Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

viernes, 19 de diciembre de 2014

…o algo por el estilo.




“Está escrito sin ninguna convicción porque algo ha de hacer uno si no quiere morir de aburrimiento”

(Samuel Beckett)


¿Conviene aderezar con luminosos sueños las oscuras reflexiones?

¿Sumar o restar lo que se siente a lo que se sabe?

En busca de la estatua perdida. (Hombre peana).

Aprender a matar la emoción en las originarias tripas del pensamiento, ¿y deshacerse de su peso?

¿Vacilar entre distintas ausencias que igualmente hieren?

Se lo llevó todo, no dejó nada, ni siquiera su irreparable olor nauseabundo.

Pensar, en vano, lo impensable. O pensamientos venidos a menos. En cualquier caso procurar mancharse las ideas lo menos posible.

Aires perniciosos que impiden, además, oír el zumbido de las moscas. Sólo el silencio escuchaba… lo que no deja de ser insignificante.

Cuando la docilidad no es un sacrificio, ¿ingredientes descabalados? En cualquier caso, espero no haber dado insuficientes pruebas de ingratitud a todos ellos.

Pensamientos “parcelados” que se “regulan” a sí mismos, entre tópicos de novela. Como en un enamoramiento salvaje: “¡Sooo, vete p’allá!” (El caso es que la vi venir, pero no me pude apartar y me llevó por delante.)

Ante el rostro desnudo, untuoso, persuasivo y lisonjero, candorosamente bajamos la guardia, nos desarmamos, nos ofrecemos cándidamente indefensos…, ¿existe pues máscara más pulida, acabada, retorcida, maliciosa y eficaz?

Desdóblate y contémplate. Abandona tu afonía contigo mismo. Cuando ni siquiera la soledad ayuda, hablar o farfullar, esa es la…

Como masticar aire con las muelas cariadas… ¿demasiado mayores para semejantes niñerías?... digamos simplemente que es difícil de explicar.

Mujeres de escasa fiabilidad, a las que no molestaba -más bien dejaban ver gestos cordiales y receptivos-  que les palmearan sus grupas -ese lugar donde “todo”, “absolutamente todo”, acaba por confluir-  aquellos burócratas ganapanes que, habitualmente y no hay noticias de recaídas,  se comportaban como si fueran vestidos con pieles y tocados con cuernos (¿afeitados?, en fin, hay misterios que nunca conseguimos desvelar). Ya digo, mujeres perfectas… perfectamente desechables. Lo acostumbrado en estos casos.

En la “Sala de espera interminable”, nuestras raras costumbres, de cosecha propia o adquiridas, acaban por consolidarse. Por eso, cuando hablo, callo de cierta persona en particular.


ELOTRO

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“La idea de echar raíces como un organismo porífero en un determinado lugar es espantosa, vivir en una especie de mucosa de conformidad.”

(Samuel Beckett)


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