lunes, 25 de abril de 2016

Cualidad, cantidad… / Mario Bunge



El producto final de la ciencia es el CONOCIMIENTO en tanto que el de la técnica es un ARTEFACTO.
(Mario Bunge)


Me doy cuenta, cuantifico y mido, de las “novelas”, por lo “híbridas y polifónicas”, que me monto cada vez que quiero dejar anotadas algunas de mis lecturas con sus correspondientes y particulares  apostillas. Lástima que haya empezado a cumplir, en realidad a aprender a leer, esta grata y útil labor tan tardíamente. Mi otrora buena memoria, ha pasado a la historia, y ya no encuentro en la confusa negrura, cuando más los necesito, asideros firmes para avivar y reconstruir el recuerdo con un mínimo de precisión.

Hoy el feliz e inesperado encuentro en el mercadillo ha sido con un libro de Mario Bunge titulado: “La relación entre la sociología y la filosofía”, flamante, por un euro. Que recuerde, ustedes saben, es el primer libro, al margen de algunos artículos, reseñas y entrevistas, de Bunge (¡Cuantas lagunas!) que leo. Tras un somero vistazo al índice (costumbre rutinaria y mayormente placentera, que ni puedo ni quiero retrasar tras la adquisición y el primer posado de nalgas), picoteo en el atractivo capítulo 4º: “Cualidad, cantidad, seudocantidad y medición en las ciencias sociales”.

“La cuantificación y la medición se han considerado como el sello de la ciencia moderna desde que Galileo nos impuso medir todo lo que sea medible.”

De un tiempo a esta parte, disculpen la torpe y probablemente  irrelevante digresión, nunca se me olvida, ya es hábito sistemático, medir/controlar, entre otras cosas, el número de galletas, ciruelas pasas (ése determinante tránsito intestinal) o tostadas que tomo en el desayuno. O el exacto tiempo de exposición al microondas para que  el café con leche humee como es debido.  Tal y como hago con las pastillas contra la puñetera alergia o para el galopante colesterol o la caprichosa tensión (Y que me dicen sobre la medición del tiempo, del tiempo que empleamos en hacer las cosas, tantas cosas, tan escaso tiempo disponible, de ahí esa velocidad que nos impide ver, tocar, sentir, ser uno con lo que se está haciendo, y, si se tercia, por qué no, disfrutarlo pausadamente). La “cantidad” previa y presuntamente calibrada como necesaria para la “calidad” del resultado anhelado. Recuerden, la dosis es el veneno. La dosis, ingerida consciente o inconscientemente, digamos de tele, de sedentarismo, de horas frente a la pantalla del ordenador, el móvil o el videojuego o lejos de un libro (no confundir con best-seller, autoayuda, colorín semanal, manuales o catálogo de IKEA, premios Planeta…) o, como es usanza, con la mente apagada/stand by (o sea, a la espera de recibir órdenes y estímulos consumistas).

“Nada que tenga importancia –la mente, sobre todo- es medible” dice Bunge que defendían los filósofos románticos: Fichte, Hegel, Herder… y que se rebelaron en bloque contra la cuantificación y la medición. Y añade Bunge: “Estas creencias han sido revividas recientemente por la nueva ola romántica, en particular por el posmodernismo (…) Así, teóricos críticos, sociólogos fenomenológicos, teóricos feministas, ambientalistas radicales y sus afines, vilipendian la precisión… (…) en la idea de que la imprecisión es fructífera: presumiblemente, solo porque la mayoría de las ideas fructíferas cuando nacen son imprecisas. La moraleja es clara: procura que el bebé no se desarrolle”.




Bunge pasa a continuación a tratar un asunto que los antiguos lectores de manuales filosóficos marxistas (véase el de Georges Politzer), tal que servidora, recordarán no sé si con cierta y más que justificada incomodidad: “Lo que vale en el reino conceptual no tiene por qué reflejar lo que ocurre en el mundo externo. En especial, en el mundo físico o en el social no es cierto que la cualidad preceda a la cantidad o al revés. En éstos cualidad y cantidad vienen juntas. (…) …la expresión “transformación de cantidad en calidad” no tiene sentido. Esta expresión, un sello de la dialéctica, debe entenderse como la abreviatura de “En (todos o algunos) procesos de crecimiento o descenso cuantitativo hay puntos críticos en los cuales emergen nuevas cualidades o desaparecen las viejas”. O sea, que “Todos los ítems fácticos son al mismo tiempo cualitativos y cuantitativos en grados determinados. (…)…la construcción de algún concepto cuantitativo presupone por lo menos un concepto cualitativo, tanto lógica como epistemológicamente”. Lo que nos da una nueva perspectiva, verdaderamente dialéctica, sobre los llamados “saltos cualitativos” supuestamente justificados, en el mundo físico y en el social, por el cumplimiento (acumulación) de una norma estrictamente cuantitativa.

