miércoles, 1 de abril de 2015

¡Qué grandes estamos esta mañana!






Leo en “Crítica y ficción” de Ricardo Piglia:
“…El mismo Baudelaire, por supuesto, era un crítico excepcional. ¿Qué uso de la crítica hace un escritor? Ésa es una cuestión interesante. De hecho un escritor es alguien que traiciona lo que lee, que se desvía y ficcionaliza: hay como un exceso en la lectura que hace Borges de Hernández o en la lectura que hace Olson de Melville o Gombrowicz de Dante, hay cierta desviación en esas lecturas, un uso inesperado del otro texto. La discusión sobre Shakespeare en el capítulo de la biblioteca en “Ulises”, y ese capítulo es para mí el mejor del libro, es un buen ejemplo de esa lectura un poco excéntrica y siempre renovadora.”

Y ya se pueden imaginar, me falta tiempo para buscar mi ejemplar del “Ulises”, traducción de J.M. Valverde, y me sumerjo de inmediato en la lectura, en realidad es segunda o tercera relectura pero para el caso ya transcurridos años, como si fuese la primera vez, del capítulo preferido de Piglia, el número nueve…

“¡Qué grandes estamos esta mañana!” se puede leer en un capítulo anterior. Como bien dice Piglia, todo se puede ficcionalizar, y precisamente eso es lo que me propongo hacer ahora y aquí con esta tan imprevista como accidental lectura de Joyce vía Piglia. “Todas las moléculas cambian. Soy otro ahora.” Otro que leía a Piglia. Conclusión lógica de premisa lógica. Pero ocurre que uno, igual que siempre tiene otras cosas en qué pensar, también anda habitualmente escindido entre múltiples lecturas y relecturas… y sus correspondientes anotaciones, escrituras.
“Mete aquí todo lo que sabes… hazles cómplices”

Empiezo un nuevo cuaderno, con gomita, del chino, grande, limpio, claro y, repito, nuevo. Agarrémonos al ahora y al aquí y desenvainemos nuestras opiniones, descripciones o “definiciones-puñales”. Hagámoslo para quitarnos de encima el mal Karma que nos ha endosado la prensa-vendida muy de mañana: “Hoy aprueba el Congreso la “Ley Mordaza”. Dice Piglia que, en un sentido, un escritor escribe para saber qué es la literatura. Yo no debo de ser escritor. Ni siquiera de esos, aunque comparto la opinión de Piglia de que cada uno es muy dueño de leer (y escribir) lo que quiera en un texto y de que bastante represión hay ya en la sociedad. El mismo Piglia nos cuenta cómo, en Argentina, el discurso militar tuvo la pretensión de ficcionalizar lo real para borrar la opresión). Yo leo y escribo para saber sobre mí y sobre el mundo en el que vivo y su auténtica realidad social, política y cultural; claro que más allá de los fraudulentos “modelos convencionales de realidad”. Soy alumno, escaldado.

“-Los escolásticos fueron primero escolares –dijo Stephen supercortésmente-.  Aristóteles fue un tiempo escolar de Platón.

-Y no ha dejado de serlo, cabría esperar –dijo reposadamente John Eglinton-. Se le ve, un escolar modelo con el diploma bajo el brazo.”




“Libros vivos en cerebros de hombres”, bueno, de eso se trata aunque no siempre acompaña la suerte. Digo que no siempre el cerebro del hombre anda vivo. Ni todos los libros palpitan, ni muchísimo menos. Precisamente por eso, ¡y la entropía!, huyamos del griterío: no hay tiempo que perder “con historias lloronas”. Porque no tarda en llegar el tiempo: “…cuando la mente, dice Shelly, es un ascua que se extingue, eso que era yo es lo que soy y lo que en posibilidad puedo llegar a ser.”

“Por aquellos campos de centeno
Los campesin@s prueban qué es bueno”.

Y es que hay pruritos y pruritos y…“La vida esotérica no es para la persona común.” Los santos: “Gente excelente, sin duda, pero lamentablemente miopes en algunas cuestiones…” o héroes tampoco parece… “Una vez vio un atisbo de lo elemental (¿de su cuñada?)… ¡Ah, qué vergüenza! No está bien mirar, no está bien, cuando una dama enseña su elemental”. Y en cuanto a genios… “Quiero decir, tenemos las obras. Quiero decir, cuando leemos la poesía del “Rey Lear” ¡qué nos importa cómo vivió el poeta? En cuanto a vivir, nuestros criados pueden hacerlo por nosotros, dijo Villiers de l’Isle. Curioseando y hurgando en los comadreos entre bastidores de aquel tiempo (el ¡HOLA! no había llegado aún), que si bebía el poeta, que si tenía deudas. Tenemos el “Rey Lear”: y es inmortal”.

Bien, es necesario que aquí lo dejemos –esta extravagante lectura- por hoy…  “Necesidad es lo que en virtud de lo cual es imposible que una cosa pueda ser de otra manera. Ergo, un sombrero es un sombrero”.

Quizás convenga colocar aquí el famoso “continuará” de los tebeos, o aquello otro que opina  Piglia sobre el psicoanálisis (una ficción hecha de sueños, de recuerdos, de citas…) cuando lo define y califica como el “folletín” de la clase media, y nos señala que en sus espaciadas  “sesiones” repite los esquemas “de las entregas” del folletín, las interrupciones del contexto, que decía Benjamin…¡el folletín épico! Que diría ELOTRO.

Es tan OTRO, el punto de vista de ELOTRO? “De todos los grandes hombres es el más enigmático. No sabemos nada más sino que vivió y sufrió.”

En fin, el viejo soñador se ha vuelto a estrellar contra la dura realidad. Seguimos desgarrados por dudas contradictorias. No tenemos las preguntas. Locura. Resistir. La cuestión suprema del arte (musical, literario, pictórico, cinematográfico…) es desde qué profundidad de vida emerge. El arte tiene que revelarnos… (Todo lo demás es especulación académica, de escolares para escolares)”

“Nos volvemos importantes, parece. Tengan paciencia conmigo.”


 “Obrilla mía, deja ya mi mano:
ve a saludar al público inhumano.”

ELOTRO



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