Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 4 de abril de 2016

Lo que no se conoce, no existe.



Zygmunt Bauman: “Cruzaremos el puente cuándo lleguemos a él”.

Se dice mucho: “se hará cuando toque”. Lo suele decir el que manda, el único que “sabe”, y por lo tanto decide, cuando conviene (¿a quién?), que toque. El que manda suele estar rodeado de subordinados que tienen muy asumido que sólo están dotados para obedecer. Y además, han echado cuentas, y les compensa ese “orden natural” de las cosas.

Es peligroso estar personalmente en el lugar de los hechos, dicen que dijo, refiriéndose a no se qué, Harun Farocki. Y ya sabemos que la vida consiste en estar en un lugar distinto, puede que incluso más peligroso, al que desearías. Además hoy por hoy en nuestras sociedades de la información, resulta  prácticamente imposible hacer acto de presencia en tantísimos lugares, que se nos “venden”  especialmente apetecibles, por los hechos que en ellos suelen acontecer (según se nos informa puntual y repetidamente).

Pero, venturosamente, para los medios de comunicación (a partir de ahora los “media”) sí es posible, por muy numerosos y peligrosos que sean los hechos y el lugar o lugares y el contexto o contextos en que suceden tales hechos. No somos testigos presenciales de casi nada por no decir de nada. Pero por fortuna los “media” median. A los “media” no se les escapa absolutamente nada. Ocurra lo que ocurra y allá donde ocurra hay, impepinablemente, una cámara, un micrófono… que lo registra, y un medio para su, mediata, difusión global. Así se dan a conocer, siempre envueltos en atractivas sugerencias publicitarias, cada día miles, cientos de miles, millones de hechos a millones de miembros receptores residentes en lugares con cobertura de la aldea global. Así, de manera no presencial y aparentemente menos peligrosa, “conocemos” casi todo lo que conocemos. Y lo que no se conoce, no existe. Y, seamos sinceros, estamos tan completamente saturados de “conocimientos” que poquitas ganas le quedan a uno para ponerse a indagar sobre lo que sospechosamente “no” existe.




De modo y manera que nos conformamos con los límites de lo que existe según se nos dicta a través de los conocimientos que adquirimos gracias a los “media”. Con las inmensas energías que dedican a la (in)comunicación global, mantienen fresco y lozano el simulacro de comunicación y del tirón  fabrican lo real más real que lo real, para así, sutilmente, abolir la realidad. O sea, que, es una hipótesis, la verdadera realidad sería eso que no existe porque no se conoce. Y siguiendo el mismo hilo podríamos añadir que la mediación de los “media” mutila gravemente nuestro conocimiento de la realidad realmente existente, digo fuera de su ocultista “mediación”. Y si no se nos permite conocer la realidad que “hipotéticamente” habría que transformar… quedamos neutralizados, socialmente anulados.

Si analizamos el trozo de realidad que según los “media” sí existe, podemos interrogarnos sobre algunos detalles de esa mercancia “informativa” que nos inoculan: ¿Existe relación entre la “inflación de información” y la “deflación de sentido y significado” en la inmundicia que emiten los “media”? Para cualquiera es evidente la imposibilidad material de digerir ni tan siquiera una mínima parte del material informativo con el que incesantemente se nos bombardea. Y quizás esta falta de “digestión”, de conocimiento cualitativo, es la que nos impide captar el verdadero vacío de sentido y significado que “ocupa” por entero ésas, llamémoslas así, informaciones.

Y luego resulta que la socialización la miden por la exposición a los mensajes de los “media”. O sea que si estás sub-expuesto: eres asocial. Sentencia que no es moco de pavo en una sociedad tan aborregada como la que compone la aldea global. Paradójicamente puede resultar que lo peligroso sea precisamente no estar “presencialmente” en el lugar en el que “no” ocurren los hechos.




Y esto es así porque los “media” no hacen comunicación, “escenifican” (véase por ejemplo los atentados “terroristas” que sufren las llamadas democracias occidentales y compárese con los bombardeos y saqueos que ésas mismas potencias económicas y militares perpetran en los paises pobres y débiles) la comunicación. Detrás de la comunicación escenificada sólo hay información “violentada” en la que la realidad no se puede encontrar (¡han borrado las escenas incómodas y conflictivas con el mensaje “oficial”!).

Y es así como, repito, neutralizan las relaciones sociales, ya que  nos venden la “información” como creadora de “comunicación”, cuando lo que verdaderamente fabrican es incomunicación. La información “forzada”, retorcida y mutilada, produce una “simulación de comunicación” cuyo fruto es una irresistible desestructuración de lo social. Y así destruyen “lo que potencialmente tiene ésta de generadora de lo social”, o sea, hacen exactamente lo contrario de lo que “globalmente” predican y machaconamente publicitan.
A través de los “media” recibimos un incesante bombardeo de “signos”, de los cuales se supone que, como obedientes y sumisos recptores, debemos devolver el eco… ¡Que llevan adjunto! (Que si participe llamando por teléfono, que si vote por su tertuliano favorito, que si no deje de opinar en nuestra encuesta, que si háganos llegar sus críticas y preferencias, que si queremos ser un altavoz para sus opiniones, que si estamos aquí para informarles, entretenerles y hacerles la vida más fácil y llevadera, más agradable, con nuestros consejos publicitarios, que si estamos aquí para embrutecerles… no, eso no, ¡¡¡Corten!!!) Precisamente analizando formas o fórmulas  y contenidos, podemos comprobar cómo la información “emitida” por los “media” no crea, por su naturaleza estrictamente unilateral (no interactiva) en cuanto a su “producción selectiva” (manipulación) ningún tipo de “socialización”, sino que por el contrario produce “masa” únicamente receptora, atomizada, nuclearizada, inerte (salvo, eso sí, para el consumo compulsivo).

ELOTRO

“La sombra de las flores trepa por la balaustrada
pero no las propias flores” 

(Pascal Quignard / “La frontera”)


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