Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 14 de marzo de 2016

Ejercicios sin estilo. (y 2)




“Teme lo que ignora”
(Apuleyo de Madaura)


“El concepto de “alienación” está estrechamente vinculado al de “reificación”, pues si los fenómenos sociales dejan de ser reconocibles como resultado de proyectos humanos, es comprensible percibirlos como cosas materiales, y aceptar así su existencia como inevitable”
(Terry Eagleton, “Ideología”)

Tanto esta última como la anterior entrega de “Ejercicios sin estilo” no es más que una serie de subrayados y apuntes al hilo de la lectura del libro “Ideología” de Terry Eagleton. Queda dicho. El propio libro no deja de ser un compendio de citas estatégicamente colocadas y confrontadas de: Marx, Engels, Shopenhauer, Nietzsche, Freud… y seleccionadas, medio reeelaboradas algunas y analizadas, con toda la intención, por el propio Eagleton. La mente (que se mueve en un marco de necesidades, intereses y deseos), leo, “organiza” el mundo para fines pragmáticos, y sus ideas no tienen otra validez que esa orientación práctica.

Una de ellas que, lamentablemente, no recuerdo su autoria: “A menos que expresemos las ideas estéticamente, es decir, mitológicamente, éstas no tienen interés para el pueblo; a la inversa, hasta que la mitología sea racional, el filósosfo debe avergonzarse de ella”. Salvando las distancias y en otro libro paralelamente picoteado, leo: “Llamamos la atención sobre la radical inutilidad de la obra artística mal hecha”. (Alfonso Sastre, “Manifiesto, 1958”) Trátese de la distancia que se trate, ambas citas nos hablan de lo mismo: de eficacia. De eficacia comunicacional e ideológica. De maneras de inculcar la “ideología hegemónica” o de plantear la lucha ideológica contrahegemónica (especialmente el marxismo y su fuerza analítica discriminatoria), en el tráfago de la vida cotidiana, o en cualesquiera de sus ámbitos.

La ideología en términos psicológicos, es menos un sistema de doctrinas articuladas que un conjunto de imágenes, símbolos y en ocasiones conceptos que “unimos” en un nivel inconsciente. Siendo así que la ideología también puede tomar la forma de “comportamiento habitual”, en vez de pensamiento consciente. Negarse a sí mismo en el acto de afirmar o a la inversa. En cualquier caso, una de las funciones principales de la “ideología” consiste en dotar a los sujetos con las formas de conciencia que necesitan para asumir “puestos” o funciones en el marco de la producción material. La “ideología”, que se valida a sí misma, como “pegamento” de la formación social. Una crítica de la facultad de conocimiento, sigo leyendo, es absurda, ¿cómo podría un instrumento criticarse a sí mismo cuando sólo puede utilizarse a sí mismo?

La materia prima del pensamiento, previa acumulación de tradición  ideológica y nuevos conocimientos adquiridos en la experiencia empírica de las relaciones sociales. En la ideología, decía Althusser, la relación real está investida inevitablemente en la relación imaginaria. Esa “propia” percepción que nos “vende” que la punta del iceberg es el iceberg. Que la parte visible, o “en uso actual”, es el todo realmente existente. Un sistema de distorsión de la percepción o el “conocimiento” tan profundo que se elimina, diluye, totalmente y presenta un aspecto de total normalidad: transparente, diáfano, incuestionable. Cautivador.

 La “ideología” es la materia que nos hace ser específicamente lo que somos, constitutiva de nuestra misma identidad. (Terry Eagleton). Existen “ideologías”, las dominantes, surgidas de y para sustentar formas de poder, opresión y represión, pero también coexisten “ideologías” que, como respuesta al antagonismo y la lucha, combaten contra ese dominio en pro de la emancipación de las fuerzas sociales explotadas y sometidas. Sin embargo, asombra la eficacia que, la ideología dominante, demuestra a la hora de invisibilizar las contradicciones antagónicas más obvias en la cotidiana experiencia práctica de las relaciones sociales de producción, propiedad, etc. Esta hegemonía ideológica y cultural, que no olvidemos incluye múltiples y constantes formas de supervisión coercitiva, garantiza al sistema un altísimo grado de consentimiento social, en una masa interclasista de individuos creyentes, paradójicamente, de disfrutar una condición privilegiada de ciudadanos libres. La forma más extendida de inserción en la ideología hegemónica.




