exangüe discurso  del posmodernismo.

En fin, en fin, creo que viene a cuento terminar con esta ilustrativa cita de Benjamin, en la que habla de mercantilización, enajenación… y resistencia:


“El interior es el refugio del arte. El coleccionista es el verdadero habitante del interior. Hace del ensalzamiento de las cosas algo suyo. Sobre él recae la tarea de Sísifo de poseer las cosas para quitarles su carácter mercantil. Pero les otorga sólo el valor de quien las aprecia, no el valor de uso. El coleccionista no se sueña solamente en un mundo lejano o pasado, sino también en uno mejor, en el que ciertamente los hombres tampoco disponen de lo que necesitan, como en el mundo cotidiano, pero en el que las cosas quedan libres de la servidumbre de tener que ser útiles.”

Walter Benjamin. París, capital del siglo XIX. El libro de los pasajes


ELOTRO



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4 comentarios:

  1. “Si la gente quiere ver sólo las cosas que pueden entender, no tendrían que ir al teatro: tendrían que ir al baño.” Bertolt Brecht.

    Salud

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  2. Cierto, pero por otra parte:
    Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.

    Paulo Freire. Pedagogía de la Autonomía.

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    Respuestas
    1. No hay contradicción entre ambas citas, sino todo lo contrario.
      ____________

      Que "las cosas queden libres de la servidumbre de tener que ser útiles" es un buen comienzo para que, algún día, sea el hombre el que pueda emanciparse de dicha servidumbre.

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    2. Completamente de acuerdo, sobre todo teniendo en cuenta que no todas las contradicciones tienen necesariamente que ser antagónicas, sino que más bien la mayoría resultan complementarias...

      Salud

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