Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 30 de junio de 2014

“El Greco y la pintura moderna”




El Greco (1541-1614) ejercía de forma furibunda, y no sé si con nocturnidad y alevosía, la crítica literaria por arriba, abajo y en los márgenes del propio libro criticado (se puede comprobar echando un vistazo, entre otros, a su ejemplar de “Las Vidas…” de Vasari), eso sí, sin rectificar ni adulterar el original, sin llegar a perpetrar  el tramposo palimpsesto.

Nos cuentan que era Theotocópuli un tipo extravagante, soberbio, engreído y provocador y sin pelos en la lengua. Y que ni era dado a contemporizar, ni se arrugaba ante los “grandes” artistas o mecenas; que su paso por Italia, de Venecia a Roma, estuvo lleno de agrias “broncas”, y que no cejó en su actitud por muchas puertas que se le cerrasen ante sus altivas narices. Entre Florencia, Miguel Ángel y el “dibujo contenedor”; y Venecia, el “color desbordante”: eligió a Tintoretto.






El descubrimiento, en 1506, del grupo escultórico “Laocoonte y sus hijos” en Roma y su enorme impacto e influencia materializada de inmediato en la obra de multitud de artistas de acá y acullá (escultores, pintores, grabadores), incluido nuestro camorrista Theotocópuli, nos puede servir de privilegiada muestra para comprobar “la traducción”, a partir de una obra maestra de esa envergadura, que puede ofrecernos un descarado pintor dotado tanto de un temerario atrevimiento como de una audaz originalidad a partes iguales ya sea en la vertiente imaginativa (véase la reconstrucción iconográfica que lleva a cabo del “grupo”, la inserción de la escena en el “singular” paisaje toledano, la inclusión de figurantes “mirones” o la de ese enigmático caballo que penetra el “peculiar” espacio y abre perspectiva y profundidad en el centro mismo de la composición) como en sus experimentaciones formales y técnicas (sobre todo esos celajes planos y  “protocubistas”, esa gama cromática y esas manchas de color, ora sedosas, ora ásperas y de texturas brutales) . El Laocoonte del Greco, perteneciente a la National Gallery of Art de Washington, es la obra que más me ha impactado de esta exposición, nunca hasta ahora había tenido la oportunidad de plantarme ante ella, ¡y nunca insistiré lo suficiente en la importancia, para mí primordial, de las escalas!, y poder “mirarla hasta acariciarla” a lo largo y ancho de su topografía plástica, y disfrutarla en los diversos recorridos visuales con calma y minucioso detenimiento (Ya saben, privilegio de parado con la papela al día: visité “de gratis” la expo un día después de la inauguración, laborable claro; y en las modorras horas del mediodía. Ni faltaban ni eran demasiados los turistas, mayoría de japonesidos, zombis mirones de cartelas pero, en esta ocasión y en ese número, no estorbaban demasiado).





La tesis de la expo “El Greco y la pintura moderna” consiste en destacar, ¡enaltecer!, la enorme influencia, que tampoco vamos a negar, de éste pagano al que se vistió de místico, en los artistas más vanguardistas de finales del siglo XIX y del Siglo XX. Los “pontífices” oficiales y habituales del arte han empezado a largar chorradas hasta inundarnos (en el folleto, en el catálogo, en la prensa digital y de la otra, en vídeos…) y, como está mandado, el rebaño de visitadores de eventos siempre ávido de consignas blandas, breves y sencillitas de digerir y repetir,  las ha asimilado con total rapidez. Como por otra parte estaba previsto y además no podría ser de otra manera. Ya puedes escuchar (¡era la segunda jornada, pero los guías –y audioguías-  ya llevaban la lección bien aprendida y ya habían conseguido “injertar” su tesis en las mentes de los visitantes) a cualquier listillo o listilla de manual, explicándole a l@ ocasional acompañante tont@: que   “¿cómo no habíamos caído en que desde las pinturas de Altamira todas las distorsiones de las proporciones anatómicas y sus faltas de simetría proceden del Greco?



La sutil estrategia “inductiva y conductista” seguida por los comisarios de la muestra resulta extraordinariamente compleja, es un decir, y no por eso menos  eficaz. Te colocan un retrato pintado por El Greco,  Fray Hortensio Félix Paravicino; y al ladito mismo colocan Madame Cézanne con un vestido rojo, de Paul Cézanne. Y hasta el más lerdo (“como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental”. Noam Chomsky), y aún así siempre habrá excepciones, cae en la cuenta de que tanto la madame como el fraile posan o figuran peligrosamente escorados hacia la izquierda o la derecha y, de no ser muñecotes pintados, la caída y el consiguiente batacazo, gravedad mediante, sería inevitable. El engaño aparenta ser, y lo es, de contenido tan insignificante como el infantil juego visual que consiste en encontrar, comparando dos estampas, las X diferencias entre ellas; pero en su lugar, en la expo nos colocan delante de dos obras de artistas y épocas diferentes en las que descubrimos (¡bingo!) “geniales” coincidencias. Pues mire usted que bien, ya lo tenemos, el fraile y su desequilibrio nos lleva de la manita, un metro más allá, a la oscilante madame: o por mejor decir: El asimétrico Greco, su influencia, nos lleva, a través de los sucesivos siglos pictóricos, al desequilibrado Cézanne, el influenciado.



Y así poco más o menos, quiero decir que algunas parejas más forzadas que otras, toda la muestra: colocan pegadito, al “místico español, que ahora que caemos no era ni místico ni español”, a Picasso, a Beckmann, a Schiele, a Macke, a Soutine, a Giacometti, a Pollock, a Manet, a Saura, a Bacon, a Chagall… y nuestros expertos comisarios hacen caja y tan panchos que se quedan: tesis absolutamente confirmada en la práctica por los eficientes pastores y el dúctil rebaño que, a más a más, y gracias a la obtusa psicología aplicada se muestra visiblemente complacido con su “experta” mediocridad (¡Hombre, yo sólo soy un exitoso vendedor de seguros –por cierto, también aseguramos obras de arte-, no puedo ser experto en todo!).

