Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 10 de mayo de 2016

Lukács se retracta…




“…sin perjuicio de todos los contenidos conservadores del pensamiento de Hegel” escribe Lukács, matizando su alta  valoración, coincidente con el propio Marx, sobre el gran filósofo alemán, y su lógica, y su dialéctica “idealista”. Ciertamente, como dijo Bunge del Chomsky lingüista (del político no parla), no existe ninguna obligación de adquirir “el paquete integral” (lo mismito que le ocurre a servidora con el propio Bunge). Y, claro está, no hay por qué renunciar a las “partes” verdaderamente revolucionarias o progresivas, en nombre de las que podemos y debemos  evaluar como contrarrevolucionarias o regresivas. Una vez más el sí dentro del no y el no dentro del sí, de Brecht. Hay que currárselo.

“Lo que diferencia al marxismo –continúa Lukács- de la ciencia burguesa no es la tesis de un predominio de los motivos económicos en la explicación de la Historia, sino el punto de vista de la totalidad”, y recuerdo que esta misma tesis defendía Lukács, aplicada a la literatura y el arte, en la famosa controversia de los años cincuenta del pasado siglo, frente a Brecht y otros, sobre el realismo.  Recuerdo que en un primer momento, esta postura de Lukács me desconcertó. Prácticamente despreciaba o calificaba de arte burgués decadente, toda obra que renunciara al punto de vista de la “totalidad” o que apostara directa y exclusivamente por la parte, aislada del “todo”, o sea, de la entera y compleja “realidad”. Creo recordar en concreto un furioso ataque a la forma “collage”. Ahí mordió en lo más profundo. Por mi parte siempre he tenido debilidad, hablo en el territorio de la creación artística, por las formas mestizas, híbridas, bastardas… por el collage, el pastiche, el palimsepto… y vine a descubrir que mi admirado Lukács, eso me parecía, despreciaba y descalificaba sin ningún tipo de reservas, todas estas limitadoras y manipuladoras formas de arte.

Como suele ocurrir de forma muy habitual, tras nuevas lecturas y relecturas y algunos exámenes más atentos y extensos, uno mismo descubre su propia ineptitud y desmedida exuberancia a la hora de sacar conclusiones, apresuradas y a partir de sólo la parte (visible, conocida, explorada), en este caso de una tesis, sin esperar a conocer el todo de la proposición y argumentación.

Efectivamente Lukács escribe unas líneas más allá: “El aislamiento de los elementos es, obviamente, inevitable. Pero es sólo un medio para el conocimiento del todo. Para captar el problema con más claridad”. La cosa cambia radicalmente, y a no olvidar que Lukács luchaba permanentemente contra la recurrente vulgarización, deformación y trivialización del marxismo. Y no se cansaba, ya desde sus obras de los años veinte, de subrayar: “El dominio omnilateral y determinante del todo sobre las partes, es la esencia del método que Marx tomó de Hegel. (…) El dominio de la categoría de totalidad es el portador del principio revolucionario en la ciencia”

Lukács ahondó como pocos en el concepto de reificación, de cosificación. Bajo el capitalismo, la alienación, la inversión sujeto-objeto, la fragmentación, la atomización, el sistemático aislamiento o los fenómenos estrictamente parciales, oscurecen e impiden de facto a los sujetos sociales la aprehensión, incluso la propia prueba de existencia, del todo. Ese Lukács que pertenecía a una familia de ricos banqueros judíos y que ya a los 17 años publicó sus primeros trabajos de estética y crítica literaria, tuvo una muy accidentada militancia política, y una no menos borrascosa experiencias con sus innumerables obras teóricas. Aparte de su extraordinaria “Historia y consciencia de clase”, donde el joven Lukács aventuró proposiciones y tesis de gran calado y originalidad dentro del pensamiento marxista, y que muchos años después, a la publicación de los famosos “Manuscritos económicos-filosóficos” de Marx, que ni él ni nadie conocía, pudo comprobarse, para sorpresa de la mayoría, sus más que numerosas “coincidencias” con el pensamiento del joven Marx. Lukács, está más que confirmado, “llegó demasiado pronto”, a espacios insospechados por sus estrictos contemporáneos. ¿Cuán pronto es “pronto”? dejó escrito Galileo, otro que también hubo de retractarse, para salvar el pellejo y para poder terminar la faena. Lukács se las vió con Lenin, con los capos del Partido comunista húgaro y con el mismísimo Stalin: tantas veces se retractó, tantas sobrevivió. A Lukács le debo el placer y el provecho obtenido de las lecturas de sus magníficos ensayos sobre Lenin, imprescindible, el joven Hegel o Rosa Luxemburgo, Gramsci…

Ahora que se habla tanto de “pensamiento rezagado”, es buen momento para revisitar las excelentes obras de este auténtico clásico del pensamiento marxista. Ya verán dónde quedan los llamados pensadores posmodernos… cuando el viejo Lukács ya duchadito descansa en el hotel de la cima, tras la línea de meta. Que para él sólo es un jalón más…

ELOTRO



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