Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 28 de noviembre de 2014

Andaba ocioso y sin rumbo ni propósito.



Andaba ocioso y sin rumbo ni propósito. Ignoro de dónde pero irrumpió de pronto, y quedé atónito y mirándola de una manera tirando a  estúpida y maravillada. Ese tipo de mirada que excluye todo lo demás. No es tanto lo que vemos como lo que nos inspira. Todo fue ver a aquella beldad y se me encendió la sangre. Me atrapó de pies fríos a cabeza caliente. Ya no pude dejar de observarla y perseguirla  con un creciente interés tan intenso como particular. Caminaba entre la gris muchedumbre abriéndose paso como una mancha de vibrante color, con un fulgor de llamarada. Como una arrebatadora ola, salvaje y  palpitante de vida. Bajo el ajustado pantalón se adivinaban, además de las marcas de sus minúsculas bragas, unas nalgas y muslos tersos y primorosamente contorneados. Se contoneaba, sobre unos tacones extremadamente altos, con movimientos imperiales, los pechos, bajo una semitransparente blusa de entretiempo color púrpura, delicados y  firmes, taladraban el aire; y las anchas caderas oscilaban a cada paso con su machacante música y su cadencia mareante. El rostro, donde se dibujaba algo a la vez terrible y seductor, lo iluminaba, en sus gruesos labios sin carmín, una sonrisa tierna que iba sembrando generosamente el aire de inauditas promesas. Era una antorcha impúdica y ardiente. Fue un desfile fastuoso.

Entonces, y bajo los efectos del más vulgar de los episodios psicóticos, ocurrió que me hice la típica pregunta retórica y cursi: ¿Podría, a partir de aquel perturbador encontronazo, arreglarme sin ella? Auto-interrogación, ya digo, innecesaria y estúpida porque sabía de sobra la única respuesta posible “bajo aquel estado”. Cuestión que sin embargo no pienso que deba de ser objeto de menosprecio o burla por parte de nadie. De lo ridículo e irracional del ritual del enamoramiento, ¿quién se ha librado, se libra o se podrá librar? Digo mientras dura el periodo litúrgico de estado de excepción, es decir, de ausencia o suspensión de la  función diacrítica. Ya saben cómo es esto. Y también saben que afortunadamente durar dura poco. Bueno, poco o mucho, según se mire y quien lo mire. A mi me suele durar muy poco y ni me quejo ni presumo de ello. Así sucede y punto. Me suelo montar historias muy mal concebidas y peor rematadas. Inverosímiles relatos escritos con la falta de oficio y el desaliño propio del más petulante de los impostores.

Era la misma hermosa criatura que una y mil veces había perseguido infructuosamente. Todo fue topar con ella y sentir un zumbido punzante o un alfilerazo ahí mismo o una coz, y, como si te desabotonaran el cráneo, vislumbras una especie de revelación que te empuja codiciosamente hacia una meta que por más que buscas nunca encuentras. Pero si sólo se nos permite estar aquí un rato, ¿habrá que aprovecharlo?
Una necedad, cierto, pero que sobrepasa mi propia capacidad de comprensión. Envuelta en un aire de costumbre y aburrimiento, retorna entonces una vieja conocida, la extraña pesadilla que, como es costumbre, sueño despierto y de la que va pareciendo imposible que pueda llegar a deshacerme algún día. Diríase, como la imposibilidad de aplacar un hambre de origen desconocido.

No sé si ella incrementó el ritmo o yo sufrí una pájara pero, aquel prometedor bocado de magnificencia fue cobrando distancia. Se alejó con naturalidad y soltura. Ni una sola mirada hacia atrás. La avalancha de gente con prisa en las dos direcciones fue ocultándola. Aquella asombrosa visión duró poco, la declinante antorcha tornó rápidamente en moribunda vela. Hasta que en la distancia la gris muchedumbre terminó por apagarla. Con la misma velocidad que irrumpió, acabó por esfumarse entre el apretujado gentío.

Entretanto a mi alrededor todo se volvía mucho más grande, más ancho, más alto, todo se amplificaba. Por el contrario mi pequeña figura solitaria, con una extraña inquietud revolviéndose en mi interior,  se encogía cada vez más, menguaba sobre aquel gigantesco escenario. Y en esos extravíos, tras el socorrido encogimiento de hombros, me dio por filosofar: que si la vida, la muerte, los deseos, la brevedad de los días; que si no todo lo tenía tan terso, y si algunos miembros bastante sebosos; que si la inutilidad de las aspiraciones y esperanzas; que si al fin y al cabo todos estamos hechos de la misma arcilla y a todos nos espera parecido desmorone; que si el cabello ya se le notaba algo ralo en la coronilla y que los brazos eran demasiado cortos y las manos gordas y anchas; que si hay que imitar la invencible capacidad de recuperación de una goma elástica y regresar al origen; que si bien mirado como esa miles; que si qué se me había perdido a mí dentro de ella si nada, ningún rasgo distintivo, la distinguía de otras millones de mujeres; que si todo puede ser cierto e igual puede no serlo…  

No tarda en llegar la derrota y, ya lo ven, de la mano de la zorra del fabulista Esopo, las uvas sufren el protocolario nuevo peritaje y tasación: y una vez más resultan tan inalcanzables como despreciables.

ELOTRO (and Wolfe)



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martes, 25 de noviembre de 2014

En LA CASA ENCENDIDA: "Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay"









En LA CASA ENCENDIDA: "Metamorfosis. Visiones fantásticas de Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay"


“Abandónate completamente a tus obsesiones. Al fin y al cabo, no tienes nada mejor. Las obsesiones son legado de la infancia. Y es precisamente de los abismos de la infancia de donde provienen los tesoros más valiosos”.
(Jan Švankmajer)







“Comisariada por Carolina López Caballero, experta en animación, la muestra presenta en profundidad la obra de estos cuatro cineastas con un universo común en el que conviven la inocencia, la crueldad, la voluptuosidad, la magia y la locura.

Junto a su trabajo, ppueden verse obras de otros autores como Goya, Ensor, Kubin, Arcimboldo, Méliès y Buñuel, referentes para Jan Švankmajer y los hermanos Quay.

Aunque poco conocidos por el gran público, estos cineastas han sido y son enormemente influyentes en varios ámbitos de la creación contemporánea siendo referentes, entre otros, de los realizadores estadounidenses Tim Burton y Terry Gilliam. Por primera vez, la obra de estos cuatro artistas se presenta en profundidad poniendo de manifiesto el diálogo explícito que mantienen: los estadounidenses hermanos Quay (1947) se reconocen admiradores del checo Jan Švankmajer (1934) y los tres beben de la obra del pionero del género, el ruso Ladislas Starewitch (1882-1965), pionero de este género.

La experiencia Metamorfosis, la exposición y sus actividades paralelas propondrán una reflexión en torno a la dualidad curiosidad/conocimiento y al nuevo papel de lo marginal en la creación contemporánea”.







“Desde siempre me he sentido atrapado por los grandes santos del panteón de la imaginación. Los pilares en mi camino han sido Sade, Poe, Arcimboldo y Lewis Carroll”

(Jan Švankmajer)









Y hasta ahí el folleto. Yo es la primera vez que oigo hablar del autodidacta artista ruso: Ladislas Starewitch. Y, todo sea dicho, de los hermanos norteamericanos y el checo que completan la terna. Y por supuesto también es la primera ocasión en que puedo disfrutar de su estupenda e inenarrable obra. Y curiosamente también de una especie de “making of” en la que podemos observar con todo lujo de detalles cómo realizaban esas pioneras y extraordinarias películas de animación. Foto a foto manipulando concienzuda y pacientemente el movimiento y la expresión de cada una de las figuras figurantes; el trabajo, miles de fotos, de toda una jornada daba para producir seis segundos de película.






«Recuerdo ahora, que en todo lo que presencié con el ojo de mi fantasía, el movimiento era la idea principal. Por ello no vi ningún objeto inmóvil, una casa, una montaña o algo semejante; molinos de viento, barcos, pájaros enormes, globos, jinetes a caballo, carruajes que avanzan frenéticamente y objetos móviles similares se sucedieron en interminable procesión».
(E. A. Poe, Arthur Gordon Pym).








La expo muestra los muñecos, las marionetas, los bichos y diablos antropomórficos, los pequeños y no tan pequeños escenarios, junto a fragmentos de las películas de los cuatro artistas… y muy bien acompañados por cierto de obras de Goya, Grandville, Kubin, Kafka, Ensor, Arcimboldo, Bruno Schulz, Méliés… y un sinfín de piezas moldeables “no preexistentes” extraordinarias en su composición de ilusión y realidad, algún Golem metamorfoseado en osito de peluche bien dotado, y, entre otras indescriptibles especies, grotescos bicharracos inanimados que componen un abarrotado, caótico, sugerente, mágico, germinativo y extravagante “gabinete de las maravillas -Alicia y los suyos no podían faltar y también andan por aquí- de la imaginación”.

Esta exposición me reconcilia en cierta forma  con la programación de LA CASA ENCENDIDA, que suele fallar más que una escopeta de feria. En fin, no por eso dejo nunca de visitar los basureros. De vez en cuando entre tanta porquería…


ELOTRO

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“…estoy dispuesto para todas las sorpresas, lo cual significa que ya las veo venir”.
(Franz Kafka)



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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Vivir es el mayor invento.






 Vivir es el mayor invento.
Lo siento, para mí, la muerte es mucho más interesante que la vida. Yo no creo en otra muerte después de esta muerte que llamáis vida. Vivir es el mayor invento. La realidad es una construcción de la imaginación que nada tiene que ver con los hechos. Y menos con la verdad. Desconfío de los encajes perfectos, de los principios en los que al final sólo cabe un final, o sea, una única forma de ir muriendo. El que no puede elegir cómo va sucediendo su propia muerte, ¿no debería preguntarse quién le está imponiendo, digo en la práctica, su teórica propia vida? ¿O eso es secundario? Vivimos acercándonos a la muerte y alejándonos de la vida. Vivimos, con pausas para el almuerzo y el bebercio, distorsionando los hechos, disfrazándolos de verdad potable. Creamos vida, frase a frase, en cada muerte, ¿O es la muerte la que crea en nosotros esa obsesiva y desesperada ilusión? Cada día morimos en la ignorancia y cargamos con el peso de las palabras nunca dichas, mientras volcamos versiones y contra-versiones de relatos que supuestamente vivimos, o vivieron otros o resultan ser ellos mismos su única y propia fuente, en oídos que con escaso disimulo fingen si acaso escuchar. O ni eso. Pasión inútil la del “yo”, que resumía aquel. La culpa, ¿recuerdan? Seguimos atrapados en el pecado del “otro”. ¿De qué esta hecha la vida sino de muerte? ¿Y la muerte?
¿En esas vidas hechas de muertes andamos atrapados?

ELOTRO

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domingo, 16 de noviembre de 2014

Las Ánimas de Bernini y Dibujos españoles en la Hamburger Kunsthalle.








Las Ánimas de Bernini y Dibujos españoles en la Hamburger Kunsthalle.

