domingo, 1 de noviembre de 2015

Ferlosio, Martín-Santos, López Salinas… (y 2)






“Crítica quiere decir cultura”
(Antonio Gramsci)

“Los errores existen desde siempre y están a la espera de que los cometamos”
(Arnold Zweig)

Como autor del post (Ferlosio, Martín-Santos, López Salinas…) que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar…


-En literatura,  ¿sólo ves política?
En la medida en que lo “político” es aquello que se ocupa de lo “comun”, en el terreno de la praxis social, el de las relaciones sociales en constante proceso dialéctico y determinadas por las relaciones de producción vigentes: la economía, la cultura, las leyes, la religión, la ciencia, la tecnología, el urbanismo, el medio ambiente, en fin… todas las actividades humanas “sagradas y paganas”…
Y, por otro lado, compartiendo plenamente el aserto de Sartre: “La literatura es, ante todo, un hecho social”: respondería que sí.

Lo que nunca veo o detecto, desde mi punto de vista arriba expresado, es ausencia de “política”. En una sociedad dividida en clases con intereses antagónicos, y por tanto en lucha constante de contrarios, ningún “hecho social” me parece, por activa o por pasiva, que pueda resultar desde un punto de vista objetivo, ajeno o “neutro”.  Por tanto, consciente o inconscientemente, el autor de una obra intelectual  siempre tiene o adquiere  una responsabilidad y un compromiso “social”.



-¿Qué puede haber de auténtica “realidad” o de “verdad” objetiva, en un arte que produce ficción con la mentira y la ilusión?
Decía Picasso que la pintura utiliza mentiras para decir la verdad. Si eso es así o no, la práctica es el criterio de la verdad. El cubismo, por ejemplo, es, entre otras cosas, un truco para superar o dislocar algunas de las formas tradicionales de reflejar la realidad, al permitir en un mismo plano bidimensional, la representación plástica desde diversas perspectivas visuales de distintas y contrapuestas “caras” de la “realidad”. Y, con otras instrumentales “mentiras”, el propio invento del “collage” llega aún más lejos en la representación (montaje irreal) de la “realidad”. O acaso, en la esfera de la literatura y casi en un “tiempo” paralelo, no resulta igualmente revolucionario y superador de los límites clásicos, el llamado “monólogo interior”, “otra cara” de la realidad o “microrealidad” del sujeto, (elemento de la totalidad integradora) que Joyce  empleó en su Ulises (ojo, en  1922).

Realismos que resuelven el litigio entre realidad e irrealidad (¡¿Novelas realistas en las que la realidad no aparece?!), cada uno a su modo y manera. Y por supuesto, realidad seleccionada y aislada y dispuesta, por el autor y a su antojo. Realidad pura y total, verdadera y auténtica, sólo hay una, me temo. En ella, quizá enteramente cognoscible pero seguro que inabarcable, nos movemos todos “las personas concretas”. Algunos procurando no perder “contacto”, desde el punto de vista materialista, con el planeta Tierra.



-¿Aporta “La mina” algún hallazgo “nuevo u original” desde el punto de vista de la innovación estilística, estructural o temática?
No, no me lo parece en absoluto. Su gran aportación, a mi entender, tiene que ver con aquello que decía Brecht sobre los clásicos del realismo:”…que atienden a lo cotidiano y, por lo tanto, al cambio”. En ese atender lo cotidiano, claro que desde una visión del mundo muy concreta y manteniendo una relación dialéctica con esa cotidianidad siempre en ininterrumpido movimiento y transformación, consiste la labor del autor a la hora de seleccionar, dar forma y reflejar la “parte de realidad” (para el Régimen franquista evidentemente incómoda, y por eso “inédita”), que nos muestra, afirmando contra los relatos legitimadores del “statu quo” de la entonces omnipresente y aplastante “literatura hegemónica”, que la “realidad” con autenticidad vital, como mínimo, también es así (aunque, a decir verdad, “era aún más así”, falta, y se puede imaginar el porqué, el último tramo del proceso de concienciación, la respuesta de los mineros -tal y como se daba “al otro lado del espejo” y en esos mismos momentos con el nacimiento de las Comisiones Obreras en las cuencas asturianas-, la cristalización de la lucha).
 Tanto Ferlosio como Martín-Santos me parecen autores, en el conjunto de sus obras, más dotados que Armando López Salinas, si hablamos específicamente de “fabricar” lenguaje y andamiaje o, en su caso, ingeniería literaria.

Dicho esto, el experimento, cronológicamente hablando no precisamente vanguardista, de “realidad objetiva” llevado a cabo por  Ferlosio en “El Jarama”, me parece, además de plomazo, fallido, eso como poco. Y algunos “abusos de juegos verbales intelectualistas” insufribles y pedantes de Martín-Santos (que era un tipo culto e inteligente pero también, y bien que lo deja traslucir, un ególatra y narcisista estomagante) en “Tiempo de silencio”, una muestra del “aldeanismo oscurantista” que, incluso los intelectuales más al día y viajados (estudió en Alemania, donde compartió residencia universitaria con Manuel Sacristán) equipaban, por lo que se ve sin pizca de rubor.



-Si, “realmente”, los personajes de “El Jarama” eran, ignorantes casi virginales, anodinos, triviales, aburridos, insustanciales… la novela que escribe Ferlosio no es “responsable” de la lamentable y soporífera “realidad” que refleja, ¿no?

Yo critico el tostón de novela, no la manifiesta estupidez de sus personajes. Con personajes estúpidos, y microrealidades en micromundos,  he leído logradas novelas. Sobre el experimento de “realidad objetiva” que realizó Ferlosio, y que en cierta medida él justifica en una nota, “A la sexta edición”, leo en otros que consistía, de manera figurada, casi en una “aséptica” transcripción literal de unas cintas magnetofónicas que hubiesen sido registradas durante ese domingo que pasaron los jóvenes empleados madrileños y los clientes lugareños en la venta junto al Jarama. Pues sigo pensando que, intenciones renovadoras incluidas, descalabro absoluto. Insisto en que leída la novela ahora y aquí. Aunque, entonces y allí (y todo escritor es hijo de su época), ya he anotado que el propio Ferlosio dio la espalda de manera inmisericorde a su propia obra. Eso además.

ELOTRO


Manuel Sacristán: “Una cosa es la realidad y otra la mierda, que es sólo una parte de la realidad, compuesta, precisamente, por los que aceptan la realidad moralmente, no sólo intelectualmente”.



***

No hay comentarios:

Publicar un comentario