Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 13 de abril de 2015

EDIPO, y los dioses que se las saben todas.






EDIPO, y los dioses que se las saben todas.


EDIPO
Una gran distancia ya nos separa. Detrás no hay nada, delante nada. No debemos de tener prisa. Tampoco en saber respecto de qué o de quienes equidistamos. ¡Qué lejos de todo! Conviene hijas mías que igual que los de aquí hagamos. Creo que hay hueco, que podemos, ea, quedarnos. Lo importante es culminar con éxito. Acampar no significa darse por vencido. Los dioses sabrán.

ANTÍGONA
No desaparecen las nubes negras de nuestro horizonte vital. ¿Los dioses sabrán?

EDIPO
No intentemos luchar con la necesidad. De eso, guardémonos bien. Para aprender vivimos, de los que van, de los que vienen. Sin conocimiento no conviene hablar. Del saber depende la prudencia en las acciones. Y aún así, y bien que lo padecemos, de los males nadie está al abrigo. Los dioses sabrán.

ANTÍGONA
Padre, de aquel nutrido coro que se ve a lo lejos se singulariza quien parece el corifeo, que va tocado con un enorme pétaso cuya ala cubre parte de su rostro. A nuestro encuentro acude raudo y decidido. ¿Otro aguijón?

EDIPO
En escuchar sus palabras, ¿qué daño hay? Se nos profetizó que el destino no se equivoca. Desconocemos destino. Los dioses sabrán.





CORIFEO-HERALDO
Qué quienes somos, de dónde venimos, qué buscamos en esta tierra que no es la nuestra.

EDIPO
Nadie lejos nada. Los dioses sabrán.

CORIFEO-HERALDO
Que, lapidario cieguito, empecemos de nuevo y de buenas. Que quiere escuchar de nuestros labios nuestra historia. Que palabras de peso nos preceden. Que muchas noticias de los caminantes suelen ir aquí y allí. Que de lo que se oye vario e incesante, quiere oír verdad. Que hablar verdad traerá cuenta a los extraños. Que si no, ¡largo! Que si sí es hora de empezar. Que dime para que lo sepa, ea, y hacedlo de prisa. Que debo presto informar a mi señor.

EDIPO
Sea como os es grato y a vuestro señor: Pobres errabundos somos, condenados al destierro, al alejamiento de los nuestros y  de la que fue nuestra infortunada morada. Como bien puede conjeturarse, oigo de éstas, que ven por mí, pido poco y menos obtengo aún y este poco me basta; y así juntos padecemos sin delito cometido…





CORIFEO-HERALDO
Ocupaste lecho de nombre maldito, se dice que dicen…

EDIPO
¡No averigües ni busques más!, diciendo crueles palabras en tono dulce, me estrechaban los mismos conjurados que en otro tiempo adulaban, y que en la sombra supe, tarde, ahora arteramente me acusan. Busqué y averigüe. Ni la que me parió ni yo sabíamos. Cuando supe, comprendí que no podíamos saber. Los dioses sabrán.

Las traiciones no se ven como se ven los incendios. Supuestos fieles servidores armados de falsa lengua y afilado lenguaje, calculando ventaja dejaron caer sus caretas y  me acusaron  de conocer y ocultar que ni me había engendrado el que creía mi padre ni concebido la que creía mi madre…




CORIFEO-HERALDO
Que a más a más parricidio cometiste, dicen que dicen…

EDIPO
Nada tuvo que ver conmigo. También demasiado tarde tuve cumplida noticia de haber dado muerte -los dioses saben que no sin motivo y por la parte contraria sobrados merecimientos-, a mi propio padre, sin sospecha, empero, de qué tipo de sangre allí se vertía. ¿Cómo voy a ser yo un criminal por naturaleza si sólo devolví el mal recibido? Para unos en seguida y para otros más tarde, se cambia la blandura en aspereza. Los dioses sabrán.