“Parece obvio que la existencia es una cualidad: no hay grados de existencia… (…) la existencia es una variable dicotómica, de sí o no.”

Lo que si interesa -continúa Bunge-, es la cuestión de si conocemos alguna razón para que no toda propiedad, distinta de la existencia, pueda cuantificarse. En mi opinión, no conocemos ninguna de este tipo. (…) Todo científico social contemporáneo serio está familiarizado con conjuntos de datos y matrices, histogramas y distribuciones de probabilidad, promedios y desviaciones estándar, series y tendencias temporales, coeficientes de correlación y similares. Y remata: La cuantificación y la medición se han generalizado tanto en los estudios sociales que a veces encubren la pobreza teórica.



Pues sí señor Bunge, tiene usted toda la razón en eso de la pobreza teórica, además sonrojante en demasiados casos, y todavía se queda corto, porque prácticamente todos ellos ejercen con contento (aunque ocultando su relación de complicidad con la clase dominante)  de “intelectuales orgánicos” del sistema, que no hacen más que aportar, adobadas con sofisticadas memeces, ingentes cantidades de datos sin más criterio de selección y almacenaje que el de crear el caldo de cultivo adecuado a las medidas políticas, económicas y sociales que promueven y protegen los partidos políticos que gestinan por delegación los intereses del la oligarquía financiera internacional y, en su caso, provincial. Algo que podemos percibir en la casi totalidad de los “sociologos instalados”, de culto, sin exagerar, o de postín que frecuentan los poderosos medios oficiales de desinformación y las monopolísticas editoriales especializadas (en las mercancias que demanda el mercado) más famosas y, por lo tanto, necesariamente exitosas en ventas.

Y en otro párrafo: “La estadística social no se extendió ni se convirtió en rama académica hasta aproximadamente 1830, principalmente gracias a Adolphe Quetelet. A partir de entonces ha crecido exponencialmente…(…) Lamentablemente, el descomunal crecimiento de la estadística social tuvo durante un tiempo solo impacto marginal sobre la teoría social. En efecto, tardó casi un siglo y medio en influir en la economía, y más de un siglo en ejercer su influencia sobre el resto de ciencias sociales”. Pues vaya, nunca lo hubiese pensado, visto desde la situación actual, parece mentira que la clase dominate, y sus intelectuales orgánicos, tardara tanto en sacar rendimiento a tan eficaz y maleable herramienta de conocimiento, de manipulación de la opinión pública y de instrumento vital en la construcción y apuntalamiento de la hegemonía ideológica y cultural que tanto les facilita el control y el consentimiento del tejido social a sus trapacerias (esta palabra tenía que meterla). Y termina: “…muchos intentos de cuantificación han terminado en aborto. Me explico. Como cualquier otra actividad intelectual, la cuantificación puede ser auténtica o fraudulenta, y la impostura puede ser deliberada o inconsciente.”




Últimos apuntes: “…desde un punto de vista filosófico, la cuestión principal es que la medición es una operación de laboratorio o de campo, y no una operación completamente conceptual como la cuantificación. (…) Ninguna cantidad de sofisticación matemática puede compensar la investigación empírica, del mismo modo que ningún montón de datos puede sustituir a una teoría. (…) ¿Realizan mediciones los científicos sociales? En mi opinión, la mayoría de ellos apenas han medido algo, al menos personalmente. Cuando alguna vez emplean números, confían casi exclusivamente en las cifras que les aportan no científicos, tales como los agentes del censo, los contables y los inspectores de la Administración. (…) Una razón por la que los científicos sociales no miden mucho, consiste en que la mayoría de ellos nunca, o rara vez, se encuentran con los objetos que estudian.”

Pues vaya, en fin.

ELOTRO (por la transcripción)

“Debemos neutralizar el prejuicio romántico contra la exactitud y, sobre todo, contra la cantidad, porque entumece el cerebro y obstaculiza la exploración y el control de la realidad.”

(Mario Bunge)


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario