Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 16 de enero de 2015

¿No existe tal lugar?



Conviene no olvidar que el que afloja el nudo no lo desanuda.
(ELOTRO)


Viajar alrededor de una habitación propia, o quizás también pueda valer de alquiler o, si esa es la coyuntura, okupada de aquella manera. Se trata de viajar -viaje interior o intergaláctico, para hurgar en los desafiantes agujeros negros-, aunque sea, por qué no, quedándose en casa. El asunto es, física y/o mentalmente, viajar, conocer ciudades, regatos, torrentes, ríos, lagos, mares, océanos y, sobre todo: charcos infranqueables. O coños. Como Ulises, “el héroe que no quería volver, el héroe perpetuamente de viaje, siempre lejos del coño de casa, al que sin embargo dice anhelar”. Claro, toda crónica de viaje encierra un ardid. O más de uno si como es corriente el autor no es dado a la clemencia con respecto al entusiasta lector. Y más si acaso que en el propio viaje, el tal viajero/mercenario acostumbra a poner todo su empeño y habilidad en urdir cuidadosamente el “relato” del mismo, induciendo sutilmente al lector a enrolarse, a soñar con prometedoras y solitarias playas nunca holladas…por la realidad y sus insoslayables consecuencias…

Todo viaje –de placer o por forzado destierro- sucede y culmina dominado por la experiencia frustrante, cuando no traumática, de la expectativa insatisfecha. Fuera esta la que fuese ("Al llegar, el estilo de vida que allí se daba en llamar feliz (...) no me gustó nada en absoluto" Platón). De ahí la importancia de la narración, que en definitiva es lo que quedará y, en ciertos casos, si no es un coñazo insustancial, consolará.

La autoría, como capitán de toda la puesta en escena, del relato-cuaderno de bitácora-diario de a bordo,  se ofrece como una atalaya valiosísima, auténtico “puente de  de mando” que permite “maniobrar y acomodar” a capricho -¡al carajo con las vacilaciones!- un grandísimo cúmulo de casos y cosas,  bien sucedidos o bien inventados, como conveniente contrapeso a la habitual y “excesiva dosis de realidad”.

En definitiva se trata de no defraudar al lector –describir, no juzgar, proclaman sin pestañear los caraduras-, o mejor dicho a su legítima expectativa de escabullirse, de evadirse de su estancada existencia, irremediablemente doméstica y turística sí, pero no suficientemente viajera-arriesgada-aventurera (toda narración que se precie debe de oscilar entre irreconciliables y conflictivos  impulsos opuestos -esa misma diversidad que habita en cada individuo-, siendo el prodigioso pasaje entre ellos, convenientemente sembrado éste de insólitos “algos”, el  “meollo-chicha” de la crónica), y de hacerle “vivir” el viaje, y su revelador “reverso”, aunque éste haya sido materialmente realizado, o no, eso “literariamente” no resulta relevante, por otro (Llámese Homero, Cervantes, Verne, Stevenson “el Tusitala”, Kerouac, Chatwin, Sánchez-Ostiz…) y, en todo caso relatado apasionada y “vivamente”, gracias a la asequible (valor de cambio según su medible carga de fuerza-trabajo) intermediación de ese mismo e interpuesto otro.

Al fin y al cabo resulta palmario que el libro de viaje, como cualquier mercancía, independientemente de que así sea o no percibida, se escinde en valor de uso y valor de cambio (Bueno, Benjamin añadió para ciertos casos lo que denominó “valor de exposición”: que no es valor de uso, decía, porque lo expuesto está sustraído a la esfera del uso). Pero, no nos confundamos de coño: Benjamin estaba hablando de pornografía.


ELOTRO

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Ver de lejos, es una cosa; pero ir allí, esa es otra.
(Constantin Brancusi)



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2 comentarios:

  1. Tu reflexión me ha conducido en varias ocasiones a Guy Debord.

    Supongo que has dejado intencionadamente abierto el último paréntesis.

    Salud

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  2. No me extraña que el texto te recuerde a Debord e incluso algo también a Agamben. Está escrito al tiempo y bajo la influencia de lecturas de ambos, y como de costumbre suelo montar collages con lo que leo y añadir lo que se me ocurre con las virutas que puedo extraer...

    El paréntesis era un olvido, que ya corrijo.

    Salud

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