Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 15 de febrero de 2015

Imágenes y sonidos: un diálogo con textos de Godard, Deleuze, Guattari…




Godard: “No una imagen justa, sino justamente una imagen”.

 

La imagen y el sonido emitidos (ni que decir tiene que al fiel dictado del productor de turno), sea en el cine, la televisión o los informativos audiovisuales, pueden aparecer (por supuesto que a conveniencia) como elementos aliados o no, dentro del artilugio llamado mensaje. A veces percibimos (cuando se nos permite percibir, que esa es otra de las leyes ineludibles del medio-mensaje. Se puede crear añadiendo o quitando, que decía otro peliculero.), que en esa tensionada, inestable y cambiante cohabitación el uno, el que sea, se impone, “con toda evidencia”, al otro. Le arrebata “la palabra” o el “micrófono”, el “sitio” o el foco de la “representatividad”, pero no debemos olvidar que ambos elementos funcionan desde su génesis como un conjunto perfectamente compensado y férreamente eslabonado.



En ciertos casos o episodios alternos (relación que es lucha de contrarios) la imagen puede conseguir oscurecer el sonido o por su parte el sonido puede llegar a hacer enmudecer la imagen. Se trata de un proceso en constante permutación, tanto el sonido como la imagen son (juicio de atribución) vectores “independientes” (ora de flujo, ora de fuga, ora maximizar, ora minimizar) que emiten, cada uno a su costa y por su peculiar canal, órdenes, mandatos o consignas básicamente coincidentes y esencialmente complementarias, aunque en ocasiones exhiban una oportuna apariencia contradictoria, estridente o incluso antagónica. (Aunque no participa en este simulacro, pero sí se le cita en varias ocasiones, me viene a la memoria algo que decía Buñuel sobre la música en el cine. Se declaraba enemigo de la “utilización” de la música en las películas porque, afirmaba, embellecen artificiosamente las imágenes, y así las enmascaran y falsean. Se refería a la música como ilustración, no al sonido, pero me parece que su reflexión coincide en lo esencial con la tesis y el y desde el lugar donde realizan su operación de desmenuzamiento de cada uno de los esenciales ingredientes –los que conforman las obras cinematográficas, televisivas o audiovisuales en general-, que llevan a cabo en sus conversaciones Deleuze, Godard y Guattari. Al menos eso cree entender quien esto garabatea.)




Y todo ello, digo la masa amasada, sutilmente entreverado en ese viscoso y difuso pastel-lenguaje de aspecto inofensivo, ya despiojado de lo que no debemos percibir, que no es otra cosa (juicio de existencia) que un muy trabajado sistema (signos externos e internos) de órdenes, prescripciones y advertencias perfeccionado técnicamente con dosis mínimas pero suficientes –siempre son testadas- de ese otro tipo de “información/lubricante” que siempre requiere la correcta “recepción” (por parte del ya adiestrado y empapuzado consumidor) de la cara/imagen/sonido frontal del mensaje y/o, en ciertos casos también o sólo, el reverso, la espalda del mismo (todo se divide en dos, sostiene Godard: “un día incluye la mañana y la noche; la iluminación del sol y la de la luna”. Por su parte Bresson nos alerta “sobre el doble, triple fondo de las cosas”. Y Umbral quizá dejó escrito:Siempre hay un momento en que todas las cosas comienzan a convertirse en otras. Es el momento poético de las cosas”. Y curiosamente a ese momento poético “umbraliano” Deleuze lo llama “zona fronteriza”, lugar marginal y limítrofe, dice, donde “realmente” suceden las cosas que importan. Sigamos con Umbral: “Uno tiene pensado, que metáfora no es equivalencia entre dos cosas; el momento metafórico es, exactamente, ese momento en que una cosa quiere ser otra y comienza a serlo”. ¿El momento/espacio del trío?

De hecho sabemos por experiencia propia que, en cualquiera de los mensajes significaciones pueden existir muchas, pero de lo que quizás no solemos tomar nota, registrar, es que significaciones verdaderamente dominantes, pocas, poquísimas, exactamente las justas. Y si te fijas, se las distingue clara y sonoramente por ser las más redundantes y cargantes (que caen persistentemente sobre el acoquinado receptor-consumidor).

Un loco no es necesariamente alguien que se hace el loco. O tiene poder de convocatoria otorgado graciosamente por los medios. Ni mostrar es demostrar. Esto lo sabemos todos. Pero, ¿cuántas veces lo olvidamos? No, sí, si ya sé lo de la ayuda desinteresada que nos prestan a todas horas… Pero también sé que a partir de cierta edad la inocencia no es algo inocente.

 

La única realidad que dejan entrever las obras fabuladas, no pasan de ser en el más realista de los casos, una prefabricada realidad de fábula. Lo cual no quiere decir que en el hipotético caso en el que el instruido receptor disfrutase de la opción “elegir” no tuviese la menor duda de pulsar en el “logo” ¿Qué bello es vivir, según el exitoso fabulador Capra? (y que además es fábula basada en hechos ficticios que se deja entender por cualquier entendedera, ¡todas las navidades!). Menos mal que las cosas que escapan al entendimiento de la gente en general son las mismas que escapan al entendimiento particular, ¿O sí? ¿Ser extranjero en tu propia mente?

Se trata, dicen los que entienden, de mensajes (consignas, mandatos, etc…) hilvanados al hilo de la más intencionada -no dicen malintencionada- y manipuladora fabulación de la realidad realmente existente según, conviene aclarar, parámetros ateos, o sea, objetivos, lo que convierte a ésta, la supuesta realidad real, de puro idealizada, en inexistente, y claro, inaccesible.

Deben pensar, digo los que se toman el trabajo de pensar por nosotros, que por razones de salud mental no nos conviene internarnos en tales laberintos... lo que ciertamente y según se mire es de agradecer, porque si les digo la verdad servidora a estas alturas de post tiene tal empanada mental… no, no digo de bonito, digo de mensajes cargados de imágenes y sonidos y significantes y significados y síntomas e indicios… por supuesto todos ellos inutilmente: “no solicitados”. Pero ya se sabe que lo común, para el común, es perder estas partidas de antemano.

“A veces, -leí en un urinario público- es la línea recta, y no el zigzag, la metáfora”.

 

ELOTRO

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«Escarba en el mismo lugar. No te escurras fuera. Doble, triple fondo de las cosas.» Robert Bresson

 


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