He podido leer, con el vello de punta de erizo y la piel de gallina, en Félix de Aúpa, que “el trabajo directo sobre el lienzo con manchas de color” es una muestra de la portentosa originalidad del Greco. No quiero ni pensar en las pamplinas que habrá esculpido en mármol de Carrara el tal efe punto Calvo, capo de El País o el ubícuo lameculos erre punto Fresán o el “bello” Boyero, si es que la criatura no tuvo suficiente con su ridículo papel con frase en el evento de Hopper… en fin.



En mi falsa y modesta opinión, a la “admirable y memorable” expo del Greco le quitas los contados cuadros del Greco que han llegado de fuera y te queda un “evento” anodino, prescindible, barato, divertido por los cojones, glamouroso y, sobre todo, un memorable gran negocio (para algunos bolsillos que son los de siempre). Dicho sea parafraseando al pintor y teórico del “pop”, el tal Richard Hamilton (pero eso es en el museo de enfrente y quizás merezca otra entrada).

ELOTRO



***

viernes, 27 de junio de 2014

El contar y el cuento como refugio…




“Pero con todo esto, viendo en su imaginación lo que no veía ni había…”
(Cervantes, “Quijote” I, 18.)

Como es obvio no desconozco que la mía es sólo una de las muchas versiones posibles. Vaya también por delante que sólo pretendo contar -y aún así me salen estas intrincadas peroratas- al mismo tiempo que trato de aportar y también aportarme mi propia traducción de esa parte de la realidad que me rodea en compañía o lejanía de otros: expo, peli, libro o acontecer personal más o menos absurdo o dramáticamente irrelevante. Si hay quien juega al ajedrez contra sí mismo y quien no levanta la tapa ni antes ni después del bombardeo… y “fuego amigo” lo llaman.

De la nada no sé nada, pero, y el vacío que rodea a la nada, ¿es o no es nada? Y, sea lo que sea o lo que no sea, ¿toma partido? Y, en su caso, ¿cómo coño lo hace o no lo hace? Bueno, ya lo ven, pues tonterías obsesivas como estas me pueden arruinar la tarde… o, por el contrario, insuflarme suficiente vidilla y candela para seguir tirando del hilo… y pasar, de manera barata que ya es mucho, el rato. Y lo mejor es que después puedes “asociar” la tontería propia en cuestión  (como “parte”) a cualquier otro asunto ajeno (como “todo”), digamos, de fuste, de enjundia, de manteca importante. Luego le pones un nombre francés, por ejemplo: “collage”, y pa’lante. Ese es el toque final que reviste a la “cosa” de un barniz intelectual, de nivel y altura, por eso mismo sólo al alcance de un reducido y retorcido y exclusivo círculo de entendidos enteradillos en el conocer desconociendo que es gerundio. En fin, tus similares. (¡¡De haberlo sabido antes!!)

Casualidades: Compras un libro de segunda mano (mentira, está flamante no lo ha abierto nadie) en la Cuesta de Moyano; su precio: 1 euro; su título: “Matadero Cinco” de Kurt Vonnegut. ¿Por qué si ya lo tienes en formato electrónico de gratis? Pues porque dice la portada que el prólogo es de Francisco Casevella y… eso – y el precio- lo hace irresistible.
Comiendo devoro las tostas y el prólogo. Escribe Casavella:  “En Tralfamadore  conocen cada momento de la existencia, cada uno de los instantes de cualquier vida está registrado, y del mismo modo que sabemos la fecha de nuestro nacimiento sabemos la de nuestra muerte. Nada, al fin, es inquietante y nada presagio de un horror más allá del horror habitual de la vida de cada ser humano.”




Tras el almuerzo un paseo hasta “La mallorquina”, un tortel con almendras: 1,40 €. Y del tirón, tras un vistazo a las novedades en la FNAC, al cine. Veo: “Un cuento Francés” de Agnes Jaoui. Un cuento burgués contado por una burguesa según informa la propia directora y coguionista. Se trata de un cuento cinematográfico lleno de variantes de cuentos de origen literario o popular. Dice la directora: “”Nos bañamos en una sensación de fin del mundo. Antes era algo más o menos irracional: no sabíamos si el cielo caería sobre nuestras cabezas. Empujo una puerta ya abierta pero el cuento, las creencias, siguen teniendo el valor de un refugio”. Sobre uno de los personajes: “…un escéptico y malhumorado profesor de autoescuela al que el conocimiento (vía vidente) de la inminente fecha de su muerte le lleva a recapitular…”
Como lo leen, como en la “Tralfamadore” de Vonnegut.
Y no para ahí la cosa, escribe Casavella: En la película ¡Quiero vivir!, un cliente le hace a Susan Hayward, una chica alegre, la siguiente y rotunda afirmación: “La vida es absurda”. Entonces ella responde: “¿Respecto a qué?” Desde su nube, Billy Pilgrim podría contestar: “Respecto a la guerra y respecto a Trafalmadore”.

Pues eso, que llegué a casa y bicheando por la red, encontré en “Vimeo”, la peli que cita Casavella. Eso sí, con la cita traidoramente traducida. Pero es irrelevante porque el asunto que trata el extraordinario filme de Robert Wise resulta ser ni más ni menos que la vida absurda y la pena… de muerte.
Casualidades y cuentos que les cuento.


ELOTRO

***

¿Cuándo comenzó a apestar el ego?
(Cyril Connolly)


***

martes, 24 de junio de 2014

Vidas de artistas, ¿no convencionales?




