Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 12 de diciembre de 2015

Jean Jacques Rousseau en Vicennes




“La primera fuente del mal es la desigualdad”

(Jean Jacques Rousseau,
Discurso sobre las Ciencias y las Artes”, 1750)


Tengo entremanos y, como ya expliqué en la anterior entrada, picoteando a ratos, un precioso librito de bolsillo: Jean Jacques Rousseau: “Del Contrato Social. Discursos”, de Alianza Editorial, con prólogo y notas de Mauro Armiño. Lo acabo de comprar en La Cuesta de Moyano por tres eurazos. Es un volumen extra ****, 335 páginas, con una estupenda, como todas las suyas, portada diseñada por Daniel Gil. La edición es de 1980 y el ejemplar se conserva en perfectas condiciones, papel y encuadernación. Ya tenía la versión electrónica de las obras de Rousseau, pero no puedo resistirme, a pesar de que ando más canino que el gallo de Morón, ante una buena edición en papel. El toqueteo me pone. Marcar, subrayar y anotar son para mí prácticas inseparables del placer de leer. Y bien que las echo de menos cuando se trata del puñetero dispositivo electrónico. En fin, no es fácil igualar, ni siquiera parecerse, a ese perfecto artilugio que llamamos libro, a secas.

Como sabrán algunos de ustedes e ignorarán otros, Rousseau vivió un hecho sustancial y determinante para el resto de su vida, conocido y por él mismo referido como  “la iluminación de Vicennes”, en agosto de 1749: “Fui a ver a Diderot, entonces prisionero en Vicennes (por un delito de prensa)… (…) Si alguna vez algo se ha parecido a una inspiración súbita, fue el movimiento que en mi se produjo… (…) de golpe siento mi espíritu deslumbrado por mil luminarias; multitud de ideas vivas se presentaron a la vez con una fuerza y una confusión que me arrojó en un desorden inexpresable; siento mi cabeza tomada por un aturdimiento semejante a la embriaguez. Una violenta palpitación me oprime, agita mi pecho; al no poder respirar mientras camino, me dejo caer bajo uno de los árboles de la avenida, y paso media hora en tal agitación que al levantarme percibo toda la parte delantera de mi traje mojada por mis lágrimas sin haber sentido que las derramaba”.




Pues sí que le dio fuerte a Rousseau. Leer este párrafo y acordarme del “momentazo” iluminador de Samuel Beckett, fue todo uno, que es uno de esos lugares comunes que siempre saco a pasear por aquí. En La última cinta (Krapp's Last Tape), disponible en youtube con Harold Pinter (Tengo sobre la mesa un ejemplar de “Teatro Reunido” de Samuel Beckett, con traducciones de José Sanchis Sinisterra, Ana M.ª Moix y Jenaro Talens, de Tusquets Editores. Este me costó cinco eurazos también en la Cuesta de Moyano. Y claro, entre otras, contiene, en sus 573 páginas, “La última cinta de Krapp”), narró Beckett su experiencia de aquella noche. Según puede escucharse en “La última cinta”, todo sucedió bajo una intensa lluvia en ese espolón irlandés, “entre la espuma de las olas que brillaba a la luz del faro y el anemómetro que daba vueltas como una hélice”. Pero, por otra parte, hay quien sostiene que todo, incluso el lugar señalado como escenario, el muelle de Dun Laoghaire, es una pura y absoluta invención. El caso es que el relato coincide en esencia “determinante” con el de Rousseau, Beckett descubrió, tras el mensaje revelación, una nueva voz propia que por fin le permitiría “escribir las cosas que uno siente”, ¡Toma ya!

Punto y aparte radical. Pero eso así, tal cual y escuetamente, puede parecer y con toda la razón, una perogrullada; que ya no lo es tanto si conocemos “el devenir” de su planteamiento:  “Joyce había avanzado todo lo posible en la dirección del mayor conocimiento, en el control del propio material. Siempre estaba sumándole cosas; no hay más que ver sus galeradas para comprobarlo. Comprendí que mi camino estaba en el empobrecimiento, en la falta de conocimiento y en la eliminación, en restar más que en sumar”. ¿Qué absurdo, verdad? Además suena a Rulfo total. Otro en fin.



Pero volvamos al gran Rousseau, como lo llamaba el gran Karl Marx. Escribe el prologuista y traductor Mauro Armiño: “La tela de araña en que esa iluminación de Vicennes envolvió a Rousseau para toda su vida y para toda su obra, fue la simplificación que le llevó a “concluir inmediatamente en una relación de causa efecto contra el refinamiento material de la sociedad moderna y la degradación moral de sus contemporáneos.” (J. L. Lecercle: Rousseau.)

Y en palabras del propio Rousseau: “El hombre de mundo está todo en su máscara” dirá en el Emilio,IV; carece de vida propia, vive en la opinión y de la que de él tienen los demás saca “el sentimiento de su propia substancia”. Apariencias, lujo, ostentación, fuentes de una vida externalizada que lleva a Rousseau a enunciar el primero, antes que el joven Marx, el fenómeno denominado luego “Alienation” (=alienación).”



Y ”Extraña y funesta constitución en que las riquezas acumuladas facilitan siempre los medios de acumularlas mayores, y donde a quien nada tiene le es imposible adquirir algo; donde el hombre de bien ningún medio tiene de salir de la miseria, y donde necesariamente hay que renunciar a la virtud para volverse un hombre honrado”.

Y “¿No son las ventajas de la sociedad para los poderosos y los ricos?” “De hecho, las leyes sociales son siempre útiles a los que poseen y perjudiciales a los que no tienen nada”. Sabios y artistas “están pagados, no para descubrir la verdad o para embellecer la vida de los pueblos, sino para justificar el poder de quienes las emplean, y para servir a sus vicios”.

Y como todo debe decirse, un último párrafo del prólogo: "Cierto que en esa soberanía del pueblo hace Rousseau dos restricciones claves: del pueblo hay que separar al populacho, como el resto de la Ilustración, con Voltaire a la cabeza, había hecho: el populacho, la canalla, aquella parte de ciudadanos carente de propiedades."

En fin, que espero haber estimulado el apetito lector de algún visitante del blog…con estas breves notas sobre tan estimable ciudadano franco-helvético: revolucionario enciclopedista, escritor, músico, botánico, filósofo, naturalista, pionero de la antropología general y fundador del derecho político...





A ver si poquito a poco vamos atando cabos que vinculan ciertos ladridos con ciertos perros. Más que nada para ir aclarando el campo de batalla.

(ELOTRO)


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