Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 25 de enero de 2016

Gris sobre fondo gris.




“La necesidad más seria es la de conocer”
(G.W.F. Hegel)

Hoy ha amanecido un día gris. Los cielos grises, los árboles grises, las caras de los libreros, paseantes (clientes o turistas) y curiosos grises e, incluso, la arboleda visible tras la tapia del Real Jardín Botánico, también de un sucio, ¡la contaminación!, gris. Y las casetas de la Cuesta de Moyano, como siempre, todas repintadas mil veces de gris.





La lucecita, de tenue amarillo pálido, se ha encendido en la caseta del librero facha por antonomasia, el más veterano de la cuesta –le he oído, qué remedio, fardar de sus comienzos allí en el “glorioso” año 1942, el más gritón con diferencia, el más impertinente y desabrido en el trato, y siempre repulsivo. Un mal bicho, si quieren que sea más explícito. También es el que, con mucho, más vende (incluso revende habitualmente a otros libreros, de menos posibles, de la Cuesta), y el que más barato lo ofrece al público. En medio de la consabida y mayoritaria basurilla de autores conservadores o franquistas de raza: Vizcaíno Casas, Pemán, Cansinos Assens, García Serrano, Pio Moa, Fraga, Jiménez Losantos y la intemerata facciosa que no vale un pimiento pero copa las listas de autores de las grandes editoriales, por ejemplo ,Planeta… leo, sigamos, en un pequeño lomo de color amarillo pálido: Raymond Williams, “Los medios de comunicación social”. Por 20 céntimos me lo quedo. Los sábados, nuestro involuntario suministrador de libros inencontrables de autores marxistas,  suele abarrotar caóticamente el tablero de libros, previamente expurgados pero menos, de todos los pelajes a 20 céntimos unidad; el resto de la semana los tasa en 1 euro.




Acostumbra nuestro hombre de extrema derecha (El generalísimo, acostumbra a decir), reservar una parte del tablero exterior, un 30%, de superficie a las piezas expurgadas de más valor según su particular criterio que, la verdad, no es escaso, y los marca a 3 o 5 euros, según le da. De esta zona VIP-gourmet me quedo en esta gris ocasión con, otra lucecita, precisamente gris-plata: “La invención de la tradición” de Eric Hobswaum y Terence Ranger. Libro este flamante al que se ve que recientemente le han arrancado la etiqueta con el precio y su código de barras. En fin, a la buchaca que va.




(Abro paréntesis sobre una novedad que se abre paso desde hace unos meses en La Cuesta de Moyano. El caso es que algunas casetas han cambiado  de dueño o de gestor, no digo sólo currela. La atienden jóvenes que suelen estar armados de su portátil y que si preguntas por un título que no tienen, consulta la red y te informa de su posible encargo. Además son gente que se nota que lee y que conoce obras, autores y editoriales. Salvo escasas excepciones los libros son también de segunda mano pero… y ahí esta el detalle, suelen vender a unos precios altísimos, son la hostia de careros. Por poner un ejemplo, libros de Alianza Editorial, de Ariel, de Grijalbo, de Ayuso de los años setenta u ochenta, marcados a 6, 8 o 10 euros, los mismos que se pueden encontrar en otras casetas o en otros mercadillos de segunda mano a 1 o 2 euros como mucho. Y los sábados como ya se ha dicho a 20 céntimos. Yo ya ni me paro ante sus caballetes, y no sólo por mi limitado poder adquisitivo, en última instancia mejor libros nuevos en ediciones de bolsillo por el mismo precio. En fin, será el "conceto", o ellos sabrán.)



Y hecha la recolección de libros, dirijo mis pasos al Museo del Prado. Hoy quiero visitar la sala donde se exponen temporalmente los “Retratos de artistas por Federico Madrazo”. Esta expo coincide en fechas con la de Ingres y, esa feliz casualidad, permite al visitante comparar la obra, llena de evidentes similitudes, de ambos artistas. Similitudes explicables, las de la obra de Madrazo con la de Ingres, porque Federico estuvo pensionado en París y estudió pintura precisamente con Ingres, que fue amigo de su padre, José Madrazo.









Federico de Madrazo nació hace ahora doscientos años en Roma (1815-1894) fue un talentoso, ténicamente hablando, su aporte de creatividad es nula a mi entender, pintor y dibujante de corte academicista, neoclásico y romántico a la manera francesa que, aunque también trabajó en Roma, fue la que mamó y más le influenció. Pintor de cámara de Isabel II, director del Museo del Prado y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Todo un carrerón en las más altas instituciones de su oficio. Se especializó en el género de los retratos, y es ahí donde podemos apreciar “el seguidismo” con la obra de su maestro Ingres. Sirva de ejemplo el celebrado retrato de la Condesa de Vilches (1853), que también cuelga en las salas del museo y que, en estas fechas “convive”  con La Condesa d’Haussonville”, obra de Ingres de 1845. Sin duda Madrazo fue un alumno aventajado del maestro francés. Y no sólo en pintura, sino sobre todo, en mi opinión, como dibujante. En la expo cuelgan dibujos espléndidos que tienen muy poco que envidiar a los de su maestro, si acaso la cronología, claro. En fin, pintores ambos de escasísimo interés en la vertiente inventiva o experimental, pero de innegables dotes técnicas y artesanales. Y eso, para los degustadores del arte, al menos en mi caso, también cuenta, aunque no sienta especial predilección.




En esta misma visita me he encontrado con una grata sorpresa, lo llaman “La obra invitada”, y es la ocasión de conocer por uno días obras de otros museos.
En este caso se trata de un retrato de “Don Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, IX duque de Osuna”, pintado por Goya en 1798, propiedad de la Frick Collection de Nueva York (uno de estos días escribiré algunas notas sobre el pedazo museo y colección que montó este pájaro en la Quinta Avenida de Nueva York, un “potentado” del acero, en los EE UU de la revolución industriál y la era del capital, Hobsbawm dixit) y de la que se nos informa en el folleto:  “…cuya reciente limpieza, llevada a cabo en el Metropolitan Museum de Nueva York, ha puesto de manifiesto una riqueza de la técnica y colorido que bien podrían situarla en un período más tardío, incluso después de la muerte de don Pedro en 1807”. (…) Don Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco, IX duque de Osuna (1755-1807) fue uno de los primeros y más eminentes patronos de Goya desde mediados del decenio de 1780. Después de su muerte, el artista trabajaría para su mujer y sus hijos hasta 1817. El Prado conserva varias obras pintadas por Goya para los Osuna como el retrato de la familia al completo realizado en 1785, el de la marquesa de Santa Cruz (1805) y el de la duquesa de Abrantes (1816), así como el especial Vuelo de brujas, uno de los “asuntos de brujas” de la serie que Goya vendió al duque en 1798.”

Por mi parte añadir que la restauración que ha realizado el MET, (como es obvio ignoro el estado anterior) ha dejado una pintura que parece recién salida del taller de lavado y planchado del maestro. No me refiero sólo a la viveza de los colores y a su brillo y contraste, sino sobre todo a la nitidez con que se puede admirar las avaras (salvo el rostro), precisas y formidables pinceladas con que Goya resolvió el extraordinario retrato del duque. Ahí está desvelada la impagable herencia de Velázquez que, vía Goya, acabó en Manet (su visita al Prado en 1865) y, por fin, en las manos de los impresionistas. Bueno, esto quizá habría que explicarlo, o fundamentarlo, con más detalle, aunque al fin y al cabo, puede ser una pista.  Dejémoslo pues para mejor ocasión, por hoy ya no se despacha. Tengan la bondad de aguardar.

ELOTRO


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