miércoles, 21 de septiembre de 2016

Borges: Entre la cita y el plagio





17 de septiembre/2016


“Voy a escribir lo que leo”
(J. L. Borges)

Entre la cita y el plagio. Borges citaba mucho sin comillas, como recomendaba Benjamin. Fue un gran lector, caótico, fragmentario, disperso, y un gran traductor, muy “creativo” en ambos casos. Presumía de mejorar, de enrriquecer, de optimizar los textos que traducía, un ejemplo: “Las palmeras salvajes” de Faulkner. Añadía, o injertaba, y suprimía palabras, frases, párrafos sin que le temblara la mano. Sobre todo eliminar, era lo suyo, resumir, condensar, abreviar. “Años de análisis para un día de síntesis”, dice Franco Moretti que dijo Marc Bloch. Pero nada que ver.
De tal modo que sus traducciones, algunas de ellas realmente hechas, aunque nunca firmadas, por su madre, acaban en pastiches y, en parte, en palimpsestos… Borges, en su obra original –llenas de frases y citas copiadas o astutamente plagiadas de sus lecturas-, nunca escribió un relato que superara las diez páginas. Por eso en la obra ajena veía mucha paja, mucho relleno, mucho lastre, mucho sobrante... que pedía a gritos ser extirpado. Y por eso amaba los cuentos cortos y despreciaba las novelas, incluso las de su admirado Kafka. Y apostilla Piglia: “Borges ni se justifica, ni se explica, ni se queja, como orgulloso intelectual de derechas que es”. ¡Joder con el dubitativo escritor argentino!
¿Muestra de que el mezquino nacionalismo burgués sigue gozando   de excelente salud?
En fin, quizá encaje aquí esta magnífica cita de Marx Y Engels aportada por Franco Moretti: “La parcialidad y la intolerancia nacionales resultan cada vez más imposibles, y a partir de las muchas literaturas nacionales y locales está surgiendo una literatura mundial”.
Recuerdo otra afirmación de Piglia que me sorprendió, adjudicaba a Borges la invención de encontrar o, en su caso introducir, la ficción en la realidad, y cita como ejemplo supremo su “lindísimo”: «Pierre Menard, autor del Quijote», afirmando al mismo tiempo que sin ese “descubrimiento” el propio Onetti no hubiese escrito -la ficción-realidad-ficción de Santa María-, su “Vida breve”.
En fin, dudo mucho que Piglia haya olvidado la segunda parte del Quijote… la “aportación” de Cervantes sobre el proceso-interrelación: ficción-realidad-ficción… pero a veces, pienso, incluso las mentes más lúcidas, sufren lapsus de oscuridad… ¡y libres de dudas!
O quizá sólo se trate de una broma autocrítica, provocadora a lo borgiano.

Escribe Piglia que de tanto leer se le secaban los ojos hasta el dolor, y nos informa de que él en la realidad era muy poco llorón. Un especialista le prescribió lágrimas artificiales, o sea, de ficción. Escribo esto y me las administro: la ficción que crea realidad que relata la ficción. El diario y sus incursionas intervencionistas,  bajo la falsa bandera del recordatorio.

Ya con mis ojos relajados y lacrimosos, abandono el diario, digo la pantalla, y me dispongo a escribir la lista de la compra… tranqui, en papel aparte.

Leo el reverso negro de mi mismo, lo que uno tiene de irreductible.

Leído por ahí: “Como Arquímedes, pero al revés, creen haber descubierto el punto de apoyo, no para levantar el mundo, sino para dejarlo quieto”. ¿Dejar quieto el mundo? ¿Aniquilarlo? …y ni aún así. Que se mueran sin saberlo.

Ni indefinición textual ni redactar en términos equívocos, no colaborar a la reificación generalizada.

Según Franco Moretti, “hay más de cincuenta mil novelas británicas del siglo XIX que nadie ha leído y nadie leerá jamás”. Dato que ilumina la dimensión de nuestra ignorancia (sumen la alemana, la francesa, la italiana, la española… o la india, china, japonesa, turca…), y la de los sabios institucionalizados, que operan en sus análisis e investigaciones, sobre menos del uno por ciento de la literatura realmente existente y, aún así,  dictan “sus” sacrosantos cánones de obligado -¡qué remedio!- seguimiento. Circunstancia esta, la del auténtico desconocimiento que realmente se tiene del conjunto sustancial de lo real, que podemos trasladar, respetando por supuesto los detalles peculiares de cada materia, a todos los ámbitos del saber supuestamente científico, en verdad de la ignorancia, “convencionalmente” vigente en nuestra supuestamente “avanzada” sociedad. Da miedo pensar cuánta “ficción” fundamenta y sostiene el discurso real, el que padecemos todos los días a todas las horas, de la “ciencia” económica, la política, la sociología, la cultura… y, sobre todo, su impepinable implementación, claro. Menudo mérito el de Borges, según Piglia, digo el de encontrar la ficción en la realidad, lo realmente heroico sería lo contrario, ¿no les parece? Pero el cieguito facha, tan fan agradecido de Videla y Pinochet, era “hombre de orden”.

Si el ideal palidece ante la realidad, ¡quiten de mi vista a esa canalla! (Según exclamó Franco –‘Paca la culona’- en su visita a las obras de Cuelgamuros ante la presencia de los presos-políticos-esclavos republicanos que allí penaban).

“Problema: ¿Lo eliges porque tienes gustos ya formados o es eso lo que te forma el gusto? La respuesta acostumbrada –que nacen a la vez- no me parece gran cosa”.
Cita tomada del diario de Cesare Pavese.


ELOTRO



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