Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

sábado, 13 de diciembre de 2014

“…siempre como si fuera la primera vez”





“…siempre como si fuera la primera vez”

“La era moderna de la cuantificación empieza con el álgebra y las series infinitas. El resultado de todo ello es que uno ya no cuenta lo que tiene, sino lo que no tiene. Todo se convierte en pérdida”
(John Berger)


Por cierto, una vez lo vi todo, ¿sabéis? Una vez vi cómo se lo hacían. Pude sentirlo como un fuego abrasador que me recorría y helaba las entrañas… ya me entendéis. La situación, en aquel momento y a partir de ahí, se volvió casi incontrolable para mí. Tuve que dejar de mirar –y husmear- a causa del “asunto” y de lo que el “asunto” le hacía a mis tripas… como creo haber dicho ya unas cuantas veces aunque no sé si por aquí. En fin, lo repito: el esófago, el tubo alimenticio, se me obstruyó, y, uy,uy,uy… me dio un mareo. Mirad, no os puedo contar todos los detalles. No, no es que no quiera. Simplemente no puedo. Fundamentalmente porque durante muchos años yo –mi menda dorosa, el nota- le hice lo mismo. ¿Os lo he contado ya? Contarlo, créanme, tampoco resulta ninguna panacea. Y no lo hago por cuestión “de estilo”, es por necesidad, por pura necesidad. Aunque contra según qué manchones, tengo más que comprobado que no hay limpieza lo bastante profunda. El lamparón resiste y sigue cantando a los cuatro vientos, ¿o acaso creíais que era posible quitárselo del todo? Ni de coña. Dicho así ex profeso para que se entienda. Pero aún así no se entiende. Por eso ando siempre medio rabioso. Ya he dicho que lo vi todo, y hasta entonces no me di cuenta de cómo mi vida había estado atada a todas esas sucias sospechas, conjeturas o aprensiones. Porque la comezón, ya os lo digo, era algo feroz. Dejad que os diga algo: el después es mucho, muchísimo peor. Sólo buscas, a la desesperada y sin ningún escrúpulo, dónde agarrarte. Lo entendéis, ¿verdad?

¡Qué coño va  a entender nadie! Nadie escarmienta en mollera ni tripa ajena. Nadie se marea ni se obstruye por ti. Nadie se arrasca la propia llaga. No basta con conocer los motivos del “asunto”, y ni siquiera indagar en ellos, en todo caso siguen siendo y doliendo como ajenos. Siempre lo toman, sin duda piensan que hay algún truco, como la “jeremiada light” de un listillo, y  eso no quema los ojos del lector o revienta el tímpano de ningún oyente. Y ya te puedes sentar a esperar la intervención directa de alguna “providencia” más o menos divina. No hay tu tía, te han expropiado de lo tuyo. De lo que, estúpidamente, creías tuyo. Digo de lo que sostienes y te sostiene, de lo que te importa y a lo que importas, de lo que compartes y te comparte; nada que ver con derechos de propiedad ni mierdas de esas. Creo que me estoy atascando en una voz absolutamente falta de agallas. Más me vale volver a mirar, regalarme ese lujo, el mundo y, dentro de él, mi “asunto”. Luego sacar nuevas conclusiones. O, mira tú, al menos no tan concluyentes ni idílicas. Los “asuntos”, tarde o temprano y todos, palidecen y declinan. Sí, ya sabemos que ejercen una poderosa magia sobre uno, pero, en tu mano, que por otro lado tampoco desconoce rachas delatoras de buena conducta, sólo está estar alerta: a las manzanas y a las mordidas. Hay que procurar escapar a los hábitos –aunque ya vamos aprendiendo que lo más lejos posible nunca es lo bastante lejos-  y trasegar algo que infunda ánimos. Y aún así, nanay, nunca podrás renegociar los términos ni modificar las reglas del “asunto”, esa legislación, definitivamente, no es de este mundo. Y, por cierto, el “asunto” no es resultado, sino punto de partida.

P.S. El “asunto”, su forma, puede ser sustituido a capricho por el lector que así lo desee. Total, tanto da.


“La fuerza de la sexualidad será para siempre algo inacabado, incompleto. O, mejor dicho, finaliza, pero solo para volver a empezar; siempre como si fuera la primera vez.”
(John Berger)



ELOTRO (and Lish)


***

No hay comentarios:

Publicar un comentario