En los últimos días, en un absurdo ejercicio de autoagresión, me he tragado –y creo que más o menos digerido- cuatro películas basadas en “vidas de artistas”, por así decirlo. Tratan de vidas y artistas supuestamente “no convencionales”, por así decirlo. Aunque a mí me han parecido todas ellas películas muy pero que muy convencionales, por así decirlo.
De Martin Provost, también actor y pintor: “Violette” y “Seraphine”. De Ralph Fiennes, también protagonista: “The invisible woman”, sobre el romance entre el viejo Dickens y la jovencita Nelly Terman. Y de Julian Schnabel, también y sobre todo pintor de éxito “comercial”: “Basquiat”.

El inevitable señorito de familia burguesa se divierte seduciendo o violando –a todos los efectos tanto da- a la criada de turno y ahí nace “la bastarda” Violette. Ni que decir tiene que la madre, Berthe, crió sola y contra el mundo a nuestra futura “escritora”. Como ya habrán adivinado todo muy folletinesco, por así decirlo. Violette no es que no sea guapa, es que es fea, muy fea, con avaricia. Y claro, nadie la mira, y nadie, ni hombre, ni mariposón, ni mujer: la quiere. Todo muy triste, y encima la guerra y la miseria y, de perdidos al río: el estraperlo… en fin. Con pequeñas variantes (otra guerra y ángeles de la guarda aparte), Seraphine, es más de lo mismo. Ya saben, lo normal en el fofo pero muy calculado melodrama folletinesco: Mujeres pobres, locas de atar, gordas e indignas, feas hasta decir basta, abortistas, homosexuales, bisexuales, solitarias, desaliñadas y rebozadas de mugre “moral”, de lo más bajo de los bajos fondos, o sea, lumpen, criadas, huérfanas, fregonas, estraperlistas, desventuradas sin conciencia social… que, mira tú por donde, saltan a los papeles, al lienzo o al cine, ¡y además de protagonistas!, gracias a que poseen un talento innato, sí, innato, porque se comprende que fregando suelos y limpiando frenéticamente la mierda que el burgués salpica despreocupadamente hasta en el último rincón de sus confortables hogares pues, la verdad, posibilidades de adquirir, lo que se dice adquirir conocimientos artísticos o gusto sustanciado o habilidades técnicas… como que no.



Pero como ya sabemos desde Eugenio Sue, o deberíamos saber, el folletín literario-cinematográfico aprieta, por entregas, pero no ahoga. Cosas del consolador continuará. En ese universo especial o nebulosa del folletín, siempre aparece, es pieza esencial del mecanismo, una “Lucecita” al fondo del túnel, y cómo al toque de corneta llega la carga de la salvadora caballería tronando aquello de: ¡Hay que tener fe! ¡Todo acaba por arreglarse! ¡To er mundo e güeno! (Así se predica mediante esa ilusionante, y no sólo para ilusos, “salida” -individual por supuesto- del inmundo agujero –social por supuesto-: el “leitmotiv”  del mensaje-timo).  Y claro, se hace carne “el sujeto caritativo” y asoma una Simone Beauvoir o un galerista judío, o un Andy Warhol… que irrumpe con brío en escena y, valiéndose de su fina y acreditada pituitaria –y un muchito de su posición de poder (prueba evidente de que no todo está podrido en ese exclusivo círculo) en el lado de los privilegiados- va más allá de la oscura y repugnante mugre del envoltorio y, ¡sí señores!, descubre, porque ella o él lo vale, el diamante en bruto que habita, -oculto hasta entonces para el común de los mortales- en su interior. Llámese Violette, Seraphine o Basquiat.




Por lo que respecta a la película sobre Dickens, aunque Ralph Fiennes, su director y protagonista, afirma que “El sujeto principal de la película no es Dickens, sino Nelly”, resulta, aunque sin exagerar, harina de otro costal. El talento de la tal Nelly sólo consiste en enamorarse apasionadamente (y enamorar) de un escritor que le fascina –primero fue su obra y luego, tras conocerle, irresistiblemente, él- y que, frente a sus bellísimos y exultantes y escasos diecinueve años –recuerden que se trata de la puritana sociedad victoriana del siglo XIX que tan brillantemente diseccionó el escritor en sus novelas-. Dickens es un hombre maduro en la cima de su éxito artístico, económico y social, respetable, famoso, casado –e igualmente hastiado del matrimonio- y padre de diez hijos a los que no debía de tener mucho apego.
Por supuesto abandonó a su tediosa, gorda y vieja mujer –ya habría tiempo para afrontar el sentimiento de culpabilidad- y la preciosa, turgente y fértil Nelly, de la que se encaprichó obsesivamente, lo acompañó, bien que discretamente –es decir, como mujer socialmente invisible-, los últimos años de su vida.
Pero, en mi opinión, esta harina no anda tan lejos ni es muy distinta de la del otro costal… cambia el envoltorio, cierto, pero no la esencia de los ingredientes. Cambia el decorado, el ambiente, el vestuario, los paisajes y la música de fondo… pero en franca contradicción con la profunda y esclarecedora obra de Dickens, lo que aquí se nos ofrece es una superficial, insípida y sentimentaloide historia adornada con todos los sabores, olores e ingredientes del folletín decimonónico, incluido ese lamentable  y para nada buscado “choque” –no es el folletín, al que no debemos de tomar por lo que no es, ningún artefacto crítico que promueva o propugne la transformación de la "realidad", más bien al contrario; ni que siquiera a partir de lo que muestra, señale ataduras u obstáculos concretos o ayude a distinguir amigos o enemigos “sociales” en el seno del "conflicto de intereses" o impulse o sugiera la necesidad liberadora de ningún tipo de cambio de estructuras sociales o supraestructuras ideológicas, a las que trata reaccionariamente como siempre existentes, como "eternas" y, claro está, no "transitorias", o sea, históricamente avaladas como inamovibles- con las convenciones morales y sociales del hegemónico orden establecido. (Conste que lo que se pretende señalar no es tanto lo que el formato folletín "no hace", que también por si las moscas; sino lo que propaga y lo que silencia y lo que impide "comprender y en consecuencia hacer" mediante un muy calibrado mecanismo compuesto de convencionales falacias históricas, sociales y morales convenientemente amatojadas en cada uno de los actos de "esas" vidas  que  nos cuentan).  



