Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

martes, 10 de marzo de 2015

Relatos absolutamente indignos de confianza.






Todo cambió cuando pudo convencerse en persona de que era capaz de tragarse todo lo tragable y aún lo no tragable si se esforzaba un poquitín. A partir de entonces, tragar, lo que se dice tragar, siempre tragó con el mayor placer. Además que no tragar era mala praxis, tal conducta tenía anunciado (¡Que se sepa quien manda!) un efecto devastador, y con eso si que no tragaba. Ni jugaba. Se adaptó rápidamente al estereotipo vigente que le correspondía de obediencia, inercia y estupidez. Y de camino asumió también, son inseparables, la lógica de la dominación y la servidumbre. Lógica perfectamente compatible, como si hubiese sido pensada adrede, con un tipo de orden planeado para mantener a los pobres en su sitio. Lógicas y estereotipos curiosamente implementados por individuos de escasa educación que sin embargo ya habían triunfado en los negocios utilizando las armas del empirismo y el sentido común.

“La experiencia que se obtiene de los libros, aunque con frecuencia es valiosa, pertenece a la naturaleza de la erudición, mientras que la experiencia obtenida de la vida real pertenece a la de la sabiduría, y una pequeña provisión de esta última vale mucho más que una amplia acumulación de la primera” (Samuel Smiles).

Es sabido, sobretodo la gente práctica que los observa desde un punto de vista práctico, que a los eruditos se les escapa casi todo ¡Ante sus propias narices! Y es que bajo ningún concepto se animan a mover el puto culo del sillón. Es deplorable, claman los empiristas, así no hay manera.

(A pesar de todo lo anterior deben saber que los eruditos iban a la  cabeza en su falta de respeto por los defensores de la  experiencia práctica. Y mientras esto acontecía entre los teóricos y los prácticos más o menos puros y excluyentes, en el campo de la ciencia fenómenos tan aparentemente dispares como el calor y la energía fueron unificados por las leyes de la termodinámica).

A otros, ya saben quienes, por el contrario, y siempre tan alejados de cualquier decir erudito, no se les escapa ni una (las atrapan como sea y donde sea y además cagando-leches). Ahí se demuestra la incuestionable superioridad del burgués como especie, superioridad fruto de la selección natural transmitida genéticamente, no es que pertenezca a una especie diferente, pero sí a una raza o estadio superior de la evolución humana. Por tanto, es fácil deducir que los obreros como las mujeres, están obligados a ser leales y a estar y demostrar que se encuentran satisfechos con su natural posición de orden inferior.

Así es y se estructura el mundo capitalista hecho por y para la burguesía. Y por lo tanto y puesto que a la vista no hay alternativa (Margaret Thatcher dixit: there is no alternative, no hay alternativa al capitalismo)  ni nadie – que sea alguien- que se atreva a poner en tela de juicio esta taxativa afirmación:

¡habrá que seguir tragando!
¡habrá que seguir tragando!
¡habrá que seguir tragando!

(canta el coro sin que ningún miembro se atreva a desafinar)…

¿Otra cosa sería cabal?

¿Hay que recordar la masacre de  los comuneros de París?

Pues eso, ¡Que se sepa quien manda!
Y ahora cada uno a su faena… o es que el jornal se regala?

Anda, pichón, abre la boquita… a ver cómo te lo tragas…


ELOTRO


***
“Parece que el vacío no sea nunca bastante vacío”.

(M. Blanchot)



*** 

1 comentario:

  1. Tu corrosiva filípica me ha recordado "En las antípodas", canción de Javier Krahe:

    La problemática es económica
    y en lo teórico no son unánimes
    los hay escépticos, los hay fanáticos,
    pero en la práctica no ves apóstatas
    sino en los márgenes o con prismáticos.
    Y unos son míseros, otros son prósperos.

    En las antípodas todo es idéntico,
    idéntico a lo autóctono.

    Salud

    ResponderEliminar