Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 11 de abril de 2016

La mengua de los afectos…




“La comprensión del presente desde adentro es la tarea más problemática que la mente puede enfrentar”.
(Fredic Jameson)

Y claro, imposible aprehender el presente, me repito a sabiendas,  sin conocer el pasado, sin saber de qué manera y por qué caminos hemos llegado (y nos han traído) hasta aquí. Y todo ello se realiza, sí o sí y aquí y ahora, desde una determinada conciencia de clase o desde un “mapa mental cognitivo” como lo ha nombrado Jameson. Lo explicó con rotundidad Marx: el ser social determina la conciencia. Y no al revés. Por eso aclaró que como respuesta a la pregunta de a qué clase social se pertenece, habría que tener en cuenta tres factores o indicadores básicos: modo de vivir, “intereses” que se defienden, y cultura que se consume, genera, difunde y reproduce. Tales parámetros pueden ubicar nuestra posición dentro del complejo entramado de las relaciones sociales y de producción en el seno, tanto en sus niveles micro y macro, de la sociedad capitalista vigente en la que nos encontramos inmersos.

La necesidad de mapas. Sin embargo, si tenemos en cuenta la realidad realmente existente, viene muy a cuento citar de nuevo a Jameson:Kevin Lynch nos reveló que “la ciudad alienada” es sobre todo un espacio en el que las personas son incapaces de representarse mentalmente su propia posición o la totalidad urbana o global”. A eso hemos llegado, a eso nos ha llevado, a esa desorientación provocada, también, por la carencia de cartografías fíables que permitan trazados alternativos, y el avanzado proceso social de fetichización de lo individual y lo social ( sustitución de las cualidades humanas o bien reales, –en su caso valor de uso-  por otras –únicamente valor de cambio-  ilusorias, fantaseadas o ideologizadas (“El valor de cambio es en todas partes el amo y el valor de uso el esclavo.”). Creación de fantasmas imaginarios cuyas mistificadas sábanas deslumbrantemente blancas ocultan precisamente lo real) y de reificación (ver Lukács y su interesantísimo desarrollo de este concepto) y cosificación (descargar de realidad y rellenar con simbolización), producido por el incontrolado desarrollo de las relaciones sociales de producción, y los potentes medios de producción y reproducción del simulacro de realidad (copia idéntica de original que nunca existió), omnipotentes en la  actual sociedad productivista-consumista. Y apunta Jameson: La desalienación en la ciudad tradicional supone la real reconquista de un sentido de lugar, y la construcción o reconstrucción de un conjunto interrelacionado que pueda ser retenido en la memoria, y que el sujeto individual pueda trazar y volver a trazar en un mapa en los momentos de trayectorias alternativas.




Frente al sistema capitalista, cierto que en un grado de crecimiento muy de los comienzos, Marx nos dice que alcemos nuestras mentes a un punto (añade Jameson ni demasiado cerca ni demasiado lejos, “una distancia crítica”) desde el cual nos resulte posible comprender que, por ejemplo, en el capitalismo (en el caso histórico concreto de su etapa de mercado, anterior a la monopolista-imperialista y aún más a la actual, de globalización planetaria), que nos enajena, existe a la vez lo mejor y lo peor. Y nos insta a reflexionar de manera positiva y negativa al mismo tiempo: un modo de pensar capaz de aprehender de manera simultánea los rasgos funestos del capitalismo y su extraordinario y liberador dinamismo, en una misma reflexión, por imperativo dialéctico. Como a su manera y en el mismo sentido  señaló Brecht: “Mal profesor aquel que, en todo lo que lee y oye, no sabe sacar un No de todo Sí y viceversa”.




Una cosa es la esencia y otra la apariencia, pero mucho ojito, no siempre una está latente en lo profundo y la otra en la manifiesta superficie. Es asunto aconsejable, técnica de supervivencia sensata, distinguir las diferencias. No es sólo la explicación, adjunta o previa entrega, sino lo que queda por explicar, lo hurtado o simplemente fuera de alcance. Recordemos que, los hechos como los colores, funcionan por sí mismos y en base a la “vecindad” con la que interactuan. No conviene renunciar a la totalidad, al conjunto (todos los aspectos parciales son en diverso grado constitutivos), para poder así identificar, dentro de una reflexión crítica y dialéctica, “momentos de verdad” y “momentos de falsedad”. En cualquier caso, “No debemos retrotraernos a prácticas elaboradas sobre la base de situaciones y dilemas históricos que ya no son los nuestros”, nos plantea  Jameson, y también: “Lo posmoderno es habitar lo sincrónico, que se centra exclusivamente en un momento dado sin atender a su evolución; en vez de lo diacrónico, que atiende el fenómeno en todas las fases sucesivas de su evolución.” He aquí una pertinente argumentación sobre el  porqué, desde el punto de vista marxista, de la imprescindible historicidad y la no menos necesaria contextualización. Y en ese hilo nos suministra un ejemplo concreto: “En las botas de Van Gogh, lo histórico y lo social. En Warhol nada nos interpela en absoluto.”


ELOTRO (Sobre apuntes de: Fredric Jameson, “El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío”)



“En un ambiente intelectual como éste, resulta cómico quejarse en tono patético de la permeabilidad de los paraguas”.
(Bertolt Brecht-1927)


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2 comentarios:

  1. Espléndido artículo. Una duda: si "los hechos como los colores, funcionan por sí mismos y en base a la “vecindad” con la que interactuan", ¿en qué medida son mediatizadas las botas de Van Gogh expuestas, por ejemplo, en el Guggenheim, en interacción con dicho lugar y con todo lo que ese lugar presupone?
    No estoy muy seguro de que Warhol (o Marcel Duchamp) no nos interpele nada en absoluto. Nos interpela, tal vez y precisamente, porque "Una cosa es la esencia y otra la apariencia, pero mucho ojito, no siempre una está latente en lo profundo y la otra en la manifiesta superficie".

    Hasta los más dulces frutos del capitalismo están corrompidos, no importa lo primorosamente que se envuelvan.

    Salud

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  2. Cuando dices:
    "No estoy muy seguro de que Warhol (o Marcel Duchamp) no nos interpele nada en absoluto.", tienes toda la razón. Aunque la frase es literal de Jameson, se refiere específicamente a ese cuadro de Warhol y quizás carga las tintas para contrastar con el de Van Gogh. Y sin quizás porque en otras partes del ensayo habla de esa parte más desconocida la obra de Warhol, los accidentes de tráfico, la silla eléctrica... ante las que afirma sentirse muy interpelado y turbado. Lo mismo en el caso de Duchamp, aunque a ambos los califica en conjunto como artistas posmodernos. Pero no olvidemos a Brecht: “Mal profesor aquel que, en todo lo que lee y oye, no sabe sacar un No de todo Sí y viceversa”. Ese es el pensamiento dialéctico, alérgico a toda generalización, a todo esquematismo, a todo intento de negar las contradicciones, el movimiento, la vida tal y cual se manifiesta.

    Y también comparto tu opinión sobre la mediación del "lugar" donde nos enfrentamos a la obra de arte. Hasta tal punto que el "contexto" de exhibición, su absoluta fetichización, se come literalmente el historicismo social que "explica" el auténtico contexto que dio origen a la obra de arte.Y además, la tenemos la "ideología" hegemónica que, casi inevitablemente porque todo lo impregna, suele orientar el criterio del mirón.

    Salud

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