En fin, antes de dejar de hacer ostentación de mi ignorancia enciclopédica, quiero decir, a riesgo de seguir metiendo la pata, que aunque parezca que se me han fundido los plomos, soy más que consciente, ¡ya se pueden imaginar!, de que mi “lectura” parte a sabiendas de una poética más bien simplona, pedestre, o si lo prefieren de un punto de vista, estrechamente ligada al terreno de lo real y lo concreto (¿fábulas para qué?, lo que por mi parte no descarta “la imaginación desde la realidad”, claro está.), es decir, a una interpretación –un pelar los significados- materialista, chata, vulgar, rastrera, prosaica… de lo verificable… y, a lo que estamos, del producto vendible –por otra parte una receta gratificante astutamente cocinada, entre otras secreciones romántico-espirituales, en un denso y pastoso caldo de imágenes y fraseología  “humanista y conciliadora”- que se nos ofrece humeante y consolador en pulida bandeja de plata cinematográfica. No sé si he sido capaz de aportar alguna prueba indeclinable del intrínseco carácter inofensivo, ya saben en qué dirección, de los artefactos folletinescos. Y no digo más que se enfría el aguachirle-sopero.


ELOTRO


***

sábado, 21 de junio de 2014

Apuntes de un dilettante cualquiera…



 “Lo otro no existe: tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad = realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Abel Martín, con fe poética, no menos humana que la fe racional, creía en lo otro, en "La esencial Heterogeneidad del ser", como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno.”
(Antonio Machado)


Si el antiguo enemigo, la oligarquía, ya no existe (según los “pilotos” de PODEMOS ahora se trata de la casta.) y, por otra parte, el novísimo, llamémoslo adversario, aún no tiene nombre ¿por qué no lo señalan con el dedo? Como Gabo, dixit. Y, sobre la diferencia semántica (por no hablar de sustancia significante) entre "oligarquía" y "casta", sería insensato pensar que… ¿PODEMOS? qué? ...qué insensatez PODEMOS pensar? Digo que, si la oligarquía no es el enemigo, ¿ahora hacia dónde PODEMOS apuntar? ¿O es que PODEMOS pretende (como en su día Carrillo la “ruptura pactada”) y así conseguir el "cambio social pactado"? ¿Pactar con la troika la recuperación de la soberanía perdida mediante la reforma del artículo 135 de la Constitución? ¿Pactar con el Vaticano el fin del saqueo económico mediante el Concordato franquista, y los privilegios fiscales y educativos de los que chupa la Iglesia Católica? ¿Pactar con la banca la nacionalización de los bancos rescatados con dinero público? ¿Pactar con los grandes empresarios el fin de las privatizaciones en educación, sanidad, cultura, etc… y la recuperación -el 30% de los hospitales públicos ya han sido privatizados- de lo ya esquilmado fraudulentamente? El caso es que si echamos un vistazo a los “pactos” de aquel periodo llamado por alguno “Inmodélica Transición” observaremos que  en las numerosas negociaciones para los "cambios pactados", lo más y único importante siempre fueron los puntos innegociables, por ejemplo la monarquía heredera y garante del franquismo, impuestos por oligarquía (¿Ahora casta). ¿PODEMOS aclararnos? ¿Detrás de la careta de la casta está la oligarquía o detrás de la oligarquía está la careta de la casta? ¿O ni sí ni no y que si quieres que te cuente el cuento de la buena pipa? Es que, miren ustedes, yo creo que Emilio Botín es tan "casta" como Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Si no más. Además no lo acabo de entender: ¿Por qué la oligarquía prefiere que se le mal llame casta? ¿Acaso le ha ido mal con esa definición de “Gobierno de pocos”? Bueno, Yo sólo juego con las palabras porque con los votos, con las listas abiertas o cerradas según convenga, con los candidatos que abandonan al cuarto de hora de finalizado el  escrutinio, con las primarias circulares o cuadradas pero limitadísimas en el espacio y el tiempo (sobre todo en los medios de comunicación)... sólo juegan ellos, los pilotos, los ventajistas…
¿Qué quienes son ellos? ¡quién van a ser! la gente que sabe comunicar, que entiende de marketing y publicidad, de venta de productos, de público objetivo, de… y que tiene los "medios", o relaciones privilegiadas con sus amos, para llegar hasta el último consumidor, perdón, elector… y vender el producto. ¿Qué producto? El mero acto de comunicar y alguna cosa más…
El golpe de estado denunciado por Monedero (Juan Carlos), ¿no será maniobra de distracción del Billetero Real (Juan Carlos)? Por mi parte tengo la convicción, personal e indemostrable, de que en el llamado golpe de estado contra Monedero, denunciado por el mismo Monedero,  no participa, ni en su planeamiento ni en su ejecución, si es real, claro, el “Lumpenproletariado”... y no por falta de ganas de topar con la “Iglesias”.
Ahora bien, si en el sorpresivo irruptor PODEMOS no existen poderes fácticos ni, lo que es más importante, embajada de USA, ¿Quién coño está intentando un golpe de estado y contra qué PODER? Joder que estamos hablando de 5 diputados en una farsa de parlamento compuesto por 750 compadres igual de inútiles…¿El Lumpen? No me hagan de reír.
Más neolengua: PODEMOS presume teóricamente de no tener dirigentes ni barones ni Comité Central, pero en la práctica elegirá entre 2 listas cerradas, sí señor, únicamente dos, con  25 personas cada una para... "pilotar" (la dirección).

ELOTRO

***

Le ofrecí un dólar, pero no quiso aceptarlo. Le ofrecí regalarle los poemas de T.S. Eliot, pero me dijo que ya los tenía.
(Raymond Chandler)


***

miércoles, 18 de junio de 2014

Playgrounds, expo en el Reina.






