Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

jueves, 12 de marzo de 2015

aunque no se tenga público...





P. Highsmith: “Escribir es una forma de organizar la vida. Y la necesidad de hacerlo sigue presente aunque no se tenga público”.

Completamente de acuerdo con la Highsmith. Ni soy de esos que escriben para que le aplaudan ni de los que sostienen que para ellos lo difícil no es escribir sino no escribir. Me pasa con las lecturas, las exposiciones, las películas… con las que nutro, es un decir, mi mente, mi cuerpo, en cualquier proporción o cantidad. Ya se sabe que lo importante no es ver o leer mucho, sino hacerlo bien, mejor. Pero el siguiente paso, en mi caso, sólo puede ser uno, organizar “lo registrado”, aunque sea de forma caótica o en ordenado desorden ("La cultura es cosa de organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior consciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes" Antonio Gramsci, 1914).

Muy de vez en cuando se me hace necesario volver atrás, desandar, releer, volver a visionar, repensar… (éste mismo blog) no sólo la película, la novela o el poema en sí, sino en su posible “conexión”, real o imaginada, con lo que han sido posteriores hallazgos: sean éstos lecturas, visiones, sueños, pesadillas, conversaciones, ocurrencias sobrevenidas o ensayos que hayan podido dejar en mí alguna huella, el calibre del surco es lo de menos. Por mejor decir, echar una nueva mirada a las cosas ya conocidas desde otros presupuestos o lugares o, en su caso, iluminadas con nuevas aportaciones y diferentes contextos y criterios. Se lleva uno sorpresas, agrias y dulces, pero siempre excitantes en la medida que ayudan a combatir la fatigosa inmutabilidad o la despótica pereza mental. Y es buen método para elegir, ampliar, corregir, pulir o desechar. Los libros, las películas, el arte, obras que pueden ser propias o ajenas, son parte, grande o pequeña, de nuestra vida, así que “actuemos”, me digo, como en la vida misma.




Y, en este terreno, aunque en cierta medida también bastante dependiente, podemos sin embargo alcanzar niveles de soberanía personal, teórica y práctica, que resultan impensables en otros ámbitos de lo que, ingenua e irresponsablemente, llamamos “nuestra vida”. Ahí por ejemplo tenemos, me refiero al interrogante de quién o quienes y a través de qué mecanismos “manejan o dirigen” nuestra propia mente y, claro, conducta en la vida; un asunto me parece nunca suficientemente pensado, digo la necesidad de hincar el diente en sus múltiples y complejas vetas y vertientes y, sobre todo, en la concreta e ineludible cuestión de su constante e imprescindible, si queremos enterarnos, actualización.




A veces nos rodean (¡nos sitian!) ideas, sueltas o trabadas con otras, que no nos convienen; pero eso la mayoría de las veces no lo llegamos a saber hasta que cumplimentamos, si no hemos acabado en siniestro total, el preceptivo informe de daños. Las ideas, propias o adquiridas que esa es otra, como las amistades, deben de usarse si llega el impepinable caso, con moderación. Debemos de procurar saber de dónde vienen, dónde están y, a ser posible, elaborar alguna hipótesis sobre adónde nos pueden llevar. Labor de erudición necesaria y entretenida, aunque por pedante se la venga a tomar. Y se me ocurren cosas peores.

No digo que tal praxis resuelva totalmente, ni la mitad de la mitad, la empanada mental que “nos” caracteriza  pero, al menos en mi caso, convierte la vida en algo menos molesto y aburrido. Será el suspense… que dice la dama del gatito.

ELOTRO



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