Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

miércoles, 28 de enero de 2015

Un insensato Sísifo de pacotilla…






No descalifiquéis a PODEMOS, cuando ellos despertaron los Botín ya mandaban aquí. Y además Ana Patricia no hace política. La compra.

(ELOTRO)


Uno, a la manera de un insensato Sísifo de pacotilla, siempre anda, o más bien se arrastra, con sus limitaciones a cuestas. Las limitaciones y las autolimitaciones resultan harto evidentes tanto para uno mismo como para la concurrencia pero, éstas suelen gastar ese modo de presencia que la mayoría conocemos con el nombre de ausencia. O sea, una simbiosis que aúna un “ser fáctico” y un “no-estar tangible”. O un estar, digamos, con reparos. Por poner un ejemplo de reparo, y para entendernos, si el que llama a la puerta por un casual es el siempre inoportuno cobrador de la luz. Y es que hay “presencias” que, como el Polonio de Hamlet, siempre respiran, o conspiran, detrás de una cortina (a veces de humo-amigo).

En nuestros cerebritos seriamente limitados aparentemente cabe todo, pero no entra nada. Todo apunta a que vienen de fábrica completamente vacíos, absolutamente llenos de vacío. Y tan empapuzados de certezas (no existe otra alternativa, hay que resignarse…) que resultan inaccesibles e impermeables a cualquier tipo de duda (esa pesada piedra, ese incesante, sufrido e inútil ir y venir sobre las escarpadas y empinadas cuestas de la montaña). Limitados o constreñidos  por lo que podríamos llamar una obsolescencia de origen, de partida, de parto… que no parece ser percibida por sus propios portadores. Nosotros. Aunque, todo hay que decirlo, tampoco parece que sea un asunto que nos atormente. O, en la mayoría de los casos, ni siquiera nos ocupe.

Lo que resulta indudable es que sobre nosotros mismos (nuestro ser, nuestros semejantes y nuestras circunstancias), demostramos tener un desconocimiento supino. Incluso aquellos que revelan, es un decir, ser, escalpelo en mano, brillantes analistas de los congéneres que le rodean (lo cual ya es tener ojo), exhiben luego una escandalosa incapacidad cuando se trata de enfocar la mirada dentro de uno mismo, o sea, cuando se trata del propio y comprometido autoanálisis. La particular disección viene a ser tarea tan difícil e ingrata que rara vez estamos en temple o en humor para tan enojosa faena. Por no insistir en el indisimulable adocenamiento mental que nos constituye y particularmente nos guía y gobierna. No sólo hemos dejado de ir al encuentro de las cosas sino que también las eludimos o esquivamos cuando, accidentalmente, nos topamos con ellas. En cualquier caso nada de asomarnos a nuestro propio abismo, nada de interrogarnos sobre la puta piedra, la puta montaña y el puto trajín… siempre será preferible arrojarse en los putos brazos de la acogedora haraganería (eso sí, al final de la jornada laboral y su correspondiente donación de plusvalía).

Una plácida vida cotidiana, la nuestra, en la que el conformismo y la sumisión (…y la voluntad de hacer desmoronada) lo empañan todo, incluida esa bendita hamaca virtual en la que nos pasamos las horas tumbados. Así, además de otros percances intelectuales, se evitan los enconos, los enfrentamientos, las contradicciones… si acaso y todo lo más, de vez en cuando alguna peleílla de poca monta por asuntos de fútbol o de tertulianos televisivos… pero en estos casos ni la sangre ni la basura llegan al río (lo del chaval de los Riazor Blues, una excepción?)… se trata de trapos sucios que, como en el sacramento de la confesión católica, se lavan (perdonan) en casa o en el plató de televisión. Por mejor decir, en la intimidad mediática.

-Y bien, dejemos los malabarismos retóricos y vayamos al grano, ¿cómo salir de este estado de remero manso y resignado y tratar de asaltar el puente de mando, timón incluido, para dar un cambio radical y un nuevo sentido a nuestra vida?

- Joder con la preguntita… no le negaré que siento el reconcomio de no estar a la altura de lo que se espera de mí en este interrogatorio…  paso palabra.

ELOTRO  (& Morán)


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Escribe Beckett: “Tras unas copas todo vuelve a aparecer bastante llevadero, llevaderamente nulo”.



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1 comentario:

  1. También escribe Beckett: "Todo corroe para ser nada. Hasta nunca ser nada".

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