Playgrounds es el terreno de juego, dice el redactor del folletito gratuito de la expo que ponen en el Reina.  Bueno, en el titular del papel pone: Playgrounds (En negrita bold) y debajo: Reinventar la plaza (en fina). Todo muy de rabiosa actualidad. De hecho en este papelito, la mitad de un dinA4 impreso a dos caras en bicolor, han metido, o embutido, la intemerata. Lo de la rabiosa moda lo digo por lo de “las plazas”, por supuesto que el redactor logra estibar los muy sugerentes nombres de Tahrir, Sol, Sintagma…-¿les suena, verdad? ¿No? Pues entonces ustedes no han sido nacidos en este mundo mundial global, (nada de los demasiados subversivos y radicales y todavía no asimilados Gamonal, Can Vies…) -¿les suena, verdad? ¿No? Pues entonces ustedes deben de ser cubanos, venezolanos o  coreanos del norte.







Y también hay mucha y rabiosa y glamurosa e intelectualoide moda en esto de escribir muchas veces la palabra capitalismo o capitalista o consumismo o alienación o socializador o utópico… sí, cuando las palabras se ponen, porque las ponen los que las ponen, de moda, es decir, sus rasgos vaciados, los específicos de la forma "flotante", la imagen "desconectada" de la verdad que pretende rectificar y la fonética "eco procedente de ni de acá ni de acullá, liminal"; que no, claro está, los de la semántica, que, oportunamente desenchufados, permanecen en la negrura y la enmarañada confusión producidas por el caótico galimatías de seudo-términos y seudo-conceptos y demás sucedáneos ornamentales.





En resumen, que un centro de “vanguardia cultural oficial” como el Reina no se puede quedar atrás. Ya digo, bien apretadito, al texto no le falta de ná, aunque por supuesto lo que más abunda es una especie de pastiche de la confusión flotante que todo lo impregna y perfuma y emborrona, de tal manera que, sí señores, todas las apariencias inducen a pensar  que aquello que ocupa las salas no es fruto del torpe sinsentido sino más bien de un aparente desorden (para los menos instruidos) perfectamente organizado en y para la turbia oscuridad.




Lo bueno del caso, dicen que es cardiosaludable, es que la mayoría de los escasísimos asistentes a estas exposiciones temáticas ni siquiera se dignan leer, los que saben, el folletito y mucho menos comprar el lujoso y costoso catálogo, se entiende los que son “de posibles” –total, pagado con dinero público, ¡cómo me gustaría conocer los costes, las tiradas y las cifras de venta!- con lo cual se consigue por un lado, culpabilizar a la chusma ignorante de su propia ignorancia e incapacidad de mirar y leer –estar a la altura de la rabiosa moda cultureta-  y, por lo tanto, (saber) ver como el saber establecido manda. Por otra, esa reducida camarilla mafiosa de “entendidos” o “expertos”, sigue escribiendo -más bien sus "negros"- sobre papel couché de mucho brillo y gramaje, chorradas ilegibles -y cuando no, inanes- incluso para ellos mismos, y sólo para mayor gloria de sus propios curriculums académicos y burocráticos y, en primer lugar, de sus exquisitas tripitas y esfínteres.






En fin,  tinglado marquetiniano-político-cultureta aparte, algunas, creo que bastantes, de las 300 obras expuestas, hasta el 22 de septiembre-2014, bien que merecen, pienso yo, una visita. Porque, qué culpa tiene Ensor, o Goya, o Solana, o Melchor María Mercado, o… que estaban tan tranquilos cada uno en su mata, que venga un rabioso “curator” y lo mande pa…


ELOTRO


*** 

domingo, 15 de junio de 2014

Sigo picoteando en la biografía de Samuel Beckett.






"Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
Samuel Beckett.


Este enunciado de S.B. es de los más citados -observemos la diferencia sustancial con aquella receta para la autodestucción de Calvino: "Esfuérzate más. Nada es suficientemente bueno".- , yo creo que nos habla de un tipo realmente obsesivo y perfeccionista pero también y sobre todo de un resistente, de un luchador, de alguien que no está dispuesto a rendirse y a quien el éxito, su falta, no le hace abandonar sino más bien levantarse una y otra vez, tantas como hagan falta, y continuar batallando… ¿hasta fracasar?, sí, fracasar (¡ese vergonzante tabú en estado de interminable devenir!), pero mejor; único resultado (¿soportable?) que él, "racionalmente", concibe (sin moralizar, claro). 
Sigo picoteando en la biografía de mi admirado Samuel Beckett.

En el año 1947, no tengo en mi poder el libro y no recuerdo ahora si en Dublín, Londres o París, y en una visita al dentista, Sam es informado de que dado el desastroso estado de su boca habría que extraerle cuanto antes todas las piezas y colocar en su lugar una dentadura postiza. Ahora que lo pienso creo que fue en Dublín, y debió de ser en una de sus habituales visitas –interrumpidas por la guerra- a su madre y demás parentela. Escribo esto y no puedo evitar imaginarme al Sam de 41 años dirigiéndose a su progenitora: “Mira mamá, ahora sin dientes”. Sí, ya sé, es una estupidez, pero… “Cuando uno se hace consciente de su propia estupidez, es cuando por fin puede escribir lo que siente” (S. Beckett). Pues eso, que añado yo que los que no acaban de ser conscientes de su propia estupidez es que son, y casi siempre por méritos propios, estúpidos del todo y, mucho es de temer, sin remedio. En fin.