Dos “pequeñas” e interesantes exposiciones recientemente inauguradas en el Museo del Prado. Y las dos tienen algo en común: cojean de la misma pata.  Me refiero al montaje, al diseño del supuesto espacio expositivo. Me juego un huevo de gallina suelta a que el menda o los mendas responsables de este despropósito no suelen visitar exposiciones. Digo para ver y disfrutar de las obras expuestas. Porque cada día es más difícil “ver” y ya no digamos disfrutar. Ellos, que para eso cobran una pasta gansa, nos lo ponen difícil cuando no imposible; ellos con sus estúpidos diseños e iluminaciones, y recorridos llenos de obstáculos y mobiliarios distanciadores e intimidadores. Si unimos lo exiguo de las salas (¡Y son las nuevas, las de Moneo!), repletas de urnas y vitrinas y sumamos la guinda del negociete de las audioguías que obliga, digo la amortización de la pasta invertida, a los turistas encarrilados, a permanecer apalancados frente a las señalizadas “obras estrella” el tiempo del “sermón” grabado: ya tenemos el camarote de los marx completo, ¡No caben ni los dos huevos duros!

Y no se te ocurra caminar en sentido contrario (¡desertar!) a la visita oficial y lógica, que serás regañado inmediatamente por el pastor del tráfico unidireccional. No quiero ni pensar en los atascos de feriados y domingos. ¿Y si en vez de contratar “genios exquisitos” de la decoración de interiores le encargan el montaje a gente acostumbrada a comer, que no deglutir, lo que cocina?

ELOTRO

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La Kunsthalle de Hamburgo alberga una de las más importantes, en calidad y cantidad -más de dos centenares de obras-, colecciones de dibujo antiguo español. Una colección reunida en Sevilla a comienzos del siglo XIX, que fue vendida en el mercado londinense y adquirida por el museo de Hamburgo en 1891

El núcleo de la colección está formado por los dibujos de Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Valdés Leal y Francisco de Herrera el Mozo. Además, importantes obras de maestros del Siglo de Oro como Alonso Cano o Antonio del Castillo. Y los dibujos de Francisco de Goya, sobre todo los realizados a partir de cuadros originales de Diego Velázquez hoy conservados en el Museo.


Los dibujos de Goya (adquiridos en Londres en 1891) son preparatorios para las estampas (proceden de la colección del erudito Ceán Bermúdez) y copiaban algunos cuadros originales de Velázquez, Francisco Lezcano, el niño de Vallecas; El aguador de Sevilla; y El bufón “Barbarroja”.
Goya anunció la venta de sus estampas por primera vez en la Gazeta de Madrid el 28 de julio de 1778, y con ellas pretendía en parte difundir en Europa obras de la Colección Real española a través del grabado.
Seguramente de la misma procedencia sean los dibujos preparatorios para la Tauromaquia.
Finalmente, destacan dos hojas del disperso Álbum B o de Madrid en las que Goya mostró escenas de contenido sexual protagonizadas por mujeres como Pareja reclinada en la penumbra/Maja celestina esperando junto a un puente y Pareja con sombrilla en el paseo/Majas luciéndose en el paseo”.




Juan de Valdés Leal: La investigación llevada a cabo ha permitido relacionar dos de los dibujos que aquí se exponen, La cabeza de san Juan Bautista y Estudio para Elías y los profetas de Baal, con uno de sus más importantes proyectos, el retablo del Carmen Calzado de Córdoba, contratado por Valdés en 1655. Igualmente puede relacionarse San Fernando con el cuadro del mismo tema encargado al artista por el cabildo de la catedral de Jaén en 1673, en el contexto de las fiestas por la canonización del santo.







A mediados de la década de 1650 Murillo era el artista más importante de Sevilla. Una de sus obras maestras, Asunción de la Virgen, revela su originalidad al abordar temas tradicionales, como el Estudio de la Magdalena dormida sobre el sepulcro vacío de Cristo. Otros revelan su empleo del dibujo en el proceso creativo.
Ángel con el velo de la Verónica y Ángel con la corona de espinas son obra de miembros del taller o de discípulos, partiendo de originales de Murillo, y transferidos a otros soportes mediante el uso de una cuadrícula y un procedimiento de calco respectivamente.”






