viernes, 18 de diciembre de 2015

La “victoria” en la “derrota”.





“La manera ingeniosa de escribir consiste, entre otras cosas, en suponer que también el lector tiene inteligencia, en no expresarlo todo explícitamente, en permitir que el lector formule las relaciones, condiciones y restricciones únicamente bajo las cuales es válida y puede ser concebida una proposición”

(Ludwig Feuerbach, citado por Lenin, que, de propia mano, anota al margen: ¡da en el blanco!)

Acabo de leer los “Cuadernos filosóficos” de Lenin (disponibles en la Red) escritos en su exilio en tierras suizas, alla por 1914-16, y ha sido una experiencia gozosa y muy estimulante para mi. Leer sus acotaciones, subrayados o palimseptos, y notas al margen a las obras de  Hegel, Feuerbach, Kant, Marx, Spinoza o Leibniz… todos ellos pensadores tan graves, sesudos, circunspectos… en un tono tan serio, mesurado, crítico o cáustico en unas ocasiones, como  tan expresivo, y hasta desatado en las muestras de entusiasmo o cruel y sarcástico en otras… ha sido una experiencia inédita tratándose de mi admirado y muy revisitado Vladimir…(ahora se me viene a la memoria una anécdota leída no sé dónde que contaba cómo, en un día (¿diciembre, enero?) de verdadero frío polar y con más de un metro de nieve sobre las aceras, el otrora camarada sobrio, comedido y extremadamente parco a la hora de dejar traslucir la más mínima de sus emociones, se marcó un desgarbado y escandaloso, por sus propios gritos acompañantes, baile ante la mirada sorprendida y perpleja de sus desconcertados camaradas: Lénin lo aclaró de inmediato: la Revolución bolchevique acababa de cumplir ¡un día más! de vida revolucionaria, 73 días con sus noches  para ser exactos, que la gloriosa Comuna de París. Y, claro está, aquello para un comunista con cierta implicación en aquel evento no tan consuetudinario  era de obligada e inaplazable celebración. Me lo imagino contando las horas…)

No había tenido Lenin demasiadas ocasiones de festejo y celebración a lo largo y ancho de su dilatada vida como militante revolucionario (Véase: “Lenin: La coherencia de su pensamiento” de Georg Lukács / disponible en la Red).

Contra lo que se suele pensar, Lenín se pasó la mayor parte de su militancia en “minoría”, es decir, perseguido, atacado cuando no ninguneado por las “mayorías” de su propia organización (aquí abro un breve paréntesis para señalar algo que se suele olvidar u ocultar a sabiendas: la dura militancia en minoría fijó en Lenin, pues las había pasado canutas, la absoluta convicción de que en toda organización revolucionaria se debía garantizar, estatutariamente,  la “ineludible” existencia de minorías discrepantes de la ortodoxia dirigente mayoritaria, asegurando y protegiendo incluso su acceso y utilización de medios de propaganda propios e independientes con los que poder defender y difundir “a toda la organización” sus “propuestas minoritarias” en igualdad de condiciones con aquellas que “poseen” de facto  la mayoría oficial, pero no se olvide que siempre, afortunadamente, transitoria, de los órganos del partido. ¿Cómo garantizar si no la lucha de lo nuevo contra lo viejo en las tripas del “teórico”  partido revolucionario? No se debe olvidar que la "verdad revolucionaria" es un proceso, un constante devenir que desmiente dialécticamente la existencia de verdades apriorísticas -o sea, más allá o más acá del tiempo y del espacio de un proceso histórico concreto- "fijas e inmutables").

Derrotas acumuló Lenin para reventar más de un  zurrón, sabía bien lo que significa besar la lona, caer, derrumbarse… y, eso también, en vez de tirar la toalla, menudo era Vladimir, encontrar fuerzas para volver a levantarse. Esa rica y variada acumulación de derrotas, a él que ya era allá por 1914 un consumado analista “político” de la realidad desde el punto de vista del marxismo: materialista y dialéctico; le había enseñado vía “praxis” que la tal “derrota” no tiene necesariamente por qué ser conclusiva, terminante. Ya les gustaría a esos hijoputas que tal predican. Y a sus amos. Lenin sabía que derrota auténtica es sólo aquella de la que no se aprende. La que interioriza derrotismo. Y también sabía que la derrota, cualquier derrota, adiestra, y es parte necesaria de la futura victoria. Y que una derrota, también puede ser un escalón menos, ¿hacia adónde? eso, ya comprenderás, no depende de la escalera. En el caso de Lenin fueron escalones hacia el asalto del Palacio de Invierno del Zar de todas las Rusias, hacia la culminación de la conquista del poder por parte de los explotados, con los bolcheviques liderados por Lenin, a la cabeza. Eso es demostrar las teorías revolucionarias en la práctica, ¿Quieres praxis? Toma praxis. A partir de ahí,  es fácilmente explicable el porqué ese odio y esas viles y permanentes campañas difamatorias contra el más grande revolucionario que ha conocido, hasta ahora, la lucha final. La que tras algunas derrotas más… culminará sin ningún género de dudas con el derrocamiento de la burguesía y su sistema criminal capitalista. Dicho queda por un vulgar y experimentado  derrotado…que no vencido.

Salud y comunismo.

ELOTRO

“Hay que inferir lo desconocido a partir de lo conocido”
(Hegel)


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