“Construyen un mundo que, al ofrecer significados unívocos,  un solo camino, acaba no teniendo nada que ver con el existente” (B. Brecht) De eso se trata, la “ideología en el poder” tiene como misión principal la invisibilización (de cara a los sometidos) del dominio y sus formas. Ya no digamos de los engranajes e instrumento que la hacen posible y la afianzan. Como decía Deleuze:  "No es el deseo el que se convierte en necesidad, es todo lo contrario: son las necesidades las que se convierten en deseo", necesidades y deseos, que el sistema “promete” satisfacer, a cambio de la integración incondicional en los mecanismos de las relaciones de producción capitalistas.

- Dijo enfurecido: “¡No hablamos el mismo idioma!”
(Por fin me había comprendido)
Peter Handke

El capitalismo, su “ideología”, nos vende esclavitud vestida “ideológicamente” de libertad, y, como no podía ser de otra manera tratándose de ansiosos compradores compulsivos, se la compramos. Tenemos que aprender a leer la letra grande de los contratos, porque la trampa está en el cumplimiento del mismo, no en el accidental incumplimiento. “Me place ser el ácido corrosivo sobre la imbecilidad.” decía Antonio Gramsci en 1917. Fue Gramsci quién, actualizando a muy diversos filósofos y pensadores de muy variado cariz, dio amplitud y profundidad hasta entonces desconocida al concepto “hegemonía”. Lástima que su trabajo, limitado por su condición de preso aislado y censurado ( si aún en condiciones idoneas:“uno anda la mayor parte del tiempo a tientas en las tinieblas”) en las cárceles fascistas de Musolini, careciera del vigor y rigor documental y bibliográfico (la crítica del capitalismo exige del uso de la razón analítica más exhaustiva y fundamentada), más que necesario imprescindible, para redondear “científicamente” su transcendental aportación “ideológica” a la lucha revolucionaria, sobre todo en la mentada vertiente cultural, y en la época de los primeros y transcendentales pasos del imperialismo. El objetivo de la lucha antihegemónica comienza por la clase obrera y el autoconocimiento de la propia situación social. Desde ahí se percibe con claridad al enemigo de clase.

Claro que: “Conocerse a sí mismo es dejar de ser el que era antes de conocerse”, o sea, que, ya puestos, adelante, pero ojito con el autoconocimiento. Porque vivimos guiados por ese pensamiento que olvida, o que nunca llegó a conocer, su “origen” social, y que prefiere ignorar, o no sabe ni sospecha, que quien domina la producción material controla también la producción mental. Y recordemos una vez más: “La conciencia no puede ser nunca nada más que existencia consciente, y la existencia de los hombres es su proceso vital real”. (Karl Marx) y otra: “¿Quién educa a los educadores? (K. M.) La ideológía hegemónica dispone de la capacidad de ajustar los instrumentos e instituciones de  “educación” a sus propios fines.

¿Quién, en su tibio o apabullante candor, admite educadores que no ve, que no percibe ni tan siquiera como voces “ventrílocuas”, que no asocia ni liga ya sea lejanamente con las ideas, conocimientos y hábitos que, interesadamente, le son inculcados de manera sutil día sí y día también laborales o feriados? La ideología hegemónica, ajena a los oscuros, desorientados, reducidísimos y prácticamente testimoniales debates que tienen lugar en la ciénega antihegemónica (aunque eso sí, vigilados y controlados por si en última instancia hay que echar mano de la selectiva y letal coacción y represión violenta), sigue incansable a lo suyo: alimentar ilusiones, engordar el idealismo supersticioso, alejar la tentación de base materialista, el pensamiento crítico y científico. Colocar lo real fuera de alcance. Impedir pues, la transformación de lo que no existe, porque no se conoce, porque no sale en sus omnipresentes y omnipotentes medios de desinformación e incomunicación, invisibilizado, intangible. A buen recaudo. En fin, probablemente una nueva lectura “errónea”, lo que mejor se me da.

ELOTRO

Elegancia: saber apartarse.

(Peter Handke)



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