jueves, 25 de agosto de 2016

Buscar una frase…




Pensar quiere decir: buscar una frase.
(Pierre Alféri)

Hay frases que por algún motivo que desconozco parecen estar condenadas a trabajar horas extras. Y claro, sin remunerar. Será  la moda neoliberal, el turno único del pensamiento único. ¿Qué sería de nuestros emprendedores capitalistas sin las plusvalías generadas por las horas de trabajo no pagado…?

Hay frases, pensamientos, que se retuercen y se arremolinan sobre sí mismos, ¿renunciando a intervenir en lo real?
Los zapatistas se taparon la cara con pasamontañas para que los vieran. Se colaron (“se la colaron”) en lo “real” mediático.
Entrometerse, influir, injerir: La tarea de “desfatalizar” lo que erigen como inamovible.
“El arte redibuja las las relaciones entre lo intelectivo y lo perceptivo” (Walter Benjamin)

Según la Escuela de Frankfurt: “Usted creía que era libre, pero no lo es; usted creía que elegía, pero, en realidad, es elegido; y usted creía que realizaba sus propios deseos, pero, en realidad, realiza el deseo de otro”.

“La humanidad ha alcanzado tal grado de autoalienación que puede experimentar su propia destrucción como un placer estético de primer orden” (Walter Benjamin)




Sigamos con el pesimismo. Leo que el famoso enunciado de Gramsci: “Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”,
fue formulado anteriormente por el filósofo estadounidense John Dewey en su libro Ethics, publicado en 1908.
Y abundando: “Pesimismo de la concepción del mundo y optimismo del temperamento”. De manera que “el origen de la célebre fórmula empleada por Gramsci se ha de buscar, entonces, en el comentario oral que Nietzsche había hecho al texto de Burckhardt durante esas veladas nocturnas de lectura en Sorrento, delante de la chimenea del salón de Villa Rubinacci”.

Quién se lo iba a decir a Riechmann hace un tiempo, el “imbécil” de Nietzsche nutriendo a Gramsci… en fin.




Y sigamos con las citas, las frases, los pensamientos sintetizados, destilados: Sueño, dicen que dijo  Benjamin, con una gran obra compuesta sólo de citas, de retazos, de fragmentos, de astillas… una contelación sin jerarquías. Y yo. Ya estoy tardando en leer sus “Pasajes de París”. Por cierto, también fue Benjamin quien denunció la muerte de la narración oral. De donde quizá también proceda, al menos en parte, la dislocación de la relación  significante-significado: la pérdida de significado. Qué tipo este, qué olfato para lo que verdaderamente tiene importancia, qué manera de leer los “signos” a contrapelo. Aunque alguna culpa aportarían en eso, digo yo, tanto Brecht, como Marx… y quizá Adorno…e incluso Lukács, ya puestos.

Un inciso sobre el jugoso asunto de la narración oral, me permito recomendarles un documental sobre el ya desaparecido escritor Gonzalo Torrente Ballester, donde éste comenta la importancia que tales narraciones orales (imbuidas de formas, contenidos y tradiciones de raíz popular y tanto más lejos del elitismo intelectual) que el susodicho mamó en su infancia-adolescencia, tuvieron posteriormente para su “formación” como novelista.





Se ha dicho que el arte muestra lo que no puede decir la filosofía. Claro está que no podemos olvidar que el engaño, a la hora de mostrar, es el modo genuino de existencia del arte. El arte pinta la verdad con las líneas y los colores de la mentira, dicen que dijo Picasso. Cosa que tiene pinta de ser verdad entendida, y expresada, también de esta otra forma dialéctica: “El arte es verdad en la medida que representa una ilusión de lo no-ilusorio: obligando así a la ilusión a servir a la verdad”. No conozco mejor definición en la que encaje la espléndida obra, forma/contenido, de El Bosco, digo sus paradójicamente articulados “significantes y significados”. Por poner un ejemplo racionalmente ilustrativo.

Y es que efectivamente, como también se ha dicho repetidamente, el arte es en sí mismo una forma “peculiar” de racionalidad, en la que tiene cabida –sentido aporético- lo real y el juego ilusorio.
“La trascendencia del artefacto artístico radica en su poder para dislocar las cosas de sus contextos empíricos y reconfigurarlos en la imagen de la libertad. Lo que significa también que las obras de arte matan lo que objetivan, arrancándolo de su contexto de inmediatez y vida real”, dice Adorno como si tuviera delante las estampas grabadas de los caprichos y disparates de Goya.




Los artistas que producen “arte” (formas, objetos, artefactos…), hacen el camino cargados de inconsistencia. Aportan una crítica implícita/explícita de las formas estructurales (económicas, políticas, ideológicas, culturales…) con las que están entreverados y que al mismo tiempo fatalmente reproducen. El arte es, también y quizá sobre todo y en sutil discordancia, precioso e inútil. Inútil, ahora sí, a la lógica dominante de la alienación del trabajo, a la lógica del mercado. O sea, el arte – que es a la vez ser-para-sí-mismo y ser-para-la-sociedad- también posee, en su propia esencia, un indiscutible valor subversivo.

ELOTRO

“Los prácticos –paradoja- viven separados de las cosas, no las ‘sienten’ pero las comprenden en su mecanismo” 
(C. Pavese)
“Y se ríe de una cosa solo quien está separado de ella”. 
(C. Pavese)

-¡El distanciamiento brechtiano!



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