Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 10 de enero de 2015

¿Por qué llaman silencio al mutismo del mimo?





Para nada, no sirve para nada, absolutamente para nada (en cuanto a su valor de uso), sólo distrae (¿valor de cambio?).

(ELOTRO)

No ha habido manera, mi cuerpo sigue portando residuos, residuos del pasado, tan inconvenientes antes y ahora, como, visto lo visto, irreductibles.

Una muestra: Todo apunta a que el control del lenguaje, quizá sea más preciso hablar de los lenguajes, resulta indispensable para conseguir de manera efectiva el mando único, materialmente incontestable, sobre la comunicación social. El capitalismo domina “los lenguajes”, los neutraliza despojándolos de sus originarios fines comunicativos y los hace girar en un espacio rigurosamente vacío. A continuación los instrumentaliza para un nuevo uso, digamos “su uso particular”: la difusión, implantación y asentamiento de su propia ideología y cultura, y para inducir y estimular en la masa receptora una conducta de obediencia voluntaria.

-¿Quién dijo mierda?

“Las heces son un producto humano como cualquier otro, sólo que de ellas nunca se ha hecho una historia”. (Italo Calvino)

Los lenguajes hegemónicos se aplican con todos sus medios -que como ya sabrán son todos y están todos en sus finas y “manicuradas” manos- en desactivar las posibles perversiones en forma de respuesta crítica o abiertamente opuesta al “todo” o a alguna parte del correctamente llamado “discurso dominante”.
Estas díscolas cuando no subversivas conductas –bien es cierto que suelen ser de carácter episódico y de corta duración- significan de hecho un desafío peligroso (sobre todo para los habitualmente indefensos desafiantes), una  transgresión de la sacrosanta norma, un desvío intolerable sobre las rectas vías y el estricto sentido y la cabal orientación del “tráfico comunicacional social” que impera y debe seguir imperando.  En caso contrario, el del lance improbable de que lograra éxito el sabotaje planteado por la infame fracción insumisa, podría desembocar en el lamentable aprendizaje de un nuevo uso y función de los  lenguajes que, nadie partidario del sistema parece necesitar. Entiéndase, nuevo uso y función, que claro está resultarían ajenos y opuestos al que ya estipulan las leyes y normas vigentes, todas ellas sabiamente basadas en las necesidades e intereses del sistema hegemónico que para eso lo es y… lo que te rondaré morena… y que además, ahí están las encuestas precocinadas para avalarlo, son percibidas por la compulsiva masa consumidora y gracias al milagro de la transustanciación, como mercancía “verdadera y democrática”, o sea, mito y rito por el mismo precio puesto en escena.



Pero vamos a ver, escoria, que no sois más que escoria, con el trabajito (primero descomponer, luego recomponer, por último componer), y los años, que le ha costado al poder desvincular los lenguajes y las conductas (de las gentes) de su relación con un fin concreto y que se entienda… viene ahora la plebe enfadosa con pejigueras filológicas pidiendo, incluso exigiendo, que restituyamos los lenguajes confiscados… una “Ley mordaza” es lo que os merecéis, cabrones, que como dice el Guarren Buffet, no sabéis perder, y nunca estáis contentos con lo que no tenéis.


ELOTRO (& Agamben)

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Una posible explicación:
“En cuanto se dio a entender, perdió su aura”.
(Que quede entre nosotros, los más obtusos).

(ELOTRO)


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