Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

domingo, 4 de enero de 2015

Dices tú de leyes y demagogia Termodinámica






“…siempre empezaba como desde el principio, como un forastero, como un niño”.   (Bohumil Hrabal)

Y una excelente manera de comenzar puede ser la de toda la vida, (¡la tradición nunca engaña y, chavalín, los experimentos con gaseosa!), acicalarnos y vestirnos y peinarnos de fiesta, ya se sabe que es convención generalizada que estas entrañables fechas no se merecen menos “cebo en el anzuelo”. Y si son convenciones convincentemente  asumidas por el grueso de eso que llaman los modernos “metabolismo social”, entonces resulta bobería discutir.

¿Vamos de culo? Pues nada, a recular, envistamos con el culo la puerta del año nuevo. Y digo bien, “nuevo”, porque, aunque no sé si todas, sepan que las cosas no se llaman como se llaman porque sí, ¿o sí?
Bueno, quizás convendría un quinquenio de éstos hacer un repasito a eso que llaman conceptos, calificaciones y nombramientos y sus correspondientes significantes “vacíos”. Lo cierto es que la fuerza de los “nuevos” discursos políticos que con tanto ímpetu han irrumpido últimamente en el “Ruedo Ibérico”, tienen mucho que ver con la “fuerza de sus vaciedades y carencias”, ¿o sí?

Y cuando les da por “llenar” los vacíos lo hacen convocando al “público, cliente y votante objetivo” a manifestaciones (31-01-2014), que contienen pequeñas variaciones de los antiguos “autos de fe” (¿O no se trata de masas animadas -¡ilusionadas!- por una fe ciega?), e indudablemente de afirmación y ¡adhesión!, ¡adhesión!, ¡adhesión!, al líder -ahora que el menda ya es todopoderoso y está convenientemente  blindado-, y a la marca y logotipo (personalidad pública corporativa) del “nuevo” tinglado electoral al que se nos permite votar (con todas las garantías habituales avaladas por el fabricante imperial: made in usa).
Dices tú de leyes y demagogia Termodinámica:
“Primer año Triunfal”, Metabolismo social y Termocorrupción: “Si pones en contacto (Dentro de las reglas del Sistema) un partido con menor corrupción con otro con mayor corrupción, ambos evolucionan hasta que sus corrupciones se igualan.”




«Voy, pues, a seguir, hay que decir palabras, mientras las haya, hay que decirlas, hasta que me encuentren, hasta que me digan»
 (Samuel Beckett)

De absurdo y nihilista, etiqueta ese hatajo de espabilados y bien cebados  critico-etiquetadores orgánicos al viejo Sam. Será, digo yo, para que nadie le lea sin el lastre absurdo de tales falsos prejuicios. En fin, el lado positivo de estas “canónicas” chorradas –que por cierto quedan para escarnio de sus engendradores en las hemerotecas-, que acaban convirtiéndose por mor de la repetición ad nauseam en “tópicas sentencias” indiscutibles, es que basta leer con un poco de atención e interés la obra -que no solapas, reseñas, ni críticas auto-propagandísticas- de Beckett para que quede al descubierto el nivelazo de fiabilidad y crédito que merece el morro que se gastan esos “lumbreras”, que no dicen una verdad en tanto dependa de ellos y que, además, no reconocen otra manera de ver las cosas que no sea la “oficialmente” establecida, la tradicional, la etiquetada, o sea, la dócilmente hecha suya. Entiéndase, la que dictan los sacrosantos intereses de los amos del negociete editorial.    

En cualquier caso hay que reconocer que esta gente sí que sabe: después de la más dogmática,  adulterada y fraudulenta sentencia o máxima, añade una coma y escribe, supongo. Y dicho queda lo que queda, lo que interesa que quede. Que finalmente es de lo que se trata, de estatuir, a pesar o gracias al “supongo”.

El lujo sería disponer de tiempo y sapiencia para poder actuar seriamente, como aquel “Tierno bárbaro”, pintor y poeta, vecino y amigo del “chulazo cervecero” Bohumil Hrabal: “Vladimir no era un bromista, por eso no le daba vueltas a las cosas, sino que devolvía las cosas del revés al anverso.” O sea, según entiendo yo, poner las cosas en su sitio y llamarlas por su nombre. Que nos encuentren las palabras y nos digan.

ELOTRO


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“Utrillo conseguía pintar las paredes agrietadas de una manera tan hermosa que nada más verlas uno ya quiere sacársela y mearlas”
(Bohumil Hrabal)


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2 comentarios:

  1. A propósito de "¡la tradición nunca engaña!".

    Me he topado (en la calle, claro) con una interminable cola de papás y mamás escoltando a sus alevines rumbo a... ¿a dónde?, me pregunté mientras caminaba sorteando el bobo entusiasmo que de dicha cola, más bien estática, emanaba.

    Tras largo caminar, por fin llegué al punto de resolución del enigma. Y no, no era fila que desembocara en un despacho de lotería, ni en las rebajas de unos grandes almacenes. Tres reyes magos -¿becarios en paro?- con gesto cansino y esperpéntica indumentaria esperaban el paso de la alborozada y paciente comitiva para cumplir, como la tradición manda, con el patético ritual de todos los "años nuevos". Un espectáculo como este reconforta ¿verdad? Constata que, por fin, el país recupera la normalidad, la cohesión social y el crecimiento económico. ¡Qué alegría!
    La próxima cola tal vez sea para votar, a los reyes magos, claro está, no a los becarios.

    Salud.

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  2. Menudo temita ese de "hacer cola". Daría para mil entradas en un blog barato como éste. Todo el que se coloca en la cola, pienso yo, lo hace ilusionado, esperanzado por algo. Aunque creo que en esta sociedad del espectáculo la propia "cola" se ha convertido en el "espectáculo" o, al menos, en la parte más "real" de la puesta en escena.
    Simone Weil decía: “No me agrada la gente que entra en calor con esperanzas huecas”. ¿hablaba de la cola ante la urna electoral?

    Salud.

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