miércoles, 14 de octubre de 2015

Bonnard / Munch




Pierre Bonnard, pintor y grabador francés y Edvard Munch, pintor y grabador noruego nos visitan, parte de sus obras, este otoño en Madrid.
Bonnard nació en 1867 y murió, con 80 años, en 1947, dos años después del término de la Segunda Guerra Mundial. Munch, por su parte vino al mundo el año 1863 y, tras cumplir 81 años, pasó a mejor vida en 1944, a un año del final del conflicto bélico.
Se podría decir que hasta aquí las coincidencias, pero no, creo que no. Pienso que, salvando las distancias, existen más, algunas más y de cierta importancia.

Ambos nacieron en familias de clase acomodadas, y pudieron  cursar estudios superiores: Bonnard, hijo de un alto funcionario, estudió Derecho en la Universidad de París; Munch, hijo de médico militar, Ingeniería, que abandonó por la pintura dos años después.

En 1885 Munch hizo su primer viaje a París, así pudo conocer de primera mano las obras originales de los artistas y movimientos pictóricos más avanzados. Y hete aquí que sobre todos ellos destacó su aprecio por las obras de Gauguin (pintor y grabador), quien, a partir de entonces, dejó una huella profunda y perfectamente perceptible en la obra del artista noruego.
Por su parte Bonnard, en 1888 fundó, junto con Vuillard, Roussel, Denis, Vallotton y Sérusier, el grupo de los “nabis” (“profetas” en hebreo), basado precisamente en las investigaciones conceptuales y formales de un tal Gauguin.  Ni que decir tiene que la influencia de éste resulta asimismo claramente detectable en el conjunto de la obra pictórica y gráfica de Bonnard.

Bonnard y Munch fueron dos artistas alejados de los cánones academicistas, de la vulgarizada realidad visible o del naturalismo clásico tanto formal como cromático. Ambos artistas bebieron de la tradición pero, a partir de ahí, consiguieron conformar, a base de añadir y mezclar reflexión y experimentación, su propio e inconfundible lenguaje artístico, su sello particular y contemporáneo. Tanto Munch, como quizás en menor medida Bonnard, han influido de forma determinante, y esto es fácilmente constatable (“Expresionismo abstracto”: Jasper Johns, “Neoexpresionismo”: Georg Baselitz…etc), en movimientos y artistas inmediatamente posteriores y hasta nuestros días… incluso en la pringosa publicidad.



Ambos eran tristones, ensimismados, obsesivos, pasionales, individualistas y viciosamente solitarios. Fueron muy reiterativos en los tratamientos formales y las temáticas y ambos compusieron una peculiar plástica llena de inquietantes y escurridizos simbolismos que marcan de manera determinante la posible relación, por supuesto que ni fácil ni libre de obstáculos y filtros, entre la obra y el ocasional espectador “in situ”. Repito: espectador “in situ”, nada que ver con la contemplación de reproducciones. Y no sólo por lo del “aura” que decía Benjamin. Sino fundamentalmente por la escala de las obras y por el color y la textura de las materias que aplicaban con tanto esmero y minuciosidad ambos artistas. Por ejemplo y en el caso de Munch: “El beso” xilografía con gubia y segueta. O su “Mujer llorando”, óleo sobre lienzo de 1909. O la pequeña versión xilográfica de “El grito”…




En la expo de Bonnard me he quedado clavado y desarmado de junto a su obra “El boxeador (retrato del artista) de 1931. Inquietante autorretrato, le acompañan otros tres que tampoco son moco de pavo, frente al espejo del cuarto de baño. Esa mirada angustiosa, roja, perdida, vacía, sonada, insoportablemente cruel consigo misma… y con ese delirante y algo patético camorrista de cuerpo tumefacto que danza al otro lado del espejo… o quizás no…
Ese cuarto de baño del que parece que nunca salía su modelo-amante-mujer, “una muchacha de origen humilde llamada Maria Boursin, que cambia su nombre a Marthe de Méligny para parecer más aristocrática”, a tenor del sinnúmero de pinturas en las que posó para Pierre, ahora de pie o en cuclillas, fuera o dentro de la bañera, con bata, desnuda, secándose, reflejada, de espaldas o perfil, con el inevitable gato entre sus desnudos brazos…

Tanto la expo de Bonnard como la de Munch merecen un garbeíto…

ELOTRO


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