miércoles, 1 de junio de 2016

A propósito de “El libro de Daniel”, de E.L. Doctorow




"Niños delante del colegio de pago: ¡Ahí están ya los futuros delincuentes en materia económica."
(Peter Handke)

“Dar por buena la estructura moral del sistema es complicidad con el sistema (…) Reforma equivale a complicidad”
(E. L. Doctorow)


Ha sido una muy grata sorpresa esta primera lectura de una obra del escritor judío (hijo de emigrantes rusos) estadounidense Edgar Lawrence Doctorow. Y, accidentalmente, con la novela, “El libro de Daniel” (Grijalbo) a cambio de un euro en la Cuesta de Moyano, que le sacó del anonimato y le proporcionó el reconocimiento de la crítica y el “aplauso” del público comprador y lector. Más tarde vendría la más famosa “Ragtime” (que no he leído), llevada al cine (que no he visto) por Milos Forman.

Las obras de Doctorow, leo, mezclan hechos históricos con ficción; y en ellas abunda la crítica social. Estoy básicamente de acuerdo. Pero me gustaría matizar esa mezcla, que se insinúa fifty-fifty, de realidad histórica y ficción. No digo que en “El libro de Daniel” no cohabiten ficción y realidad, sólo quiero expresar mi opinión concretando las proporciones: la ficción se limita a los nombres y características físicas de los personajes (jueces, fiscales, vecinos, militantes del partido comunista, agentes del FBI) y los aspectos peculiares de lugares e instituciones (barrios, sanatorios, cárceles, juzgados…), es decir, no existe ningún tipo de ficción en los hechos históricos (no versiones interesadas) que se relatan, y que forman el núcleo de la narración. Ni en la narración propiamente dicha, ni en las frecuentes reflexiones y digresiones (ora en primera persona, ora en tercera persona) que componen la obra. Luego estamos, según creo, ante un muy fundamentado, y por eso nada tímido y molesto, relato histórico (nada que ver con las “modificaciones” o descaradas manipulaciones o los sonrojantes simulacros de la historia oficial (ver el caso, tan similar y “leitmotiv” del libro, de Ethel y Julius Rosenberg, las manifestaciones de solidaridad con los republicanos españoles…): salpicado, eso sí, de personajes (“Si de verdad quieres leer ficción, lee las memorias de JP Morgan.” Dijo Doctorow) y lugares, sólo en parte y nunca ésta esencial, imaginarios, ¡pero carajo es que se trata de una novela! O acaso desde “El Quijote” el tema “novelesco” consiste en otra cosa que no sea en una lucha, dentro y fuera del relato, de lo real con lo idealizado. Aunque Doctorow ejerciese también a lo largo de su vida como “serio” catedrático, dramaturgo, ensayista, guionista…

El propio Doctorow: "La gente dice que escribo novelas políticas, que escribo novelas sobre el pasado, que uso técnicas posmodernas, que juego con los géneros literarios, que mis libros ocurren en Nueva York y que tienen personajes judíos... Así que soy un novelista político-histórico-posmoderno-de género-neoyorquino-judío. No sé, yo rechazo toda etiqueta que se le ponga al sustantivo novelista.”






Analicemos un ejemplo:
“L. Crowley, congresista USA, en 1945: “Si creamos buenos gobiernos en los países extranjeros, tendremos automáticamente mejores mercados para nosotros” (…)
 “La doctrina Truman no será anunciada como un plan de acción para proveer de seguridad militar a los gobiernos extranjeros que acepten nuestras inversiones, sino como un medio para proteger del comunismo a las naciones amantes de la libertad. El Plan Marshall no será anunciado como un medio de asegurar mercados extranjeros a nuestras mercancías, sino como un modo de ayudar a los países de Europa a recuperarse de la guerra.”

Pues bien, ahora que se cumplen cien años de la publicación del libro de Lenin, “Imperialismo fase superior del capitalismo”, se puede afirmar, yo lo hago, que ese párrafo de Doctorow “explica” de manera sucinta y fácilmente comprensible para el más elemental de los lectores en qué consiste la práctica político-económica-militar del imperialismo USA. Y cómo se “vende” ideológica y culturalmente al resto del mundo.

Pero Doctorow también nos muestra, vía narrador o personaje, algunos aspectos ilustrativos de la política “interior” del Imperio:
“Tildando a los huelguistas de bolcheviques, y dejándolos así sin apoyo público, la Steel Corporation desbarató la huelga” (…) “En Seattle, hubo una huelga general que provocó en toda la nación una ola de “pánico rojo”.(…) “En Boston, el Departamento de Policía se declaró en huelga, y el gobernador Calvin Coolidge los reemplazó” (…) “Se temía que, como en Rusia, se apoderaran del país y deshonraran con sus cipotes a la madre de cada cual. ¡Figúrese ud.!” (…) “Miles de personas fueron encarceladas, incluyendo el miembro socialista del Congreso, de Milwaukee, que fue sentenciado a veinte años de prisión” (…) “La enseñanza de la teoría de la evolución fue puesta fuera de la ley en Tennessee”…”El Ku Klux Klan floreció por doquier…”.



En fin, no me negarán que, tras el siglo transcurrido, ciertos detalles parecen, lo son, de lo más actual. A pesar de la inexistencia real o imaginaria de una nueva revolución bolchevique o similar…siquiera en estado latente…

Aunque estas “transgresoras” obras sólo sirviesen para: “Fortalecer el escepticismo frente a las opiniones “adquiridas”, que decía Susan Sontag, ya tendrían su sentido y significado. Aunque es evidente que tenemos, no cabe duda, una extraña propensión al perezoso infantilismo de no pensar por nuestra propia cuenta, a no currarse mínimamente un pensamiento crítico frente a las edulcoradas versiones oficiales, tradicionales, formateadas o, simplemente, televisadas…

Finalmente quiero decirles que todo lo anterior es inventado, pura ficción. Espero que no se lo tomen demasiado mal, algunas cosas son, sin embargo, más verosímiles que ciertas. O al revés.

ELOTRO

 “Es posible aceptar nuestras cargas morales si nuestra ropa interior está limpia… (…) …debemos reservar nuestras decrecientes energías para dirigirlas a los verdaderos objetivos. Para ser un revolucionario solo se necesita extender los brazos y zambullirse”

(E. L. Doctorow)



***

No hay comentarios:

Publicar un comentario