miércoles, 18 de mayo de 2016

Marx revisitado





“…y que no me escuche más
callarme”
(Samuel Beckett)

Comencemos con dos citas que el propio Marx incluye oportunamente en “El Capital”: “…que la mano del hombre convierta en seda la secreción de un insecto” (Pietro Verri). “El trabajo es el padre, y la tierra, la madre.” (William Petty).

Y lo hace como preámbulo para confesar que: “El punto de partida de nuestra investigación (El Capital) será el análisis de la ‘mercancía’, forma elemental de la riqueza en el modo de producción capitalista” (Marx, en el prólogo al primer tomo de ‘El Capital’). Se nos dice que el ‘producto’ (valor de uso) que adopta la forma ‘mercancía’ (valor de uso y valor de cambio) es la célula económica de la sociedad burguesa. Así que, avisados estamos: se comienza por la parte (lo particular) para terminar con el todo (lo general).

Y Marx añade otra oportuna aclaración dirigida al lector,‘culto o ignorante’ (“Hablo, naturalmente de los lectores que quieran aprender algo nuevo y, por consiguiente, pensar por su cuenta”): “Prescindiendo del capítulo sobre la forma del valor, no se podrá decir que este libro resulte difícil de entender” (Marx Ibíd.)

Prácticamente en su totalidad, los escritos de Marx (“dotado de uno de los espíritus analíticos más eminentes”), a pesar de la enorme complejidad y de los especializados y farragosos asuntos científicos de que tratan (“Su modo de exposición, confiere a las más áridas cuestiones económicas un encanto ‘charm’ especial”) poseen un lenguaje, estilo y método  expositivo que  “pone el tema al alcance de todo el mundo”.

Sin duda se trata de una preocupación (paliar al máximo las dificultades de lectura y  comprensión), e intención permanente e irrenunciable del autor. Y más ‘marxista’ añadiría, más “de clase proletaria” (recuerden el contexto social y cultural de la segunda parte del siglo XIX). Resulta admirable leer, por poner un solo ejemplo concreto (‘Salario, precio y ganancia’), la amenidad, claridad y sencillez de discursos dirigidos a los trabajadores de la AIT (Primera Internacional), sobre “cuestiones demasiado especializadas”: la explotación del trabajo asalariado, la plusvalía o el carácter reformista de la “estricta” lucha sindical, etc…

 “La organización de la clase obrera es más consecuencia que presupuesto del proceso revolucionario”
(R. Luxemburgo)

Más consecuencia que presupuesto, enfatizaba Rosa. Marx por su parte nos regala esta definición del trabajo: “En tanto que produce valores de uso, que es útil, el trabajo es, en cualquier forma de sociedad, la condición indispensable de la existencia humana, una necesidad eterna, el mediador de la circulación material entre la naturaleza y el hombre” (Reuerden aquello de: "No los levantó la nada,/ ni el dinero, ni el señor,/ sino la tierra callada,/ el trabajo y el sudor." De Miguel Hernández), y nos ilustra sobre la mercancía: “La mercancía es un objeto externo, una cosa que, en virtud de sus propiedades, satisface necesidades humanas de cualquier clase, (“El deseo implica la necesidad. El apetito del espíritu es tan natural en él como lo es el hambre al cuerpo. Debido a ello tienen un valor la mayoría de las cosas” / Nicholas Barbon citado por Marx). “La naturaleza de estas necesidades, el hecho de que tengan su origen en el estómago o en la fantasía, no cambia para nada la cuestión”. Y sigue: “Al traje le da lo mismo ser llevado por el sastre o por su cliente. En ambos casos sirve de valor de uso (…) Pero la tela, el traje, cualquier elemento de la riqueza material no suministrado por la naturaleza, debe siempre su existencia a un trabajo productivo especial encaminado a asimilar las materias naturales a las necesidades humanas. (…) Los valores de uso, tela, traje, es decir, los cuerpos de las mercancias, son combinaciones de dos elementos: materia y trabajo”…

En fin, sirva de pequeño apunte y señal de esta nueva lectura que acabo de comenzar sobre la obra cumbre de Marx, su pormenorizada investigación y análisis de la Historia y, sobre todo, el origen y desarrollo del modo de producción capitalista (El Monstruo) y las estructuras y los procesos de  relaciones sociales que ha ido generando y genera.

Retomando el “más consecuencia que presupuesto” de Rosa Luxemburgo, podemos insistir en algo que define el carácter de la investigación de Marx, que no parte de ningún presupuesto, objetivo o teoría apriorística, sino de un estudio y análisis profundo, extenso y materialista de la Historia, y sólo desde ahí pudo el autor abordar y concretar, en consecuencia, aquello que expresó en sus ‘Tesis sobre Feuerbach’: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” Y sí, ese es el carácter fundamental de la obra de Marx, su espíritu inconfundiblemente revolucionario. Por eso nos ha legado, a la clase obrera digo, un formidable instrumento teórico que, unido a un pensamiento crítico, de base materialista y fundamento dialéctico, ilumina la praxis revolucionaria de los explotados y sometido por el Capital.

Terminemos con otra paródica “autocrítica”, cita del propio Marx, que puede reflejar en mi opinión, la talla del más grande y decidido  pensador revolucionario que ha conocido la historia: “Perseo se cubría con una nube para perseguir a los monstruos. Nosotros nos metemos de lleno en la nube, hasta los ojos y las orejas, para poder negar la existencia de monstruosidades”.

Pues eso, El Capital de Karl Marx, para los que, como servidora, quieran aprender algo nuevo y, ya si eso, pensar por su cuenta.

ELOTRO


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