Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 15 de septiembre de 2016

La, por lo visto, ineludible “hamburguesación” del intelectual asimilado…







“La madurez me había vuelto gordo y perezoso y seguía viviendo de unas reservas de experiencia pasada que se me estaban agotando. Me sonaba en los oídos una frase de Graham Greene, algo así como que si quieres hablar del dolor humano tienes que compartirlo”.

(John le Carré)

Esta reflexión de John le Carré me recuerda la afortunada sentencia de Eduardo Galeano: “A cierta edad la mayoría de los intelectuales se “hamburguesan”. De ahí la gordura, de ahí la pereza, sobre todo mental. Y de ahí la plena aceptación, por parte de los afortunados en el reparto, del “mercado”, de sus reglas, de sus líneas rojas y de sus tabúes, de sus sacrosantos principios, y, sobre todo: de sus objetivos finales: el lucro a costa de lo que sea. O sea, de quien sea.


Y sigo leyendo: “El pasaje más emotivo de su relación (la de John le Carré) con el cine es la visita que recibió en 1965, cuando asistía a su primera feria (del libro) de Frankfurt. Alguien le llamó de recepción para decirle que Fritz Lang le estaba esperando en el vestíbulo. Tardó bastante en entender que quien estaba abajo no era alguien que se llamaba como el director de Metrópolis sino que era, efectivamente, el gran realizador alemán.

Quería adaptar Asesinato de calidad —“Escuche, yo conozco a esa gente. Son amigos míos. Podríamos dejar que financien la película”—, pero durante la conversación se dio cuenta de que el maestro estaba prácticamente ciego. Sin embargo, no fue eso lo que impidió que el proyecto llegase a puerto. “Nunca volví a tener noticias de Fritz Lang. Mi agente cinematográfico me dijo que nunca las tendría. No mencionó la incipiente ceguera del director, pero la sentencia de muerte que pronunció fue igual de demoledora: Fritz Lang ya no tenía valor de mercado”.

Repitamos en voz alta: “Fritz Lang ya no tenía valor de mercado”. Bueno, aquí topamos de nuevo con el omnipresente y omnipotente mercado, y con la absoluta mercantilización de las personas y de lo que producen, del fruto de su trabajo manual y mental, y de las correspondientes relaciones de producción, propiedad, el consumo y de la compra y la venta.




Aprovechando el interesante comentario del gran escritor que ejerció durante años como espía del llamado bloque occidental, digamos capitalista, salta a la vista que lo más "cinematográfico" del asunto es que la gentuza que de facto despacha, otorga o deshecha, los certificados de "VALOR" en ese mercado único, sólo tienen (entienden) de cine, el capital. ¡Un capital acumulado por la explotación de la fuerza de trabajo asalariado, y que en una buena parte procede, al fin y al cabo dicho capital no es más que  trabajo consolidado, de la mismísima explotación de la fuerza de trabajo y del genial talento de, entre otros, Lang!
Creo que viene a cuento aquí el pequeño poema de Brecht, que tanto citaba Lang, y que lleva por título: Hollywood

Cada mañana, para ganarme el pan,
voy al mercado donde se compran mentiras.
Lleno de esperanza
me pongo en la cola de los vendedores.

Y abundando, a los maledicentes que le reprochaban haberse afincado en la zona comunista de Alemania, RDA, Brecht les respondió: "No tengo mis opiniones porque estoy aquí, sino que estoy aquí porque tengo mis opiniones". Respuesta y bofetón en toda la boquita de los intelectuales sumisamente acomodados al mercado, occidental, capitalista, anticomunista.

Y llegados aquí les recomiendo una atenta lectura, lo digo para que la gocen en toda su plenitud, de la teoría del valor de Marx: “El capitalista quiere producir no sólo una cosa útil, sino también un valor; y no sólo un valor, sino además una plusvalía”.

Por supuesto que sólo en el caso de que tengan curiosidad por conocer, y cómo funciona, el mundo, ¿el mejor de los mundos posibles?, en el que “realmente” viven, claro está. Esa no por menos científica,  hermosa tesis sobre el valor, más allá del esquema didáctico que hablaba de valor de uso y valor de cambio, nos revela cómo y por qué el trabajo humano y la naturaleza, el ecosistema planetario, son las dos grandes fuentes de creación de la riqueza. De donde se deduce un oscuro, y sagriento, origen a la acumulación de riquezas, el capital no es más que trabajo consolidado, y a su pretendida legitimación vía sacrosanta propiedad privada. No se asusten los burgusitos propietarios de casa y coche y demás chucherías, estamos hablando de medios de producción y por lo tanto de medios de explotación del trabajo ajeno.

