Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cosas sabidas que conviene repetir…




“El obrero mismo produce constantemente la “riqueza objetiva” como “capital”, como poder que le es ajeno, que lo domina y explota”
Karl Marx

Tiene su guasa que, sin saberlo, los productores de plusvalía  estemos constantemente engordando a la bestia capitalista. Y cuando por fin te coscas, ¿Qué hacer?

Esa es la gran pregunta leninista, que por cierto leí en algún sitio que literalmente la robó del título de una obra de ficción contemporánea. Otra curiosa paradoja. Tanto Marx como Lenin sitúan el valor del análisis concreto de la situación “real”, nada de teóricas ficciones metafísicas, por encima de la fidelidad a cualquier principio preconcebido. Eso es lo dialéctico. Todo pensamiento dialéctico es singular; cada momento dialéctico es único y no generalizable. Por ello podemos concluir que, contra lo que aseguran los manuales del marxismo vulgarizado, el ‘materialismo dialéctico’, como tal, no existe. Existe el materialismo, y existe la dialéctica. La dialéctica es un pensamiento único, no susceptible de ser sometido a generalización.

Como escribió Manuel Sacristán: “Lo único que no puede cambiar en el marxismo sin que este se desvirtúe es su planteamiento general materialista y dialéctico (…)”. Así, juntos, complementarios, pero no revueltos. Nada que sea dialéctico puede figurar, ser fijado,  en un omniabarcante manual de panaceas, en un catecismo, que otra cosa sustancialmente no son, que “fija” respuestas a preguntas “fijas”, eso nada tiene que ver con el marxismo, con el pensamiento científico, con el análisis concreto de la realidad concreta, esa que siempre está en continuo movimiento, en permanente lucha de opuestos, contradicción y transformación, donde de lo viejo y en lo viejo nace lo nuevo que, en constante proceso, acaba mutando a su vez en lo viejo de y en donde nace, de nuevo, lo nuevo… en fin, admitamos que el asunto, la dialéctica, no es de fácil comprensión, al menos dentro de la pura abstracción teórica, por eso recomiendo encarecidamente, y por experiencia propia, la lectura del libro de Lukács:

Lenin (La coherencia de su pensamiento) [1924] Por György Lukács







La realidad de las cosas es mucho más interesante que la ilusión. 
James Joyce.

Debe de ser por eso que el capitalismo invierte tantos recursos, de todo orden, en ocultar, tachar o distorsionar la realidad en sus dimensiones no dichas, no representadas, calladas con el propósito de reificarla, y para situarla fuera de nuestro alcance, de nuestra capacidad de aprehensión.

Todo ello para impedir la verdadera comunicación, el entendimiento, y la consecuente reciprocidad tan esenciales para construir unas relaciones, de todo tipo, sólidas. Por el contrario se fomenta el aislamiento, la fragmentación, la atomización, la incomunicación, en definitiva un falso individualismo que en realidad no es otra cosa que la culminación de un proceso de mercantilización del ser humano, de su enajenación y mutilación social e histórica: eso que llamamos  cosificación y que opera como ratificación de la dominación.

De tal manera que, con el desarrollo del capitalismo, de sus fuerzas productivas y sus relaciones sociales y de producción, el sujeto inmerso en el proceso muta en objeto, porque de lo contrario, reconocer a alguien como “sujeto”, supone concederle a ese alguien el mismo estatus que a uno mismo, el privilegiado explotador que despacha los estatus, además de reconocer su alteridad y autonomía. Y eso resulta poco productivo y excesivamente peligroso para el orden establecido, el sistema de producción y propiedad. De ahí pueden llegar, están a un paso, a pensar por su cuenta y plantearse cuestiones críticas como: ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿quiénes son estos que nos pastorean, nos oprimen y nos explotan? ¿a dónde se supone que vamos, o nos llevan encandilados y encarrilados, socavando del tirón las dos grandes fuentes de riqueza: el trabajador y el ecosistema planetario?



Y el caso es que muchas de estas cosas están más que escritas y dichas y muchas de estas respuestas más que repetidas, otra cosa será leídas o escuchadas, pero por ejemplo:

“La revolución no es el tren que está fuera de control, sino el freno de emergencia con el que se intenta pararlo”
Walter Benjamin

“Las leyes de la institución estatal dieron nuevos obstáculos al débil y nuevas fuerzas al rico, (…) fijaron para siempre la ley de la propiedad y de la desigualdad, hicieron de una hábil usurpación un derecho irrevocable, y sometieron desde entonces, para provecho de algunos ambiciosos, a todo el género humano al trabajo, a la servidumbre y a la miseria”.

No es de Marx, sino de su admirado Rousseau. Muy obsoleto, ¿verdad?


La miseria y la explotación son, paradójicamente,  inseparables de la industria capitalista, en sus épocas de desarrollo y, de manera aún más evidente, durante sus períodos de crisis cíclicas. Todos los caminos de la Hegemonía cultural e ideológica, la que guía nuestra conducta, conducen al consentimiento del orden establecido, al sustento directo del statu quo. Recordemos pues el precepto spinoziano: “No lamentar, no reír, no detestar, sino comprender”




“Se prefiere ser canalla que imbécil. La razón es que todos los imbéciles son también canallas y no viceversa. Es concebible un sabio canalla.”
Cesare Pavese

La producción es consumo y el consumo es producción, tal es otra  paradoja que Marx expresó en los “Grundisse”. Dialéctica, en el más comúnmente aceptado de los sentidos del término: la unidad de lo negativo y lo positivo, donde cada uno de los polos de la formulación revela inevitablemente su otra cara. Dialéctica es saber ver el sí dentro del no y el no dentro del sí, su ineludible  cohexistencia, cierto que “en lucha”, de manera concreta en su contexto concreto, no existen, no pueden existir, fórmulas matemáticas ni moldes formales previos. Al menos no dialécticos.

ELOTRO


Todo lo que escribo en mi diario son cosas sabidas, pero conviene repetirlas a modo de advertencias.
Alejandra Pizarnik 



***

No hay comentarios:

Publicar un comentario