Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 11 de enero de 2016

Raymond Chandler en Marlowe






“La mayoría de los escritores tienen el egotismo de los actores sin su belleza física ni su encanto”
(R. Chandler)


Encima de la mesa y repartidas por los escasos huecos de los estantes tengo siempre a mano, para el accidental  picoteo, “novelas negras”. Literatura “poco seria” que le espetaban a Chandler, y que el tan mal encajaba. Y con razón, creo yo. En cualquier caso siempre recordaré aquella sentencia suya:
“¿Y dónde dije yo que sólo las novelas policíacas que yo escribo son literatura seria? Lo que yo digo y siempre dije es simplemente que no existe nada que pueda llamarse literatura seria, que las supervivencias del puritanismo en la mentalidad estadounidense incapacitan a todos, salvo a los más literatos, para pensar en literatura sin referencia a lo que llaman lo significativo, y que la mayor parte de la así llamada literatura o ficción seria es lo más fugaz del mundo; no bien su mensaje puede datarse, cosa que sucede muy pronto, es letra muerta.”
Y, en otro lugar,  añade:
“…si rebelarse contra una sociedad corrupta equivale a ser inmaduro, entonces Philip Marlowe lo es en extremo. Si ver la basura donde hay basura constituye una señal de inadaptación social, entonces  Marlowe es un inadaptado.
Por supuesto, Marlowe es un fracasado, y lo sabe. Es un fracasado porque no tiene dinero.”
 R.Chandler, “El simple arte de escribir”

Bueno, dejemos de lado a esos críticos “del aparato” que no consideran (no pueden, les va en ello la generosa ración de pitanza que reciben y las espléndidas regalías que también), “serio” ningún contenido o género que atente mínimamente contra los pilares del sacrosanto orden establecido. No lo recuerdo en su literalidad, pero Chandler vino a decir que sólo en novelas de clase “B” podía relatarse, sin peligro cierto de censura, que un juez que condenaba a un tipo a años de cárcel por “pequeños trapicheos de alcohol”, podría poseer al mismo tiempo y de manera descaradamente impune (época de la prohibición, Ley Seca), una lucrativa destilería clandestina de whisky y sus correspondientes servicios de venta y distribución.




Un dato curioso, este contenido de “crítica social” no falta en ninguna de sus novelas, aunque tampoco llegan a ocupar de manera “protagonista” más allá de un par de páginas en total, por más que todo el relato esté impregnado del pensamiento de un inadaptado, cínico, avinagrado, rencoroso, caústico, lúcido e irredento Marlowe/Chandler. Contenido “protagonista” impúdicamente mutilado en las versiones cinematográficas de sus obras. Por cierto, qué paradójico resulta leer en los créditos el nombre del escritor “serio” por antonomasia, todo un premio Nobel, William Fualkner, como “guionista adaptador” de la novela de Chandler. Esto de la “seriedad”, historicidad mediante, va por barrios y épocas, y acaba jugándoles muy malas pasadas a los sesudos “críticos del aparato doctrinario”, gente por lo demás, muy dura de pelar, ya que tienen que protegerse de su propia incompetencia.

Nada más terminar la lectura de “El sueño eterno” me puse “a picotear”, una vez más, en la peli del mismo nombre de Howard Hawks con, entre otros, Humphrey Bogart (Marlowe) y a su querida Lauren Bacall. Toda una experiencia multimedia, o casi. Revelador, por ejemplo, el trasiego del tatuaje de la danzarina balinesa del muslo de Marlowe a su pecho, o el prodigioso giro del detective “muy alto” de la novela, al “no demasiado alto”, aunque hizo lo que pudo, de la peli. Por otro lado, la peli nos escamotea, además de la aguda, aunque concentrada, crítica de la injusticia social que aquí brilla por su absoluta ausencia, el desnudo “turbador” de la pequeña de los Sternwood (menuda pieza la niña, en la novela), clave para entender cabalmente el “papel en la trama” del negocio de pornografía que dirigía el cronológicamente primer fiambre de la trama (A. G. Geiger), o su fallido intento de seducción del “hambriento” Marlowe. Censura interesadamente  compensada por el “medio-machista-cinematográfico” con la milagrosa transmutación en apetitosas y obsequiosas hembras rendidas a los encantos de Bogart-Marlowe, que en la novela, no exenta por otra parte del habitual androcentrismo, figuran como  vulgares y grises  tipejos con las uñas sucias, que ejercen grismente de joyero gris o taxista gris. El milagro del cine “serio”. Ese mismo que ha conseguido “hacer realidad” el chiste que según creo  reza así: “Leer… prefiero esperar a que salga la peli”. Se entiende que, “seria”. La versión eunuca, que decía aquél.



El cine no sólo escamotea el “sexo”, digo en la versión “pervertida” chandleriana, sino también las drogas, incluso la “legal” del alcohol (el tabaco, por entonces, no), bien que en su vertiente, también chandleriana, viciosa y patológica-social. Chandler/Marlowe son alcohólicos declarados. No lo disimulan, les sale así. Beben sin miramientos y no se achantan, a sabiendas de que les gusta y, lo subrayan, no les sienta bien; y no lo disimulan: ¿por qué?. Ya no pueden “vivir” de otra manera. Bogart y la flaca beben y les sienta estupendamente, ¿lo disimulan? En la peli, “no lo parece”. No puede ser cinematográficamente de otra manera. Salvo rarísimas y contadísimas ocasiones, la famosa “regla de la excepción”, que no viene al caso. En fin, ¿qué tendrán que ver la droga y el sexo con la vida real…? ¿y la literatura y el cine “serio”?

Seamos “serios”, aunque no nos haga maldita la falta en este inmundo rincón de la blogosfera. Aquí tienen una opinión “no seria” sobre “la fábrica de los sueños”: 
“…uno se deja llevar por la vida falsa de Hollywood y todo se vuelve escenografía, telones proyectados, miniaturas, rocas de papel maché, árboles en macetas, diluvios de lluvia tropical bajo los cuales los personajes caminan durante horas y salen con una solapa húmeda y dos rizos fuera de lugar. Un metro de película más allá el traje está planchado y el tipo tiene un clavel fresco en el ojal”. Y por si no queda claro, añade autocríticamente: “No creo que se pueda convivir de buena gana con gente corrupta sin ser un poco corrupto uno mismo.”

Y para terminar (“Ande, esfuércese un poquillo”), en una carta a Hitchcock: “Yo soy de los que creen que usted se equivoca por completo. Pienso además que el hecho de que usted puede salirse con la suya no prueba que tenga razón”.

En fin, “¿no les dice eso nada, amiguitos?”, pues, mientras la confusión crece en mi cerebro, pongamos por hoy punto y final, y no importunemos más (“aunque no espero a nadie y nadie me espera a mí”), a este “gris y poco serio” picoteo sobre la obra, “poco seria”, del soberbio, en todos los sentidos, autor conocido como Raymond Chandler, alias, Marlowe.

ELOTRO


“Últimamente me descubren hablando solo con frecuencia. Dicen que no es tan grave, mientras uno no se responda. Yo no solo me respondo, sino que discuto y me enojo.”

(Raymond Chandler)



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