“El capital no ha inventado el trabajo excedente (el plustrabajo no remunerado) destinado a producir los medios de vida del poseedor de los medios de producción. Da lo mismo que este propietario sea ateniense, teócrata etrusco, ciudadano romano, barón normando, esclavista americano, boyardo valaco, terrateniente o capitalista moderno”.
(Karl Marx)

Con el socialismo: “suena la hora postrera de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores serán expropiados” (Marx)
¡¡Exprópiese!!

Comprenderán por qué se impone la expropiación de los medios de producción. El día después… sin más tardar…





¿Dialéctica? "Hay que continuar, yo no puedo continuar, yo continuaré". Últimas palabras de Samuel Beckett en El innombrable. Buen ejemplo de pensamiento dialéctico. Los dos polos de la contradicción, la unidad de los contrarios, y su concreta postulación de superación. A la extrema sintetización de la realidad, de su complejidad, que ejecuta Beckett, la han querido petrificar bajo la etiqueta de “absurdo”. Vano intento. La sintetización de Beckett es la antítesis de la reificadora estetización del posmodernismo: fuera el envoltorio, sólo interesa la estricta esencia. Si eso es absurdo. Recordemos los fragmentos “dialécticos” de Heráclito:
-"Este mundo [...] siempre fue, es y será fuego eternamente vivo." (fragmento 30)
-"Este orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo Dios ni hombre alguno, sino que fue siempre, es y será fuego siempre vivo, prendido según medidas y apagado según medidas."
(fragmento 51).
-"Nada es permanente a excepción del cambio."

Qué absurdos suenan los pensamientos dialécticos, ¿verdad?

“Un hombre listo llegó a pensar que los hombres se hundían en el agua y se ahogaban simplemente porque se dejaban llevar por la “idea de la gravedad”

“Rebelémonos contra esa tiranía de los pensamientos”
Marx/ Engels en “La ideología alemana”



Ahí quería yo llegar, a la tiranía de los pensamientos… sobre todo cuando, como ocurre en la mayoría de los casos, son pensamientos que nos han sido inoculados de manera subrepticia o inculcados de forma tramposa, fraudulenta. Lean con atención los miles de mensajes, o masajes, publicitarios, tanto aquellos que nos impactan de forma directa, en formato declarado de “anuncio propagandístico””, como aquellos otros que ingerimos inadvertidamente camuflados o entreverados en “productos” que se suponen, a priori, libres de doctrinas ideológicas o políticas. Será por eso que, esos mismos intoxicadores doctrinarios que estiban sus dogmas en todo “producto cultural”, consideran la extrema reducción a lo esencial practicada por Beckett, como un desperdicio de vehículo intoxicador, un absurdo. Un absurdo ciertamente muy peligroso para sus intereses, y para la hegemonía ideológica y cultural que los fomenta.

Y para terminar, un buen, y corto, consejo:

Libérame del habla demasiado larga.
Maurice Blanchot. 

ELOTRO


***

2 comentarios:

  1. "Esa mancha minúscula, sola en medio del abismo, es él. Ahí está ahora en un abismo. Se habrá intentado todo. Dicen que lo ven, es una mancha lo que ven, y dicen que es él. Tal vez lo sea". Samuel Beckett en El innombrable.

    ResponderEliminar
  2. En cuanto a la canonizada monja, tomo esta cita de tu otro blog (escomberoides):

    Thomas Bernhard, “El frío”.

    “La Iglesia católica (es) un movimiento de masas totalmente vil, nada más que una asociación embrutecedora de los pueblos para recaudar incesantemente el mayor capital imaginable…
    (…)
    Todo el que vende algo que no existe es acusado y condenado, decía mi abuelo, pero desde hace milenios la Iglesia católica vende a Dios y al Espíritu Santo abiertamente, con absoluta impunidad. (…)
    Los cardenales y arzobispos no son más que recaudadores sin escrúpulos a cambio de nada.”

    Salud

    ResponderEliminar