“Gian Lorenzo Bernini (Nápoles, 1598- Roma, 1680) fue el más grande artista de la Roma barroca que desarrolló facetas de escultor, arquitecto, pintor, diseñador de fiestas y ceremonias, fuentes y otros repertorios ornamentales.
Las complejas relaciones diplomáticas y políticas de Roma con España se vieron reflejadas en los encargos a Bernini tanto de mecenas españoles en Roma (figuras tan fundamentales como el duque del Infantado, el cardenal Pascual de Aragón o el marqués del Carpio) como de la propia corona. Tienen que ver, muy especialmente con que Felipe IV buscara una presencia diplomática, religiosa y política en Roma, y financiara obras en algunas de las basílicas más simbólicas, desde San Pietro a Santa Maria Maggiore, así como se hicieran encargos para El Escorial o el Real Alcázar de Madrid.



Con apenas veintiún años realizó el que posiblemente sea su primer encargo para un prelado español en Roma, Pedro de Foix Montoya, al que también retrató poco después de manera memorable.

Esculturas del alma, el Anima beata se ilumina ante la contemplación de la belleza de la gloria, mientras que el Anima dannata, condenada, expresa el horror de lo infernal, como si hubiera sido experimentado por el propio artista, en singular autorretrato oculto. Este procedimiento lo usaría posteriormente, sobre todo con la figura de David como excusa, para cuyo rostro, pintado o esculpido, se dice que se sirvió del gesto tan legendario como amistoso de Maffeo Barberini, futuro Urbano VIII, al sujetarle un espejo en el que reflejar su rostro lleno de ira para hacer el del personaje bíblico.




Durante los pontificados de Inocencio X y Alejandro VII, paralelos a un período extraordinariamente creativo, Bernini realizaría algunas de sus obras y proyectos más importantes, incluidas obras religiosas de argumento español tan significativas como el Éxtasis de Santa Teresaen la Capilla Cornaro en Santa Maria della Vittoria en Roma. Se trata de una época en la que, en relación con España, fueron más frecuentes los encargos de obras, la decoración para las ceremonias de canonización, las fiestas con arquitecturas efímeras y fuegos artificiales o los regalos diplomáticos a Felipe IV, coincidiendo con el compromiso filoespañol de esos papas.
Durante esos pontificados fue también cuando Felipe IV y sus embajadores en Roma intensificaron la presencia de la Monarquía en Roma mediante una calculada estrategia de propaganda dinástica, política y religiosa, que habrá de culminar con el proyecto de Bernini para un monumento a Felipe IV en Santa Maria Maggiore.

Los últimos años de Bernini fueron especialmente significativos tanto en relación a su propia biografía como artista, como en sus contactos con España y sus embajadores en Roma. Así, durante los pontificados que se sucedieron desde Clemente IX Rospigliosi a Inocencio XI Odescalchi, Bernini, casi recién retornado de su fracasado viaje a París, en 1665, sufrió diferentes reveses. Por un lado, dejó de ser el protagonista indudable de las transformaciones de la Roma barroca, acentuando, sin embargo y como contrapartida, tanto su religiosidad como la preocupación por su propia fama y fortuna crítica.



Por otro, fue época de proyectos inacabados o no realizados para Clemente IX, de obras que sufrieron críticas que rozaron la sátira y el libelo, como ocurrió con su Constantino en la Scala Regia del Vaticano o con el infortunio de la escultura ecuestre para Luis XIV, cuya solución formal e iconográfica no fue comprendida en París. Pero también se trata de una época en la que pareció establecer una distinta relación con la Monarquía Hispánica y con Carlos II especialmente, gracias a los amistosos contactos que mantuvo con Gaspar de Haro y Guzmán, VII marqués del Carpio, embajador en Roma entre 1676 y 1682. Coleccionista célebre en toda Europa, Haro llegó a encargarle, entre otras obras, una réplica, casi a escala real, de la Fuente de los Cuatro Ríos de la Plaza Navona.”



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