Y las cuestas todas se empinan… los desleales conspiradores persiguen, acorralan, hieren, cazan como una traílla de perros. Mi madre, la que  me dio a luz y yo no lo sabía ni ella tampoco y luego hijos para su propia deshonra, supo, y con la soga se dio fin. Y sobre mi madre y madre de mis hijos no diré más. ¡Ah, ah, terrible de ver y terrible de oír! Todo lo que se puede medir pasa, todo lo que se puede contar tiene un término. En este lugar que furioso late en mi pecho  morará siempre mi espíritu vengador. ¡Ay, triste suerte la mía! Y, ¡oh, dioses!, qué benéfica para los taimados urdidores que valiéndose de sucias tretas y extrema vileza han usurpado mi trono, infames entre los infames. Mas parece costumbre que el ciego guía al vidente, con cínica desvergüenza y despótico talante. Ares, el dios de la guerra, y la violencia ciega y brutal, al que se sabe adornan la delicadeza y una más que eficiente energía, sabrá.




CORIFEO-HERALDO
Que aún piensa que también sin un Dios podría comprender esto cualquiera con entendimiento. Que de vacío no llegamos, bien sabe esto. Y que lo hará saber. Que de poco regresará. Que mientras, abstente.


ANTÍGONA
Retirose sin volver la cabeza. Y ya le escolta el coro. ¿El verde traiciona?

EDIPO
Hijas mías, mientras el hombre del sombrero va y vuelve, sabed que abrevié el relato adrede,  no es suma de palabras, no son palabras vanas. Por fortuna, no andamos en necesidad de gastar la muy manoseada divisa sofística: hacer más fuerte el argumento más débil. Por ahí bien saben los sabios dioses que vamos servidos, por no decir sobraos… y si no al tiempo y al precio del diván. Es diferente hablar mucho y hablar con oportunidad. No era su señor, y el heraldo exudaba apremio. No pronuncié juramento alguno, como acostumbra al caso el bribón. Espero que lo anotara en beneficio y proclama de nobleza. Aún así, nuestra exánime fortuna anda en las rudimentarias manos del presuroso traductor-traidor. Atenea, la de ojos de lechuza sabrá.

 ANTÍGONA
Padre, a las doce se avista una gran comitiva. Va encabezada por el que debe ser señor de estas tierras, que cabalga enjaezado potro etneo. Ya se acerca… va fuertemente escoltado… no alcanzo a ver sus rasgos  con nitidez pero… si no fuera una bobada… yo juraría por todos los dioses que tiene un gran parecido… o al menos una semejanza… no sé… con… con… el heraldo-corifeo que antes nos visitó... pero… y ahora qué hacen? qué hostias? pero adónde………………………………………………………………………

EDIPO
Qué ocurre… por qué callas, hija mía?

ANTÍGONA
Nada comprendo padre, es como si fuésemos transparentes, como si no existiéramos, la comitiva nos ignora y  pasa de largo… sólo el gran señor a caballo parece dirigir hacia nosotros unas palabras a voz en grito… pero… ¿Los dioses sabrán?


EDIPO
¿Oís lo que dice?

ANTÍGONA
No padre, lo siento, no puedo interpretar palabra alguna… nada, ningún mensaje… solo creo entender el gesto que acompaña sus palabras… algo así como un gesto de aprobación…  o mejor de acogida… pero no puedo estar segura… si digo verdad no lo sé… no lo sé… mejor no descifrar…  y ya se alejan y los envuelve el polvo… allende, tormenta de arena, desaparecen… no sé… no sé… ¿Los dioses sabrán?




EDIPO
Los dioses sabrán… ¡nada que no sepamos!… cae la noche? ¡Ay de mí, ay! Guardad hijas mías este momento y no lo confundáis con un anticipo… ¡Los dioses perros son!

ANTÍGONA
Los dioses hacen aún mayor el silencio que nos cerca…

(CORO)
Ea, se acabó.


ELOTROEDIPO


(Nota que se pretende aclaratoria:
Se dice de la hermana de ANTÍGONA que al parecer hablaba poco, aquí, como se puede comprobar, nada.)



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