El biógrafo, Anthony Cronin, llama nuestra atención sobre una característica peculiar y constante de la obra de S.B.: “…nadie se pregunta cómo se ganan la vida los personajes o de qué viven esos personajes que más o menos, flotan en total libertad, ni se dice cómo se les cuida ni quién los atiende así sea con mezquindad”. Otra cosa es la información que se nos suministra sobre “la real” manera de ganarse el sustento de la por otro lado “muy austera” pareja formada por Sam y Suzanne. Parece ser que Suzanne, aquella jovencita izquierdista estudiante de piano, era una modista de talento y que con su trabajo, haciendo ropa de niños, aportaba unos pequeños ingresos suficientes para afrontar los gastos domésticos. Los libros de Sam poco aportaban pero el seguía recibiendo su asignación familiar. Nadie vive del aire en la realidad realmente existente. No así en las obras de ficción donde el autor es Dios/Godot y punto. Y en el caso de Sam se trata de un autor que había decidido dejar sobre el papel sólo lo imprescindible, nada de adornos, la esencia "pelá y mondá", unas construcciones a base de palabras que no “padecen el runrún de las tripas famélicas”, que no piden de comer filetes de verdad ni tan siquiera pollos asados “carpantianos”, que no tienen en cuenta esas, llamémoslas así, concretas adherencias economicistas y geográficas e historicistas: “contextuales”. ¿Adornos? Para Beckett, en su obra, parece que sí.

Sobre la ayuda a los otros, a los otros vínculos cercanos y en cierto modo en situación de dependientes, es otro cantar. “La comunicación de Molloy, con su madre ya senil, se limita a los golpes que le da en la frente: uno para indicar sí, dos para decir no, tres para decir no sé, cuatro para pedir dinero, cinco para decirle adiós. (Molloy no es Beckett, ¡pero “flota” gracias al dinero de mamá!) Este vicio mío por las conclusiones simplistas es algo que no puedo ni quiero evitar. En estas líneas, Dios, soy yo. Y escribo, desde la conciencia de mi propia estupidez, lo que siento.



Beckett, constructor de ficciones, detestaba la ficción, la mentira. “Molloy y lo que se suele considerar la trilogía iban a ser novelas o, si se prefiere, ficciones, o, por ser más exactos, una serie de ficciones, ya que en estos libros hay ficciones dentro de ficciones y ficciones aún dentro de estas ficciones dentro de ficciones”. Pues sí, como muñecas rusas, cajas chinas o capas de cebolla o máscaras detrás de máscaras… ficciones multiplicadas, superficiales y profundas, dichas u omitidas, eso o algo parecido debe de ser  la superficial y profunda realidad. Un relato sustanciado con la verdad inventada (“verdades nada fáciles de atrapar, turbias u opacas”) como suma de las mentiras inventadas.  Un relato, se nos dice, que no emula, que no intenta complacer ni mucho menos impresionar. Y añade Sam: “Son libros verdaderos y fieles en la medida en que son fieles conmigo mismo y con las cosas que siento”.

Repito, reconocida la propia estupidez, “el autor” es el único y supremo hacedor. S.B. era un obsesivo de la perfección. Anhelaba el silencio –sufría como auténtico martirio las radios a todo volumen de la vencidad-, la página en blanco como la más perfecta de las cosas. Cuenta Cronin: “Como artista, había pasado por más comienzos en falso y pasos en falso que la inmensa mayoría. El principal fracaso de su obra primeriza, tan entendida a la vez que tan reveladora de sus intimidades en todos los sentidos en que no conviene que nadie lo sea, es el fracaso que le impide alcanzar una forma y un tono que le permitan expresar sus verdades particulares”. Ese peculiar concepto de fracaso podría expresarse así: “…llevar agua en un vaso de una cisterna a otra, cisternas tal vez conectadas en secreto, por tuberías subterráneas, por lo que su trabajo se podría deshacer a la misma velocidad a la que él lo hiciese”. Leo esto y creo entender algo más sobre las razones que llevaron a Beckett a detestar la obra, tan bien adornada, de Borges. Pero eso es de otra ficción.

ELOTRO



***  

viernes, 13 de junio de 2014

Arissa. La sombra y el fotógrafo, 1922-1936




Arissa. La sombra y el fotógrafo, 1922-1936
Del 4 de junio al 14 de septiembre de 2014.

La exposición “Arissa. La sombra y el fotógrafo 1922-1936″, pretende recuperar la figura de Antoni Arissa, uno de los más destacados representantes españoles de la vanguardia fotográfica cuya obra permaneció prácticamente desconocida durante ocho décadas. Se trata de la primera exposición antológica dedicada al autor.






La muestra, comisariada por Valentín Vallhonrat y Rafael Levenfeld, está compuesta por más de 160 fotografías en blanco y negro que recorren su trayectoria profesional a través de tres bloques estilísticos: el pictorialismo, entre 1922 y 1928; la evolución hacia las soluciones visuales de la modernidad hasta el comienzo de los años treinta y la Nueva Visión, desde 1930 hasta 1936, cuando Arissa se incorpora plenamente a las vanguardias fotográficas.








Los inicios: la etapa pictorialista

Antoni Arissa (Sant Andreu, 1900 – Barcelona, 1980) se inició en la fotografía a comienzos de los años veinte, compaginando su labor como fotógrafo con la imprenta familiar. Sus inicios se enmarcan en la corriente pictorialista, surgida en 1890 en torno a asociaciones y sociedades fotográficas que pretendían el reconocimiento de la fotografía como una disciplina artística. Se alejaban de la fotografía documental para aunar diferentes movimientos artísticos, desde el Pre-Rafaelismo hasta el Simbolismo.
Es en esta etapa cuando Arissa desarrolla su primera producción como fotógrafo pictorialista y retrata escenas rurales, iconografías campestres en escenarios previamente preparados, descripciones literarias de una arcadia en la que sobreviven los valores tradicionales, imágenes de niños que recuerdan a los cuentos infantiles de los Hermanos Grimm o Perrault.









La evolución hacia la Nueva Visión

A principios de los años treinta avanza hacia una fotografía moderna, desprovista de los ornamentos y referencias simbolistas del pictorialismo, y se acerca a los planteamientos de la fotografía centroeuropea, caracterizada por la composición, la forma, la línea, el punto de vista y una  iluminación que acentúa las cualidades y la intención de los objetos fotográficos.
Éste es el camino hacia la conceptualización fotográfica, donde rechaza los dogmas del pictorialismo y su obra se centra en las pequeñas cosas. Tanto la familia, como su propia vivienda se convierten en escenarios de su obra: la casa, el jardín, los pasillos, los objetos cotidianos y sus propias hijas se transforman en elementos gráficos. Poco a poco, el círculo íntimo se abre fuera del núcleo familiar y le lleva a retratar las calles y el puerto de Barcelona. A partir de aquí, cualquier fragmento de realidad será objeto de su actividad fotográfica.







Al finalizar la Guerra Civil, desparecidos los medios de difusión de la modernidad, Arissa reduce su actividad artística y, poco a poco, va cayendo en el olvido.

(Las fotos con reflejos  han sido tomadas en la expo, y el resto y los textos pertenecen al folleto de la exposición)



***

martes, 10 de junio de 2014

Apuntes de un dilettante cualquiera…





Una hoja de papel para mí, es como el bosque para un fugitivo.
(Andréi Siniavsky)



Lo de "El pueblo unido jamás será vencido" sólo se lo cree Botín. No sé si me explico. ¿Estamos tontos o estamos solos?

Sobre un dirigente “rebeldequetecagas” del PSOE: No debemos confundir nuestra identidad republicana de salón con nuestros intereses monárquicos de comedor y dormitorio. ¿desideologización?

La clase media mira, cuando se digna mirar, a la clase baja y, a pesar de lo chupona y lametona que es por naturaleza, precisamente con las cosas de comer no se chupa el dedo. Y es por eso que  barrunta que aún le podrían ir peor o “psoeor” las cosas… así que: PODEMOS o tener ESPPERANZA, se dicen “las clases medias en los medios” y en plan constitucionalista.

Ningún intelectual de postín renuncia a su republicanismo de corazón ni a su monarquismo de estómago. Quien dice monarquismo, dice juancarlismo o felipismo. (Incluso froilanismo… total, tanto “nos” da).

Ya no se trata sólo de votarles, es también comprar sus libros, sus tazas y polos, apoquinar en sus numerosos "crowdfunding's"... en fin, es lo que tienen los “nius” sujetos revolucionarios…que hay que subvencionarlos dos veces, o sea, copagarlos.

¿Hace falta observatorio de expertos para constatar que la única igualdad en el seno y en las distintas sedes del capitalismo global es la enorme y creciente desigualdad global?

Desde el mirador del pasado el pasado se ve muy actual. Y el presente, fiel a la antigua usanza, sigue sin dar la cara. El futuro en cambio, no cambia. Ni de culo. Y, eso sí, situado, por decir algo, medio metro más allá de lo inalcanzable desde el presente inmediato y realmente existente.

Cuando leemos el mundo que nos rodea, ¿escribimos nosotros mismos? Y leerse a sí mismo, ¿es escribirse a sí mismo? Y ya no digamos desleerse, eso sí que me lo sé: es una práctica profundamente autodestructiva. ¡Deportes de riesgo!

Gracias a los irresponsables abstencionistas (desde 1978) el 90% de los diputados españoles por la gracia de Dios, la Inmaculada Transición y la ley D’ont, se arrodillarán (doblarán con sumo gusto el espinazo) ante el hijo del abdicador (también conocido como el “campechano con la mejor agenda de amigos del Golfo) en breves minutos de gloria (que prolongarán el negocio institucional y familiar por otros 40 años).

Dices tú de “falacia descriptiva”: poner el foco en que si “Exprés” o “Ley orgánica”. Digo lo del blindaje/aforamiento del intocable campechano libre de toda sospecha.

J.L. Austin (levemente manipulado): existen dos tipos de enunciados: constatativos y performativos. Los primeros describen las cosas; los segundos no constatan o describen nada sino que realizan un acto atado y bien atado. (Ver Franco, ver Juan Carlos I, ver Felipe VI…)

Para Judith Butler, el sujeto no es un individuo sino una estructura lingüística en formación. Pero no se lo tomen al pie de la lengua.

El intocable campechano...  ¡sí tiene quién le escriba!... una Ley Orgánica/Exprés que le blinde. (Gabo titulaba de puta madre, pero… “LO REAL” es muy puñetero y no es igual ante la realidad de todos).


ELOTRO


***
¿Es la cultura todavía un valor después de que el dadaismo, el surrealismo, etc… la deslomaran en los años veinte?

(Susan Sontag)

sábado, 7 de junio de 2014

Metrópolis, la película y alguna cosa más.




Metrópolis, la película y alguna cosa más.

A diferencia de casi todo el mundo, servidor no había visto hasta hoy “Metrópolis”. He tardado, cierto, pero dicen que todo (¿todo? ¿quién lo dice?) llega y, por fin, la he visto: Metrópolis (está en youtube de gratis), esa mítica cinta del expresionismo alemán, la película declarada “Memoria del Mundo” por la Unesco y, por cierto, un fracaso comercial. Metrópolis, como todo el mundo sabe, además del título de una espléndida pintura (1916-1917)  de George Grosz, que por cierto cuelga permanentemente en las paredes del Thyssen, es una extraordinaria película “muda” y alemana, estrenada el año 1926, escrita en parte y dirigida en todo por el “dinosaurio” Fritz Lang (Y ya del tirón les aconsejo que no se pierdan la entrevista de Godard a Lang “El dinosaurio y el bebé” que pueden ver de gorra  en: https://www.youtube.com/watch?v=XcAZu3GkBwI).





Una legendaria película que ha sido calificada como de ciencia ficción distópica (como ya sabe todo el mundo, antónimo de utópica). Y gracias a esa etiqueta me acuerdo de la muy recomendable novela (distópica, por supuesto) de Zamiatin, titulada “Nosotros”, obra  que tanto influyó (o más bien de la que tanto mamó) en el Orwell de “1984” y en la escritura de A. Huxley, y que fue publicada sólo unos años antes, en 1921.





Yo dato por si eso (el antes y el después sin ir más allá… pero sin quedarnos más acá). Y porque son datos que en mi modesta opinión ayudan a comprender las conexiones, las influencias y la permeabilidad entre las distintas artes en un determinado periodo histórico.





Por ejemplo, un tal Otto Dix, como todo el mundo sabe maestro del expresionismo alemán, pintó en el año  1932 (datando que es gerundio) un magnífico retrato del actor teatral y cinematográfico Heinrich George (Stuttgart Municipal Gallery). Como ya todo el mundo sabe Heinrich interpreta uno de los principales personajes de Metrópolis. Una especie de gran capataz, en el doble sentido físico y jerárquico, que dirige la sala de máquinas principal. Personaje muy interesante, ahora digo en la vida real, este Heinreich. Fue hijo de marino que, ya de joven, abandonó sus estudios técnicos para asistir a cursos de teatro que era lo que le molaba. Con los vientos de guerra se enroló voluntario en la Gran Guerra del 14 y, suertudo él, sólo resultó gravemente herido. A partir de 1921 emezó su ascensión y se convirtió en uno de los grandes del teatro en la República de Weimar. Por esa misma época ingresó en el Partido Comunista de Alemania y llegó a trabajar bajo la dirección de Bertolt Brecht y Erwin Piscator. En 1933 llegó al poder Hitler (lo del cómo lo dejamos para mejor ocasión porque “casi” todo el mundo lo sabe) y, debido a su filiación comunista, fue expulsado del trabajo y condenado al ostracismo laboral y vital. En 1937 decidió someterse (vaya usted a saber por qué) y colaborar con el Régimen nazi, y, ¡milagro!, de nuevo fue ascendido llegando a ocupar cargos de dirección en algunos teatros nacionales. En 1945, tras la liberación de Berlín por las tropas soviéticas, fue acusado (lo de la delación en las posguerras merecería un blog monotemático) de colaboracionista y enviado a un campo de concentración. Allí, se nos dice, murió por inanición a los 52 años de edad.



En Metrópolis no sólo podemos apreciar la huella de esos muy característicos personajes que pintó Otto Dix,  el desdichado de Heinrich George aparte, sino que también resulta omnipresente la iconografía de la pintura y la obra gráfica del gran, permítanme que me incline,  George Grosz. Y no sólo en lo que se refiere a los personajes sino también al paisaje urbano –y el uso de la luz, de los encuadres, de los puntos de vista picados y contrapicados (¡Fue de Lang de quien tanto mamó el joven Orson Wells!) o de las sinuosas perspectivas- de la colosal ciudad, tanto en la agitada, deslumbrante y bulliciosa superficie como en el siniestro gueto subterráneo donde viven (ya me entienden los que puedan entenderme) y trabajan esclavizadas (pues eso, los mismos) las masas obreras. Esa fantástica ciudad (esas gigantescas maquetas en las que podemos valorar, desde hoy, su “alargada” influencia en obras modernas como, entre otras, Blade Runner)  que ha construido Lang en los estudios de la UFA está claramente influenciada por las obras de Grosz, de Lyonel Feininger, de Ludwig Meidner… y sabiamente mezcladas con atrevidas estilizaciones góticas o futuristas  o pastiches de los recursos arquitectónicos y decorativos del movimiento Art Déco.



El guión de Metrópolis parece ser que lo escribieron a pachas Lang y señora (la foto que pueden ver aquí arriba con la parejita en plena faena me parece impagable), una aristócrata prusiana llamada Thea von Harbou, autora de la novela-fuente en la que está basado. En el guión podemos encontrar de todo un poco, es una mezcla un poco confusa de ingredientes religiosos, utopistas, nihilistas y seudo marxistas tirando a nacionalsocialistas… y, perdonen el agobio, quizás alguna cosa más. Lang declaró que su aportación fue sobre todo en el plano visual y técnico (yo le creo) y, de hecho, más tarde renegó de las lecturas nacionalsocialistas que se hacían sobre todo del crucial personaje del “mediador” (el hijo bueno del tirano malo), el cual resulta ser en última instancia “la solución” (postulada por una tal María tan angelical como asquerosamente cargante) pacífica y consensuada (respetando el statu quo, todo es negociable) al conflicto de clases ¿existente? entre los de arriba y los de abajo. O sea, entre el Capital y el Trabajo y el consabido Reparto. 






Thea von Harbou fue la segunda esposa de Lang desde 1922 hasta 1933, fecha en la que esta aristócrata se unió entusiasmada al partido nazi. Lang en cuanto pudo (acababa de recibir la oferta de dirigir la UFA de parte del mismísimo Goebbels) se escapó cagandoleches a USA, con paradita, y peliculita, en París. Thea murió en 1954 debido a un lamentable resbalón y, supongo, un mal aterrizaje a la salida de un cine donde precisamente la habían homenajeado. Ya sabe todo el mundo que a finales de los cuarenta ya no quedaba un solo nazi en la RFA. En el resto del mundo mogollón pero, en sitios como USA, eran tratados como demócratas de toda la vida… y anticomunistas de toda confianza.



Fritz Lang me parece un puto genio del cine, “el arte de nuestro siglo”, decía él; un arte al que había matado la industria, dijo también. Como todo el mundo, conocía sus películas, no digo todas, del periodo americano: Furia, La mujer del cuadro, Perversidad, Sólo se vive una vez, Los sobornados… todas extraordinarias. Pero lo que me tiene últimamente atrapado y admirado y entusiasmado es el cine que filmó en Alemania durante los años veinte: Toda la serie del Dr. Mabuse, M, el vampiro de Düsseldorf (una absoluta obra maestra) o Metrópolis…
Para mí el cine es vicio, declaró. Para mí su cine, sus historias y, sobre todo, su manera de contarlas, también.

ELOTRO



***