Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 29 de marzo de 2015

Nada que decir... mucho que escribir...





«Bendito sea el  hombre que no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrárnoslo con sus palabras»
(George Eliot)

Escribes… procuras escribir algo que no añada basura, daño, ruido, oscuridad, que no enmarañe ni empeore aún más las cosas –digo pensando en uno mismo, y sobre todo en la gente cercana a la que quieres o te importa más que un comino, como aquellos presuntamente pertenecientes a tu propia, y oprimida y explotada, clase social, y por el que dirán de la solidaridad y la fraternidad y el internacionalismo y tal… y por fin a la especie humana (a excepción claro está de los putos amos del cotarro y sus fieles perros de presa y propaganda) así dicho en general, aunque una buena parte y debido a su vil y arrogante indiferencia ni de coña se lo merezca, digámoslo, en modo particular.

Escribir sin contribuir -restar ya sería la hostia y no estamos pa’hostias- a la cada día más inflada y ascendente columna negra de las emisiones y deposiciones contaminantes, tóxicas, venenosas; y nada de colaborar, cuando menos, al creciente calentamiento local, autonómico y global, al tremebundo cambio climático, a la inminente eco-catástrofe larga e inúltilmente anunciada y denunciada… ¿por los eco-catastrofistas?, así suelen graznar irónica e interrogativamente los lacayunos propagandistas del sistema… pues tome nota improbable lector, ésta insidiosa e interesada etiqueta denigrante y calumniosa, y otras de la misma catadura y despreciable pretensión, resulta ser  fabricada, sembrada y difundida, e inoculada urbi et orbi diríamos con propiedad, precisamente por los mismos repulsivos sujetos –miembros “selectos y numerarios” de nuestra arrogante y penosa especie- que cada día destruyen la biodiversidad de la que dependemos y emponzoñan la biosfera que nos vivifica.

Y lo hacen gustosamente auto-impelidos y auto-cegados por su inaplazable y siempre insaciable –de ahí en concreto la execrable ceguera-, ánimo de lucro, piedra angular, base, esencia y naturaleza,  de la ya mentada y maldita clase que, desde hace ya demasiado tiempo, nos pisotea, nos humilla y nos estruja la plusvalía día sí y día también.






A poco que nos molestemos un poquito en fisgonear fuera de los “obligatorios” medios de desinformación y persuasión patrocinados por las mencionadas mafias de infames explotadores y contaminantes, puede uno encontrar algunos, ¡incluso demasiados!, datos trascendentales de irrebatible carácter objetivo y científico que cuestionan de raíz la “fabricada e implantada” opinión y cultura hegemónica. 

Nos asombrará, somos así de infantiloides, comprobar que información tan valiosa se encontraba, inexplicablemente para los listillos u obtusos, disponible y a nuestro corto alcance, bueno, quizás enterrada adrede  bajo montones de lujosos folletos publicitarios, impresos en papel couché brillo de alto gramaje y cuatricomía más color directo corporativo, pertenecientes a la autoproclamada “limpia, ecológica y sostenible” industria química o nuclear, por otro lado suficientemente cubierta de polvo opaco y anormalmente desubicada (errónea sección y temática, falso (des)orden cronológico, autor…) e inexplicablemente desplazada de lo que debía ser su adecuado lugar y estante, por no hablar del edificio o la ciudad universitaria...






En fin, que todo puede suceder tras  aventurarse a mirar, (y por una puta vez ya se puede intentar, ¿no, carajo?) más allá de los límites que marca el gran foco supuestamente “panóptico”, que ni de coña, y más allá de la zona de “seguridad” (¿seguridad de quién y de qué? hostias ya con la puñetera seguridad… de la propiedad, lo único que les preocupa…) acotada y avalada por la “muy convencional” iluminación oficial.

El caso es que, si nos imaginamos ya embarcados en esa hipotética excursión y abriéndonos paso a través de apagados e inquietantes senderos de aspecto casi clandestino, es más que posible descubrir, en algún lugar del camino, qué se yo, una venta, una posada o un motel con saloon y  Jukebox, que, alguien, no necesariamente un fracasado escritor aquejado de tabaquismo terminal  y alcoholizado hasta kas cachas, se ha preocupado por armar unos textos, eso sí mecanografiados a limpio en horas matutinas bien por la sufrida posadera (como salida de un óleo de David Teniers)  o, en su caso, por la oriental y enamoradiza recepcionista del motel (como salida de la peli “Puro vicio” de Paul Thomas Anderson) , informes, digo, cargados de sesudos razonamientos y a su vez avalados por datos objetivos y contrastables tanto frente al panfleto gubernamental BOE como ante las (des)memorias anuales de las diversas compañías corruptas y corruptoras.
Y, ¡oh sorpresa!, el dichoso “informe” se acaba mostrando capaz de desbaratar y disolver, en un santiamén, ‘la densa nube negra dickensiana’ que tradicionalmente oculta el infierno creado y sostenido (cierto que con el pueril consentimiento, en el sentido gramsciano, y la inestimable colaboración activa o pasiva de la “iluminada” e indiferente mayoría social) y eficazmente “ensombrecido” por el deslumbrante, en todos los sentidos, capitalismo.




“Callar es también una forma de hablar. El silencio es imposible.” (Damián Tabarovsky, “La expectativa”) Citar un texto significa interrumpir su contexto, escribía Walter Benjamin a propósito del teatro épico de Brecht. Y me parece a mí que la cita de Tabarovsky juega, también, a sintetizar contextos y reducir interrupciones. Y creo, como lector “a solas con su texto”, que acierta. Consigue que comparta y suscriba el significado de la primera oración y que me rinda ante la evidencia del segundo, y aparentemente contradictorio, enunciado. Entre las dos oraciones que conforman la cita de Tabarovsky detecto sólo un contexto (no)interrumpido, es decir, una relación textual armoniosa y contradictoria y dialéctica.

Claro que, como decía George Eliot: «Nadie puede ser sensato con el estómago vacío» … así que tras un bocado, un trago y unas caladas … escribamos sobre lo que ellos, los que llevan la manija, callan (para invisibilizar el conflicto, para desactivar la lucha)… porque como bien sabemos no todo está dicho. Más bien, casi nada está dicho, al menos no está dicho desde un posicionamiento crítico y, qué remedio, contrario a los “intereses” de los beneficiarios de la sacrosanta versión canónica del poder, esa que nos oprime y reprime… al lío pues…


ELOTRO

PS. La verdad es que he perdido la cuenta de las “citas que interrumpen el contexto”, y que, por las mismas, fragmentan el texto… pero muchas o pocas no veo yo que la cosa haya quedado muy épica, no sé, no sé… habrá que seguir fracasando…


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Karl Kraus: “La meta es el origen”
(Pancarta situada, por algún gracioso, unos metros más allá de la meta)



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