Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 18 de marzo de 2015

Paul Cézanne / Hortense Fiquet





Exposición de pinturas, en el MET de Nueva York  (Museo Metropolitano) con dibujos y acuarelas de Paul Cézanne (1839-1906) protagonizadas por Hortense Fiquet (1850-1922), su esposa, madre de su único hijo, y su modelo más pintada. 






Son los veintinueve retratos, conocidos, de Hortense, y la exposición explora el profundo impacto e interés que la práctica del retrato tenía para Cézanne. (Nuestro artista retrató a otros modelos a lo largo de su vida pero, en comparación con sus compañeros impresionistas resultan ser muy pocos. Cézanne era muy exigente con los modelos, debido a su “torpeza” y extremada lentitud, siempre acababa “mal” con ellos…¡se movían, se cansaban! No como las estatuas del Louvre o sus queridas manzanas).






Las obras expuestas fueron pintadas durante un período de más de veinte años, siempre con la presencia predominante de Hortense Fiquet que sin embargo fue con frecuencia ignorada y ninguneada en la narración de la vida y la obra de Cézanne. Su expresión en los retratos pintados se ha descrito como remota, inescrutable, desdeñosa, e incluso hosca. Y sin embargo, en los retratos aparece a la vez seductora y confusa. Se diría la grabación de un diálogo de trabajo complejo que esta exposición ayuda a explorar en muchos niveles. (Tras los duros años de calvario y penurias que atravesó el matrimonio no parece que la pareja mantuviese nunca, ni siquiera en un principio, algo parecido a un idilio. Es bien conocida la ambigüedad sexual de Cézanne –siempre fue incapaz de enfrentarse a un modelo, de carne y hueso, desnudo- y su hostilidad “social” con casi todo bicho viviente, incluido su hijo que cuenta cómo ni siquiera aceptaba que, ya mayor, le tocara el brazo cuando trataba de ayudarle a cruzar la calle).









Las representaciones de Hortense en óleo, acuarela y grafito proporcionan las únicas pistas (el redactor olvida la muy jugosa correspondencia de Cézanne, sobre todo la mantenida con su gran amigo Zola. En estas epístolas Cézanne desvela a su amigo del alma todas sus luchas familiares, profesionales o sociales y el fruto de frustraciones que recolecta, incluida la de su relación con Hortense, mujer que se desentiende del mundo del arte, cuando no se mofa del mismo Cézanne y sus “locos” amigos, y que sólo aspira a una acomodada y muy social vida burguesa en París) materiales de su unión con Cézanne, que comenzó en París en 1869, mientras ella trabajaba como encuadernadora. 

Aunque las circunstancias de su primer encuentro se desconocen, un retrato principios de 1872 sugiere que ella ya posaba para Cézanne a la edad de veintidós años. Cézanne se esmeró en ocultar a su familia tanto a su amante como a su único hijo, Pablo, por temor (más que fundado en términos crematísticos) a la desaprobación de su padre, tipo autoritario y castrante. Este subterfugio complicado les llevó a residencias separadas, peticiones frecuentes y, a menudo desesperadas de fondos económicos, y largos períodos de separación, incluso después de su matrimonio en 1886 (E incluso después del fallecimiento del tiránico padre de nuestro artista y la tardía llegada de la herencia. Mientras su mujer y su hijo vivían en París, Cézanne murió solo, en su estudio de Aix, tras una pulmonía contraída  una tarde de tormenta a su vuelta de una de sus escapadas para pintar su modelo preferido, que nunca variaba caprichosamente la pose y nunca se quejaba, la montaña de Sainte  Victoire).


Texto del MET, con notas de ELOTRO





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