Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 21 de marzo de 2016

Entre el “Yo” y el “super yo”.




"...el YO está allí donde va la mano masculina cuando el cuerpo se siente amenazado".
(Pascal Quignard)



Si Marx hubiese "bloqueado" a Proudhon, ¿Qué hubiésemos aprendido?

"Ya es mucho saber que no sabes"

Dejémonos de hipocresías, casi todos nos hemos acostumbrado a la oscuridad. Por eso toleramos lo que toleramos y consentimos lo que consentimos. Cierto que los militantes del “sentido común” no pueden ser acusados a la ligera de ese “acomodarse a la oscuridad”, que evidentemente no perciben. Ellos viven en el mundo de la luz, de las verdades luminosas escritas en letras de neón  o en pantallas digitales LED. Andan más bien deslumbrados. Ciegos. Menos mal, para el orden dominante, que tienen “la voz de la autoridad” interiorizada, aquél “superyo”, con residencia en el inconsciente, del que hablaba Freud. O sea, las creencias y doctrinas, “bienes mentales de la civilización”, la ideología que cimenta, sostiene y legitima el sistema de explotación económica del que, a su vez, se nutre.

“Hemos pasado de pensar las palabras en términos de conceptos a pensar los conceptos en términos de palabras”
¡Sin movernos del sitio!

Escribe Freud: “La civilización no es más que un mecanismo molesto para obligar a los hombres a hacer lo que espontáneamente detestan, a saber, trabajar.” Pensamiento muy del gusto de ciertas corrientes anarquistas y libertarias y, aunque no tanto, con el Lafargue de “el Derecho a la Pereza”. Y más adelante afina: “Una civilización que deja insatisfechos a un gran número de sus integrantes y les impulsa a la revuelta ni tiene ni merece la perspectiva de una existencia duradera”. Freud, burgués humanista y racionalista, habla de orden social y económico, incluso se vale de  la metáfora arquitectónica que utilizó Marx, y que el marxismo vulgar pervierte,  de base económica-superestructura jurídica-política-ideológica. Y en cierto modo también de hegemonía gramsciana: “bienes mentales de la civilización”. Freud, como Gramsci, afirma que la cosmovisión secularizada (laica, no religiosa, pagana) y desmitologizada que hasta la fecha ha sido esencialmente monopolio de los intelectuales debe difundirse como “sentido común” del conjunto de la humanidad. Asímismo supo ver a la religión como un “mito” socialmente necesario, un medio indispensable para contener el descontento. Y, añadimos nosotros, diferir su potencial estallido. Cierto también que como buen elitista, pensaba y así lo escribía que sólo una minoría de “preparados” sabe reconocer la verdad desnuda, mientras que las masas insensatas siguen los engaños de la ilusión. Y es precisamente ese temor a la insensatez de las masas de hombres y mujeres, lo que obliga a las élites a someterlas a control y castigo. La coartada siempre a punto.






Después de servirnos amablemente, tras cualquier “ismo” inevitablemente nos llega el “post” del mismo. Del puro mecanicismo al espurio postmecanicismo. Es lo que triunfa, lo que pita.

Leo que el concepto clásico de razón está ligado íntimamente con el concepto de justicia social. Y lloro. Y no estoy en Grand Central Station.

Págame cartucho que yo te escucho: “Los constructos teóricos del analista son ficciones tan convenientes como las fantasías del paciente”.

Mientras el único problema de los empresarios es cómo promover sus intereses, el de los obreros sigue siendo cómo llegar a conocerlos.

Los canales de televisión, que no son otra cosa que canales de legitimación de la explotación, deberían desembocar, deberíamos hacerlos desembocar, en la poza séptica de la deslegitimación.

Una de mis sórdidas pasiones, tropezar con oportunas locuciones: “expresiones ventrílocuas”. No todo va a ser follar, que decía el Krahe.

El día que por fin todos los hombres sean iguales ante la Ley, descubriremos que la Ley siempre ha estado y está del lado del poderoso.

Nos siguen explotando, controlando y castigando, y cada vez un poquito más, pero tranquilos, sólo es para comprobar cuánta ignominia PODEMOS llegar a tolerar. Sin estallar.

Ánimo, si no lo ha hecho ya, aún queda día por delante para contribuir a legitimar el generoso dominio de clase que nos da, ya les gustaría pero no puede ser a todos, empleo y algo de comer y fotografiar.

Que vivimos instalados en la hýbris, nos espetan intelectuales ecologistas que ganan 3.000 € mes por seis horas de clase a la semana.



ELOTRO


“Con diez minutos de arribismo social se consiguen mejores puestos que con diez años de duro trabajo” / Philip Larkin, “Jill”



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